EL RINCÓN DE LA TROPA Nueva sección

OBRAS FARAÓNICAS SIN FINAL FELIZ: LA VÍA VERDE DEL MAIGMÓ

Otro proyecto ferroviario que no vio la luz al final del túnel

 

Como ya recordaréis, en el siglo pasado se puso en marcha la costosa obra de unir en tren Alcoy con el Puerto de Alicante y tras un derroche de medios, infraestructuras y dinero y a falta de tender las vías, el proyecto quedó en el olvido. Las sucesivas obras de acondicionamiento por parte de las administraciones públicas hacen posible disfrutar este itinerario en tres Vías Verdes: Ibi y Alcoy (ya visitadas en el primer capítulo) y la del Maigmó, la cual nos disponemos a recorrer hoy.

En esta ocasión arrancamos nuestro recorrido en la estación abandonada de Agost. A pesar de que en la página web de Vías Verdes se indica que te puedes bajar en dicha parada previa solicitud al interventor, se trata de información obsoleta y la estación está en completo abandono y decadencia, aunque los trenes siguen circulando y cubriendo la ruta por ancho ibérico entre Alicante y Madrid. La Tropa coincidió en que este tipo de estaciones ancladas al pasado tienen algo mágico que te atrapa y te hace viajar en el tiempo, de ahí que fuera otro momento para hacer los diez segundos.

Con los estiramientos necesarios damos comienzo a la ruta: esta vez nos enfrentamos a 22 kilómetros de subida constante y con tan solo la localidad de Agost en el kilómetro 5 como único atisbo de civilización. Como suele ocurrir cada vez que hacemos alguna escapada a la naturaleza, cuanto más se sufre más bonito y agradecido es el paisaje con el aventurero. Nos gusta pensar que es una metáfora de la vida: subir las montañas del día a día puede ser algo duro y desmotivador, pero cuando estás arriba y ves las vistas, todo lo que has hecho… Esa sensación es única. Pues por muy exagerado que resulte, eso es justo lo que vais a sentir en este recorrido: pedalada a pedalada, paso a paso, el paisaje se va cerrando, los túneles y viaductos van apareciendo y poco a poco te sientes atrapado en este paisaje.

De esta forma, los primeros 12 kilómetros transcurren sin mayor belleza que el municipio anteriormente citado al fondo, montañas en la lontananza, vegetación de clima desértico a cada paso y algún que otro campo de cultivo. Pero justo a partir de ese punto, el esfuerzo nos empieza a premiar con túneles y más túneles. Los primeros serán asequibles y se verá la luz al

 final del túnel, como es el caso del primero con escasos 160 metros. Justo a la salida, nos toparemos con el viaducto más fascinante de la ruta: el Pont del Vidre, con sus 175 metros, es sin duda uno de los landmarks del recorrido.

Un par de kilómetros después nos toparemos con una carretera que ha aprovechado las trincheras de la vía para abrirse paso por la montaña, por lo que tendremos que compartir recorrido con algo de tráfico rodado durante un kilómetro. No obstante, esta es la vía de acceso perfecta para los que deseen arrancar este recorrido a pie, ya que es una carretera que sale de Agost y que tiene aparcamiento para dejar tu vehículo y empezar tu ruta, uniéndote en la mejor parte del recorrido.

A partir de aquí avanzaremos entre montañas imponentes por un sinuoso recorrido repleto de túneles y viaductos. En cuanto a los primeros, nos encontraremos dos de ellos (el cuarto y el quinto) que serán literalmente la boca del lobo, por lo que es totalmente imprescindible llevar linterna. Como los túneles suelen ser un añadido para los más pequeños, es una ruta llena de niños que se lo pasarán en grande por los túneles, por lo que recomendamos a ciclistas bajarse de la bici y extremas las precauciones.

Finalmente, después de 6 túneles y dos viaductos, llegaremos al final de la ruta, justo al borde de la A-7. En ese punto, también nos encontraremos con un aparcamiento y un acceso rápido a la ruta, por si la queremos hacer en orden inverso o que alguien nos venga a buscar. Esperemos que algún día este punto de la ruta, que hoy es final, sea un lugar intermedio para poder proseguir, llegar a Castalla y finalmente enlazar con las Vías Verdes de Ibi y Alcoy, convirtiendo el recorrido en un atractivo para ciclistas más profesionales. Hasta que ese momento llegue, habrá que volver sobre nuestros pasos.

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