EL RINCÓN DE LA TROPA Nueva sección

HOUSTON Y LA NASA, LA CIUDAD DEL ETERNO PROBLEMA

Hemos escuchado muchas veces que Houston tiene un problema, ¿pero cuál es? ¿Qué sucede en esa ciudad?

 

Cuando pensamos en Texas nos viene a la cabeza un paisaje árido con algún que otro cactus y un correcaminos entrando en escena alentado por el viento, y que si te despistas puede que algún vaquero te vuele el sombrero gracias a su revólver. Pero como viajar te permite erguir o destruir mitos, en este caso hemos optado por lo segundo, ya que ha sido una tierra que varias naciones han querido hacer suya.

El interés por este territorio no es nuevo, y es que los españoles fueron los europeos que llegaron primero a investigar estos territorios, allá por 1528. Sin embargo, la falta de recursos poblacionales hicieron que poca presencia española tuviera durante los siglos XVII y XVIII. Más tarde, el comerciante Stephen Austin y el general Sam Houston consiguieron que este estado pasara de manos mexicanas a estadounidenses, a parte de dar su apellidos a dos de las ciudades más importantes del estado. Al parecer, este cambio de poderes se debió a que Houston, en plena guerra de independencia texana, tendió una emboscada al ejército mexicano comandado por el general Santa Anna a plena hora de la siesta, pillándoles a todos durmiendo y consiguiendo una fácil victoria. De esta forma, podemos afirmar que Texas comenzó con un sueño.

Pero no una pesadilla ni mucho menos. Texas tiene una vegetación y una flora bastante alejada de un entorno desértico, con zonas húmedas bastante conocidas a nivel nacional. Sus ciudades más importantes (Dallas, Texas, San Antonio y Houston) son pioneras y punteras en sanidad e investigación, por lo que supone una mina de recursos turísticos y económicos para Estados Unidos. Es un sueño tan dorado que se mete en gran parte del inventario de los más pequeños, porque ellos no lo saben, pero todos los que quieren ser astronautas, de hacer su sueño realidad, es muy probable que tengan que venir aquí.

Concretamente en Houston, la NASA tiene las instalaciones para las misiones espaciales tripuladas, y como venderse y hacer grandiosa cualquier actividad es algo que vuelve loco a todo americano, es un museo visitable que puede ser de los más originales que puedas visitar en tu vida. Como se puede apreciar en el vídeo, en el museo puedes ver los trajes espaciales de las misiones, ver ejemplos de comida típica espacial, conocer los proyectos más interesantes que se tienen pensado implementar en un futuro próximo y no tan próximo, etc. Todo esto por supuesto con las mejores interacciones que hacen disfrutar a pequeños y a grandes.

Una vez que tenemos la introducción bien aprendida, toca salir del museo y tomar un tren turístico que nos permita ir por todas las instalaciones de la NASA. ¿Puede ser que se pueda ir andando perfectamente y que el recorrido se haga en tren para caminar menos? Rotundamente no. Cuando decimos que los americanos lo hacen todo a lo grande, en la NASA han ido un paso más allá y han construido una ciudad entera para su carrera espacial con todo lo que una ciudad pueda necesitar: colegio, iglesia, médico, dentista… Hasta pastos con ganado bovino, el cual por cierto es el que va al espacio en forma de proteína cárnica.

Durante este paseo el trenecito va a tener dos paradas, cada cual más espectacular: en primer lugar, nos detenemos en el centro de pruebas sin gravedad de la NASA. Desde una cristalera situada en un lugar alto podemos ver el trabajo que hacen todos los ingenieros para conseguir que los humanos puedan ir y volver vivos del medio extraterrestre. En uno de las esquinas, tenemos el privilegio de ver a un aprendiz de astronauta haciendo sus prácticas en gravedad 0. Para ello, dispone de una máquina a la que es atado de piernas y brazos y le elimina toda la fuerza de gravedad que pueda sentir. Con esas circunstancias debe ser capaz de coger una pelota en el suelo. Resulta muy curioso lo difícil que puede resultar algo en apariencia tan sencillo, porque nos fuimos y todavía seguía intentando coger la pelotita. Igual le pudo el miedo escénico, pero va a ir al espacio y ha pasado unos exámenes en los que muy pocos resultan válidos, así que optamos por la primera opción.

Finalmente, llegamos a la nave de exposición del Saturno V, uno de los cohetes desechables de múltiples fases usado en los programas Apolo de la NASA, llegando a ser el más grande de la familia Saturno y especializado en transportar naves Apolo con astronautas. Fue el cohete más usado entre el 67 y el 73, y dado que no podían retornar a la tierra, el que está presente en sus instalaciones nunca levantó el vuelo, lo cual es una excelente noticia, ya que de lo contrario solo tendríamos fotografías, las cuales no harían justicia al gigante que es. Su complejo funcionamiento se puede resumir a lo siguiente: cuando en un módulo la propulsión se agota, este se desprende y entra en acción el siguiente, y así sucesivamente, de forma que la propulsión es continua hasta llegar al objetivo. Este en concreto tiene sus partes claramente separadas para que las podamos apreciar y sentir admiración por lo que se hizo hace décadas, lo cual si ahora es sorprendente hacerlo, años antes con una tecnología floreciente es una historia que roza la épica.

Finalmente, durante el viaje de vuelta visitamos (aunque solo por el exterior), el Centro de Control de Misiones, al cual llegó la famosa frase Houston, tenemos un problema, formulada en la misión del Apolo 13 debido a luces de alerta que aparecieron en la nave indicando la pérdida de dos de las tres fuentes generadoras de energía. En realidad la frase original fue formulada en presente perfecto y en inglés (OK Houston, we’ve had a problema here), pero se ha hecho simplificado con el presente. Eso sí, Houston parece una buena ciudad para resolver los problemas, ya que lograron solucionar el error en la nave y los tripulantes volvieron sanos y salvos.

 

La visita al centro espacial puede durar todo el día, pero si queremos ir por la mañana la tarde se nos puede quedar para disfrutar de lo poco que tiene Houston. La sensación que da desde la periferia es de una urbe de proporciones desorbitadas al nivel de la costa este de Estados Unidos. Sin embargo, en esta ciudad se notan dos cosas diferentes al norte del país. En primer lugar, el estilo de vida radicalmente individualista en el que basa su forma de vida la ciudad tejana. A no ser que vivas en el centro, sin coche estás literalmente relegado a la tercera división de habitantes. En las afueras, resulta increíble ver manzanas y manzanas de chalés con un césped bien cuidado y sus coches listos para ser encendidos aunque sea para ir a la vuelta de la esquina. Esta monotonía es rota por cadenas de supermercados o establecimientos de comida rápida, todos ellos con un gran parking, ya que ir andando no entra en los planes de nadie. En segundo lugar, se nota un ambiente más ochentero y anclado al pasado que el norte. Si bien la tecnología está altamente desarrollada, la estructura de la ciudad (adoquines, semáforos, edificios, etc.) se ha quedado un poco atrás. No obstante, esto es lo que, paradójicamente, hace interesante y recomendable esta ciudad, aunque se trate de un paseo rápido.

En definitiva, Texas es uno de los estados de América del Norte que tiene una historia ciertamente limitada pero que, por encima de todo, desprende esa sensación de que la historia más dorada la tiene aún por escribirse, y serán las futuras generaciones de niños perseverantes que logren ingresar en la NASA los que puedan dictarla. Por el momento les dejamos trabajar. Y soñar.

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