Jorge Cremades Opinión

Artículo de opinión de Jorge Cremades: «Los extremos se tocan»

"Entretanto Rusia intensifica el ataque contra ciudades ucranianas mediante bombardeos con misiles, destruyendo un bloque de apartamentos en la estratégica ciudad de Odesa y matando al menos a ocho personas"

Que gobernar en democracia no es nada fácil, ya lo sabemos; quienes apuestan por el autoritarismo lo tienen mucho más fácil: ordeno y mando….y, si no, garrote.

Por eso en las democracias occidentales de corte liberal, el sistema menos malo de todos los conocidos, los partidos que apuestan por la democracia, la moderación, la libertad y la dignidad humana deben ser muy cuidadosos a la hora de hacer propuestas que, en caso de ser incumplidas cuando gobiernan, generan frustración y desafección al sistema, favoreciendo así a los partidos radicales, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha (los extremos se tocan) que viven del populismo demagógico aprovechando el malestar de la ciudadanía para proponer soluciones fáciles inexistentes a problemas difíciles y conseguir así apoyos electorales cuando en su horizonte ideológico está como bandera el autoritarismo con ribetes totalitarios (los extremos se tocan) a través de discursos diferentes pero con el mismo objetivo de finiquitar el sistema democrático establecido.

Por eso nada mejor para la democracia y contra estos extremismos malsanos que los partidos genuinamente democráticos y moderados entiendan que su esencial papel en el sistema debe ser solucionar los problemas de los ciudadanos desde el realismo con trasparencia y eficacia…..no en vano la política se define como el arte de hacer posible lo viable dentro de un contexto nacional e internacional con el objetivo de mejorar la situación de los ciudadanos que, como es lógico, siempre aspiran a mejorarla.

Ello requiere combinar equitativamente el «realismo» con la «utopía», pues anclarse sólo en el realismo, como a veces hacen los partidos moderados, conduce a mantener una situación social y económica manifiestamente mejorable con la excusa de la inviabilidad….. y, por otro lado, anclarse sólo en la «utopía», como sucede siempre con los partidos populistas radicales, sean de izquierdas o de derechas (los extremos se tocan), conduce a instalarse en la inviabilidad permanente mientras se está en la oposición para después, en caso de gobernar, generar una frustración social generalizada que sirva de caldo de cultivo para imponer las reformas pertinentes incluso por la fuerza, si fuera necesario, con el objetivo de finiquitar el sistema democrático liberal (el menos malo de los conocidos hasta hoy) para sustituirlo por el sistema autoritario que inspira su ideología totalitaria y su modelo de convivencia.

Ejemplos históricos de ello, tanto desde la extrema derecha como desde la extrema izquierda, los hay para dar y vender. Por eso la gran responsabilidad de los partidos genuinamente democráticos moderados, sean de derecha, de izquierda o de centro, es y debe ser, ya estén en el gobierno o la oposición, ponerse de acuerdo, a la hora de resolver los grandes problemas de la ciudadanía explicando, eso sí, a los ciudadanos las razones y limitaciones que el «realismo» les impone e impide avanzar más hacia esa deseable «utopía» que venden los partidos populistas, pues para conseguirla desde la libertad y la democracia no caben atajos ni soluciones mágicas, que no existen y nos conduce a una situación bastante peor de la que, a veces, cuesta luego mucho tiempo salir.

Por ello el reciente resultado de las presidenciales francesas debiera servirnos de ejemplo, pues el hundimiento de socialistas y republicanos, los partidos históricos hegemónicos durante más de cuarenta años en la política francesa, provocan un ascenso preocupante e indeseable de los radicalismos populistas de derechas, como el representado por Marine le Pen (afín al Vox español), que disputa en las presidenciales la segunda vuelta al centrista Macron, o de izquierdas, como el representado por el insumiso Melenchon (afín al Podemos español), que se sitúa entre la izquierda y la extrema izquierda y que, tras quedar fuera de la segunda vuelta se debate, entre votar a Macron a regañadientes para evitar que la extrema derecha de Le Pen se haga con la Presidencia en Francia o la abstención. Y eso que Francia, a diferencia de España, tiene el filtro de la segunda vuelta para facilitar la gobernabilidad, obligando al final a los ciudadanos a dejarse de tonterías y apostar por una de las dos opciones mayoritarias.

