EL RINCÓN DE LA TROPA Nueva sección

RASCACIELOS, BULLICIO, GRANDEZA Y MISERIA: ASÍ ES NUEVA YORK

La ciudad del constante dejà vu no deja a nadie indiferente

 

¡Mira desde aquí se colgó King Kong! ¡Ala el edificio que salía en Friends!. Y así calle tras calle. Probablemente el séptimo arte no haya dejado calle, recoveco o esquina sin filmar en esta ciudad, y por eso Nueva York te puede resultar un plató de televisión en sí mismo. Se puede decir que es como si estuvieras en un set de 45 películas al mismo tiempo y estés exclamando expresiones de sorpresa a casa paso. Si a eso le sumas la tortícolis al proponerte mirar la parte más alta de cada uno de los edificios, podemos estar ante el resumen perfecto de lo que puede ser visitar Nueva York.

Si bien hace un mes recomendábamos Boston para un fin de semana, para esta ciudad es totalmente insuficiente. La Tropa, por falta de tiempo, se vio obligada a estar solo un día, pero esperemos que os deje con las ganas de venir algún día. Si puedes pensar que el precio te limita mucho las opciones, estás muy equivocado, porque resulta incluso más económico que Boston. A diferencia de dicha urbe, a Nueva York puedes venir en varias aerolíneas desde Madrid sin escalas. Dicha competencia hace que las aerolíneas intenten ofrecer un precio muy competitivo, por lo que no sería de extrañar conseguir un vuelo a poco más de 200€ en temporada baja y con antelación. En cuanto al alojamiento, si queremos ser humildes lo más responsable sería ir a algún distrito que no sea Manhattan y con una parada de metro cerca.

Nuestro día comienza, como no, gastando dinero. Un sonido agudo que hace el torno de una estación de Queens indica que la tarjeta ha sido leída satisfactoriamente y que podemos iniciar nuestro viaje. Eso y un café del Dunkin Donuts a modo de desayuno suponen los primeros 4 dólares del día. El subway, con su clásica construcción metálica en superficie, nos enseña cómo los edificios de la Gran Manzana se tiñen de naranja mientras atravesamos el Hudson. Poco después, con una presteza admirable, nos encontramos en el extremo sur de la isla, donde comenzamos la visita.

Al salir nos encontramos con un panorama muy distinto al de España. Allí todo es XXL: la gente y sus atuendos, los coches, los edificios… digamos que los americanos han sido concebidos con el lema si lo haces, hazlo bien. Y quizá por eso los edificios superan las 100 plantas, hay todoterrenos innecesarios por la ciudad y crean expectación por cada cosa mínimamente importante. Savoir faire dicen los franceses, que consiste en creerte el mejor y una vez interiorizado te sientes con la fuerza y energía suficiente de hacerle creer al mundo exactamente lo mismo. Es por ello que la ciudad puede estar muy mimada por los turistas y considerada el Olimpo de las ciudades, el sueño de todo turista; pero por otra parte, si sabemos quitarnos las lentes de la grandeza y miramos con nuestros propios ojos, vemos mendicidad a raudales, suciedad, un estrés sin precedentes… Y es que Nueva York vive por encima de sus posibilidades, algo que no podría hacer sin la industria del cine.

Sea como fuere, es innegable que esta ciudad impresiona y no deja a nadie indiferente. O la amas o la odias, pero todo visitante tiene una opinión respecto a Nueva York. El primer olor que te llega desde la bahía del Hudson son los aires de libertad que emanan desde dos islas aledañas: Liberty Island, con la Estatua de la Libertad como protagonista indiscutible; y Ellis Island, el JFK de la época, donde los barcos llenos de soñadores procedentes de todas partes del mundo atracaban para hacer los trámites migratorios pertinentes.

Poco después nos sumergimos por los edificios. Como se puede comprobar, los rascacielos no pueden ocupar toda la isla y se hacinan en la parte sur. Esto se debe a que la roca de Manhattan está a ras de suelo en la parte media y norte de la ciudad, por lo que no es posible introducir los cimientos a la profundidad suficiente para construir edificios de grandes dimensiones, lo cual es casi mejor porque si no sería ya demasiado.

Las primeras calles suponen mucho contraste, ya que son calles que no están hechas para rascacielos. Los primeros colonos fueron holandeses y establecieron sus asentamientos en la parte de la isla en la que nos encontramos ahora, con un esquema de calles estrecho y ligeramente desordenado, tal y como dictaban los estándares de la época. Con la llegada del progreso y del desarrollo de las técnicas de arquitectura, los edificios fueron ganando altura pero respetaron las calles, generando un contraste entre calles con una anchura que bien podrían ser las de tu pueblo y unos edificios que no has visto en tu vida.

Desafortunadamente, este bosque de edificios tiene un claro en el que en su momento estuvieron plantados dos árboles gemelos, los cuales fueron talados del paisaje de Nueva York un 11 de septiembre de 2001. Dicho evento, el cual pasó solo en una parte concreta del mundo, tuvo consecuencias para todos nosotros y generó un trauma colectivo en los neoyorkinos, el cual permanecerá imborrable en la ciudad gracias al memorial que ocupa lo que en su momento fue la base de ambos edificios. Como bien se ve en el vídeo, se trata de dos cascadas con los nombres de todos los caídos ese día.

Habiendo rendido homenaje en dicho lugar, seguimos nuestro recorrido perdiéndonos por las calles, si es que es posible perderse en una isla. El rumbo (y los mapas) nos llevan a Chinatown, un lugar en el que bien te puedes olvidar de dónde estás y haberte cambiado de continente: letreros en chino; comida china que comen chinos (importante esto último, si no no es de calidad), productos del país asiático a raudales… Puede ser Pekín perfectamente, y dado que ir allí es más caro, a nosotros nos vale por ahora. Es cierto que es muy pronto aún para la hora de la comida, pero podría tratarse de un sitio preferente para comer. Si no, se puede hacer en el barrio colindante: Little Italy.

Nuestra segunda parte del día se centra en una zona un poco más tranquila y fuera de la zona financiera. Buscar un lugar relativamente poco conocido en la archiconocida Nueva York es casi imposible, pero nosotros recomendamos un agradable paseo por el high line de Chelsea, un antiguo trazado ferroviario adaptado al tránsito a pie. Se puede tratar de un lugar tranquilo y agradable para descansar de todo del bullicio de la mañana. 

Más tarde, con las luces de la tarde, vamos al parque al que le sobran las presentaciones. Los americanos se comen poco la cabeza para nombrar cosas, y es que en inglés todo suena mejor, porque los sitios más relevantes de esta ciudad son la Plaza del Tiempo (Times Square), Camino Ancho (Broadway) y el Parque Central (Central Park). Este último es el equivalente al Retiro o al Hyde Park, pero con un toque Beatle en Strawberry Fields, un lugar fascinante para terminar el día con broche de oro.

Entre árboles este reportaje llega a su fin porque el tiempo no daba para más, pero te aseguramos que quedan tantas cosas que en vez de un artículo periodístico podría ser un libro. Ojalá que puedas completar este texto inacabado de esta gran ciudad tú mismo con tu visita.

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