EL RINCÓN DE LA TROPA Nueva sección

EL GRAN CAÑÓN DEL COLORADO ALICANTINO: EL BARRANCO DE XIXONA

Siéntete en Arizona sin cruzar el charco

 

La paciencia es la madre de la ciencia. Y si no que se lo pregunten al agua, que mediante su paso año tras año durante mucho tiempo nos ha dejado joyas como esta en la provincia. Para este proceso de constancia ha contado con dos aliados muy famosos en esta parte de la costa mediterránea: por un lado la caliza, roca sedimentaria fácilmente moldeable por el paso del agua; y por otro las lluvias torrenciales, que dotan de más poder de erosión al líquido elemento. Gracias a esto los jijonenses pueden presumir, a parte de sus turrones, de tener un gran paisaje plagado de barrancos que puede resultar casi marciano.

Dicho paisaje se denomina kárstico, y para cualquier estudiante de geología o amante de la naturaleza es una visita obligada un fin de semana. Para ello, hemos preparado una visita por el Barranco más famoso: El Barranco Rojo de Xixona. Se trata de un accidente geográfico de escasa popularidad a pesar de que tiene todos los elementos a su favor: plan sencillo, realizable con los más pequeños de la casa, muy cercano a grandes urbes como Alicante y más económico que irse a Arizona a ver el cañón de los cañones. No obstante, es muy probable no estar solos, ya que poco a poco empieza a ser conocido.

Como punto de partida proponemos el aparcamiento de la carretera que va desde el Puerto de Tibi hasta Montengre. Para encontrarlo fácilmente, tan solo será necesario teclear en Google Maps Barranco Rojo de Xixona o Barranc de les Salines. Ya desde que descendemos en vehículo desde el puerto se pueden ir tomando fotografías, pero el paisaje va poco a poco subiendo de nivel. 

Desde el aparcamiento se deja entrever que la ruta no va a decepcionar, ya que se ve todo el cañón desde lo alto. Puede ser un buen punto para contemplarlo con calma, dado que el resto del viaje será por el interior. Los expertos dicen que para que una imagen se te quede grabada en la cabeza tienes que estar al menos 10 segundos apreciándola. Los miembros de la Tropa lo hacemos concienzudamente cada vez que se presta la ocasión, y funciona. Esta vez era una de esas que el cuerpo te impulsa a quedarte quieto en silencio admirando el lugar.

La bajada puede ser algo escarpada con momentos de dificultad técnica. De hecho, hay trazadas de moto y de bicicleta, las cuales rozan la temeridad más que la valentía. Una vez en la parte baja del cañón, podremos pasear tranquilamente por él. A veces podemos encontrar algo de agua, pero a no ser que haya llovido recientemente las botas de agua se pueden quedar en casa.

A pesar de que no hay ninguna clase de indicación es imposible perderse, ya que el Cañón va delimitando tu recorrido entre vegetación y rocas de gran altura. A medida que nos adentramos más en el Cañón, el terreno se vuelve más rojizo si cabe y por momentos puedes sentirte en Marte pero con gravedad y oxígeno, ambas muy necesarias para disfrutar del recorrido.

xixona

En un momento determinado la vegetación se hace dueña del lugar y apenas hay un sendero que nos permite avanzar. De pronto, nos encontramos frente a una construcción humana tan grande como inesperada: una presa de contención. Dicha presa está pensada para frenar el agua embravecida de la gota fría y no arrasar poblaciones, lo cual se convierte en un obstáculo en nuestra ruta. Para evitarlo tenemos dos opciones: trepar por un lateral con la ayuda de una cadena y unas barras de acero moldeado que nos hacen de escaleras para luego descender de la misma forma, o meternos por uno de los tubos de la construcción. Nosotros probamos las dos maneras y aunque cuando estéis allí igual os da algo de respeto, lo mejor es meterse por el tubo porque los escalones no siguen una línea ascendente perfecta y la separación entre ellos es aleatoria. Si bien subir puede hacer más o menos bien la bajada se puede complicar.

Justo después el paisaje se abre y habremos llegado a nuestro punto de inflexión de la ruta. Aquí los más valientes pueden continuar caminando por el barranco hasta Xixona durante dos horas y media, o bien pueden emprender el camino de retorno al lugar del aparcamiento. Nosotros nos guardamos la valentía para otro capítulo y optamos por la segunda, pero para no volver por el mismo sitio decidimos salir del barranco. Para ello, justo en ese desvío nos encontramos con una señalización donde pone Montegre, acompañada de una senda a la derecha. Este es lógicamente el tramo más difícil, esta vez no por su dificultad técnica sino física al tener que salir del cañón. Media hora después llegaremos a Montnegre, una pequeña pedanía dependiente de la ciudad del turrón que poco nos puede ofrecer. Tomaremos la carretera a la derecha y en pendiente ligeramente positiva llegaremos al mismo punto de partida, habiendo completado así algo más de cinco kilómetros.

Como precauciones, es importante volver a recordar que este barranco ha sido construido por la naturaleza con lluvias torrenciales, por lo que es importante evitar la ruta en meses de gota fría o si la previsión del tiempo no acompaña. Así que si este fin de semana llueve, lee la primera frase del artículo para saber qué hacer.

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