Gracias a ello Macron consigue imponerse a Le Pen en esta Francia fracturada consiguiendo el 58´3% de los votos frente al 41´7% de Le Pen, quien, no obstante, logra los mejores resultados de su historia en unos comicios con la mayor abstención desde 1969, el 28%, a pesar del «cordón sanitario» impuesto por los partidos democráticos a la opción extremista como algunos en España pretenden hacer con Vox. Un preocupante resultado que, no obstante, hace que Europa respire con cierto alivio, mientras Macron reconoce que «la cólera que ha llevado a votar por Le Pen debe encontrar una respuesta» y «es mi responsabilidad». Y no le falta razón a Macrón, pues el mejor cordón sanitario a los extremismos, sean de izquierdas o de derechas, no es descalificarlos de forma genérica gratuitamente, sino la búsqueda de soluciones a los problemas al margen de ellos, lo que requiere el consenso de los partidos moderados genuinamente democráticos, ya estén en el gobierno o en la oposición.

En España, donde no existen los filtros favorecedores de una mejor gobernabilidad (ya sea la segunda vuelta o el plus de diputados al partido más votado), no estamos mucho mejor que en Francia, instalándose el PSOE en el mantra del «cordón sanitario» a Vox mientras gobierna con Podemos, cuando la solución debiera pasar por el consenso entre PSOE y PP, que en conjunto forman la gran mayoría en el Parlamento, al menos de momento, para evitar que ninguno de los dos, si quiere gobernar, tenga que verse sometido al chantaje de los partidos extremistas. Así acaba de suceder, lamentablemente, en Castilla y León, y así sucederá, lamentablemente en Andalucía, donde según las encuestas, el PP se verá obligado a formar mayoría con Vox si quiere gobernar.

En efecto, según SigmaDos, Moreno ve cómo la pujanza de Vox dificulta que gobierne solo, pues el hundimiento de Ciudadanos acerca la llave de la gobernabilidad a la extrema derecha, que no sólo crece a costa de Ciudadanos sino también comiendo terreno al PP, mientras el candidato socialista, Juan Espadas, no logra remontar los resultados de Susana Díaz en 2018 a pesar de haber renovado el 70% de las listas, pues el resultado electoral sería PP el 33´1% de votos y 44 diputados, PSOE 25´7% y 33, Vox 17´6% y 20, UPodemos 9´4% y 8-9, Ciudadanos 4´7% y 2, AL 3´2% y 0-1, y AA 3´1% y 0-1. Resultados que no andan alejados del de otros sondeos, como el de NCReport, apuntando que el PP roza la mayoría absoluta y podría gobernar con Vox en Andalucía, pues, mientras Moreno confirma que las elecciones serán antes del verano, el sondeo apunta que el PP obtendría el 33´3% de votos y 45-47 escaños, PSOE 25´1% y 31-33, Vox 16´2% y 17-18, UPodemos 8´9% y 9-10, AA 5´1% y 2-3, y Ciudadanos 4´9% y 1-3. No es descabellado que, de cara a unas futuras elecciones generales, se puedan repetir dichos pronósticos, haciendo imprescindibles para la gobernabilidad del Estado a la extrema derecha de Vox, como ahora lo es la extrema izquierda de UPodemos.

Así las cosas, Feijóo saca las pensiones del debate de la inflación e insta por carta a Sánchez a «trabajar juntos» por los españoles, con una propuesta para rebajar el coste de la inflación que «no incluye ni incluirá» ninguna medida que afecte a las pensiones ni que suponga recorte del gasto social en los pilares básicos del Estado del Bienestar, considerando que las pensiones son un tema que no debe sacarse del Pacto de Toledo ni someterse a confrontación política.

En efecto, Feijóo aparca las leyes más ideológicas de Casado y prima las propuestas económicas ofreciendo a Sánchez un «plan de país» sin las siglas PP, remitiéndole medio centenar de propuestas y retándole a pactar ya que «ningún otro asunto es más urgente», en el que, entre otras cosas, le pide bajar impuestos, alargar las nucleares y eliminar uno de cada tres ministerios del macrogobierno minoritario de Sánchez compuesto por el Presidente, tres Vicepresidentas, y diecinueve ministerios, algunos de cuyos titulares no conocen ni en su casa. ¿Estará Sánchez dispuesto a recoger el guante de Feijóo? De entrada el PSOE se parte en dos ante la mano tendida del nuevo líder popular ofreciendo pactos, pues algunos ministros y dirigentes territoriales están dispuestos a abrir el debate de revisar las actuales alianzas que no hacen más que dar quebraderos de cabeza.

