EL RINCÓN DE LA TROPA Nueva sección

NUEVA ORLEANS: LA CIUDAD QUE VIVE A RITMO DE MÚSICA Y FIESTA

Atrévete a vivir el Carnaval sin saber exactamente dónde estás

Imagina un batido que está muy rico pero no sabes lo que tiene. Por su color o incluso su olor puedes llegar a intuir alguno de sus ingredientes pero sabes que se te escapan muchos otros sabores que eres incapaz de distinguir. Lo pruebas, lo saboreas hasta el final e intentas clasificarlos en dulce, amargo, ácido o salado. Pero no puedes.

Pues justo eso es Nueva Orleans. La vista te engaña, ya que en algunos tramos ves casas coloniales que parecen  un decorado de Lo que el viento se llevó pero después aprecias unos tranvías más propios del siglo pasado y finalmente rascacielos o edificios modernistas más contemporáneos. El olfato te confunde también. Por un lado, el dulce olor a sal del vanagloriado río Mississippi; por otro, los clásicos Poboys. Y del oído ni hablamos, ya que lo utilizas mucho pero son tantos los estilos musicales que se oyen que no sabes ni en qué país estás.

Y es que Nueva Orleans, se podría decir, parece de todo menos Estados Unidos. Se trata de una tierra convertida en única a base del tiempo y culturas. De los asentamientos originales poco queda, pero los europeos, con españoles y franceses a la cabeza, fueron erigiendo una ciudad poco a poco, como si de un proyecto conjunto se tratara: primero los españoles avistaron el territorio; posteriormente los franceses trazaron sus calles, sus barrios y su catedral y finalmente los americanos la poblaron y se dispersaron por una ciudad que poco se parecía a las regiones más frías y anglosajonas de las que venían. La influencia de la cuantiosa población caribeña y negra, descendiente de antiguos esclavos, dotan a Nueva Orleans de la guinda del pastel que necesita para tener absolutamente de todo. Este folclore resulta un motivo de orgullo para los habitantes de Luisiana, y es que ellos, a diferencia de gran parte de la población estadounidense, son bien conocedores de su historia, y no con el objetivo de no cometer errores del pasado, sino de sonreír y de mirar atrás recordando toda su experiencia en este juego de sobrevivir adaptándose.

   Para ello, rinden homenaje a cada uno de sus antiguos pobladores de la manera más interesante. Los franceses tienen un barrio y conservan en él la estructura de lo que sería un ejemplo típico de ciudad colonial francesa: el French Quartier es un conjunto de céntricas manzanas con casas decoradas de vivos colores, soportales de madera y amplias terrazas para poder ver lo que se terciaba a pie de calle. De la planta baja, casi todo son locales donde puedes escuchar desde música latina o country hasta jazz. Es un barrio donde los problemas parecen simplemente no existir.

La época española se honra de una manera más ornamental. En primer lugar, en un acto asombroso de recuerdo, cada calle de la ciudad tiene puesto el nombre que ostentó durante dominación española. De esta forma, las calles se llaman indistintamente Fruit Street o Calle Real. Además, también cuentan desde principios de siglo con la Spanish Plaza, un enclave en el mismo puerto donde se ven alrededor de una fuente todas las provincias de España actuales con sus respectivos escudos plasmados sobre cerámica de Talavera. Se trata de unos de los atractivos favoritos de los turistas que se acercan hasta esta ciudad.

Merece un apartado especial la Place d’Armes, Plaza de Armas u, oficialmente, Jackson Square. Consta del cabildo y la catedral española, la ornamentación y diseño francés de la plaza y el monumento al general Jackson a caballo, el mismo que frenó en esa misma ciudad el intento de secesión de los estados sureños del resto de Estados Unidos. Según cuentan, hizo erigir la estatua para que nadie se olvidara de la unión entre americanos nunca más, algo que por ahora cumplen a rajatabla. Si además está bañada por el río favorito de Oliver Twist, se crea un cóctel que le ha permitido entrar en el top 5 de los espacios públicos más hermosos del país.

¿Cuándo se puede visitar? Seguramente cualquier momento sea perfecto, pero sin lugar a duda el que marcará un antes y un después en tus viajes por el mundo es Mardi Grass. De tradición transpirenaica, se trata de una semana festiva que culmina con el Mardi Grass o Martes Gordo, el día anterior al miércoles de ceniza. En ese momento, numerosos desfiles surcan todas las calles de la ciudad con innumerables carrozas. Desde ellas, te lanzan los objetos más variopintos: flores, vasos, barajas de cartas, collares, juguetes, bolsos, etc., de sus bares emana música y de su gente felicidad, buenas palabras, derroche y diversión. Es una semana donde los problemas no son importantes y todos son uno más en la fiesta. De hecho, durante el fin de semana se pueden acumular hasta 3 desfiles de manera consecutiva con 36 carrozas cada una, un puñado de hermandades y unos centenares de músicos.

En definitiva, Nueva Orleans se puede tratar de una ciudad que mucha gente conozca y que pocos quieran dedicarle ni siquiera un par de días en un tour que se diseñe por EEUU, porque cómo le va a hacer sombra a los rascacielos de las ciudades costeras del país. Lo que no saben es que la sombra no solo se hace con edificios altos. Pero para saber eso, hay que perderse por sus calles.

 

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