El último de los quebraderos de cabeza, uno más, lo viene protagonizando el caso del presunto espionaje a líderes secesionistas, el conocido como «caso Pegasus». El PP supedita su apoyo en el caso a un veto a Bildu en el Congreso, mientras los socios y sostenedores del Gobierno cercan a Sánchez en bloque y le exigen que aclare las escuchas y que depure responsabilidades, entre ellos ERC que amenaza la aprobación del decreto económico de la guerra, mientras Bolaños se reúne con el Govern ofreciéndole tres vías para investigar el supuesto espionaje: una investigación interna en el CNI, otra independiente por el Defensor del Pueblo y la de la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso. Pero Bolaños no logra calmar a la Generalitat, a quien no le viene nada mal utilizar este asunto para reavivar el mortecino asunto del secesionismo totalitario, últimamente bastante apagado, inyectándole grandes dosis de victimismo.

De momento, la Generalitat de Catalunya ve las propuestas insuficientes y exige dimisiones, a pesar de prometerles facilitar la investigación desclasificando información, por lo que no asegura apoyo parlamentario «a quienes nos espía», es decir, al Gobierno de Sánchez. Aragonés añade que «las explicaciones del Gobierno sobre el espionaje deben llegar en días», cuando se sabe que Puigdemont ordenó difundir ahora el informe Pegasus, que conoce desde hace más de un año, destapando el espionaje para ocultar su relación con Putin e influir en su horizonte judicial cercano, mientras el entorno soberanista lo utiliza para amenazar al Gobierno de Sánchez con dejarlo caer. No es la primera vez, ni será la última de las amenazas, aunque, tranquilos, bien saben los secesionistas, al igual que Podemos, que se suma al aquelarre, que rompiendo la baraja se les acaba el chollo a todos… Sánchez también lo sabe.

Por lo que respecta a otros asuntos cabe citar que los cachorros de Bildu se rebelan contra Otegi, pues los grupos más radicales exigen «retomar viejas luchas» independentistas; que CCAA gobernadas por PP y PSOE piden cambios en la «Ley de Bienestar Animal» de Podemos; que Cristina Peri Rossi es galardonada con el Cervantes y Cecilia Roth lee su discurso antibelicista y feminista al estar ausente por enfermedad en el acto de entrega del premio por parte del Rey; que Corinna Larsen mandó investigar a catorce amigos de Juan Carlos; que los penaltis dan al Betis la Copa del Rey de Futbol frente al Valencia; que Anticorrupción investigará contratos y ayudas del Gobierno durante la pandemia tras la denuncia de Ayuso, para lo que abre siete diligencias que afectan, entre otros, a los fondos recibidos por la empresa donde trabaja el marido de la ministra Calviño y a los otorgados a una firma vinculada con los padres de Pedro Sánchez; y que Elías Bendodo, Coordinador General del PP, dice que «Ayuso tiene manos libres para formar su equipo», «que Vox es un partido tan democrático como otros» y «el supremacismo moral de la izquierda es un cuento», que «el PP siempre ha ganado desde la moderación» y que «vamos a hablar con el Gobierno de todo» aunque «esto no significa tragar con todo».

Mientras tanto prosigue la guerra de Ucrania a quien Europa ayudará a verificar crímenes de guerra, para lo que la Presidencia del Consejo pide a los países aportar forenses y medios, cuando en Mariúpol aparecen fosas comunes y su alcalde denuncia que los rusos han amontonado en ellas entre 3.000 y 9.000 cuerpos. Moscú, por su parte, pretende tomar todo el sur de Ucrania y llegar hasta Moldavia, según un mando militar de Putin, mientras Mariúpol, en ruinas, se convierte en el nuevo Stalingrado tras dos meses de asedio, en tanto que los ucranianos se atrincheran para defenderse hasta el final y Rusia se muestra dispuesta a un alto el fuego y establecer corredores si izan la bandera blanca de la rendición.

Entretanto Rusia intensifica el ataque contra ciudades ucranianas mediante bombardeos con misiles, destruyendo un bloque de apartamentos en la estratégica ciudad de Odesa y matando al menos a ocho personas, entre ellas un bebé, mientras se adentra en una guerra larga tras los fracaso militares tras dos meses de la invasión, pues Putin rechaza la diplomacia y apuesta decididamente por conquistar el sureste de Ucrania.

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