Opinión Sonia Gonzálvez

COLUMNA DE OPINÓN de Sonia Gonzálvez: «Un año después»

Nuestros mayores no solo han padecido el ataque del virus más directo sino que su situación de soledad se ha hecho enorme porque a ciertas edades, el contacto con los hijos y los besos de los nietos, lo suponen todo

Hace un año que somos presos, pese a no haber cometido un delito, y todos —cada uno en su franja de edad y realidad— estamos afectados.  365 días son muchos días de privación de libertad y cambios como para que no nos pase factura y algo debemos de estar haciendo muy mal para que pasado todo este tiempo sigamos igual. Este año ha generado pobreza, miseria, dolor, ausencias, miedo, frustración, pérdidas y —en el mejor de los casos— la espera, la nada, un día perpetuo de la marmota en la que añorar hasta aquello de lo que nos quejábamos y noches de desvelo, ansiedad y taquicardia.

Estamos cansados porque no podemos poner una fecha para el final de esta pesadilla y tampoco sabemos —espero que sí, como sucedió en otros momentos históricos en situaciones similares— cuándo podremos retomar lo que conocíamos como nuestra vida, nuestra realidad. No nos queda ni el consuelo de saber que en esta difícil situación contamos con el apoyo y el buen hacer de nuestros dirigentes porque el lamentable espectáculo que a diario nos ofrecen nuestros políticos hace que se desaten las peores ideas en nuestra mente. No me gusta la política, siempre me ha parecido que se hace lo contrario de lo que se debería y que aquello de servir al pueblo es una excusa para apalancarse en el sillón del privilegio y del poder que tan adictivo es. No es algo nuevo, la diferencia es el contexto, porque lo que en otras circunstancias podría tener pase, en tiempo de pandemia, miseria y crisis resulta indignante e inaceptable. Eso de que la “unión hace la fuerza” parece que no lo tienen claro quienes deben gestionar esta difícil situación sanitaria, económica  y social. Es de una falta de respeto a los ciudadanos de tal calibre por parte de algunos grupos políticos el estar mirando su ombligo y pensando únicamente en su beneficio en estos momentos que me obliga a escribir de algo que nunca es mi tema: el electoralismo puro que evidencia una situación de sectarismo y falta de cohesión que resulta inmoral en la situación en la que nos encontramos los españoles… ¡un año después!

Nuestros mayores no solo han padecido el ataque del virus más directo sino que su situación de soledad se ha hecho enorme porque a ciertas edades, el contacto con los hijos y los besos de los nietos, lo suponen todo

A estas alturas los niños se han acostumbrado a casi todo renunciando a lo que para ellos son sus alicientes, como las celebraciones de cumpleaños —ya sea la propia o la de algún compañero de clase— o la cabalgata de reyes. Conozco a niños que con apenas 5 años ya han soportado dos cuarentenas y varias PCR.

Los adolescentes han tenido que renunciar a su despertar social —ya comprobaremos en unos años la huella que eso deja en la personalidad— y padecer una organización académica que evidencia más que nunca las diferencias entre la enseñanza pública, concertada o privada en lo que ya va para dos años escolares perdidos —también, en unos años, veremos las consecuencias.

Nuestros mayores no solo han padecido el ataque del virus más directo sino que su situación de soledad se ha hecho enorme porque a ciertas edades, el contacto con los hijos y los besos de los nietos, lo suponen todo.

El resto, jóvenes y adultos con padres y niños,  nos hemos movido entre el miedo, la crisis, el desastre económico y la falta de oportunidades, nadando en aguas incoherentes —la mayoría intentando hacerlo bien—, luchando con la irresponsabilidad, asumiendo perdidas y, en el mejor de los casos, la nada y la espera.

Y, ante este panorama económico y social, ¿qué hacen nuestros dirigentes? Montar un circo sin importarles las consecuencias de sus acciones que paralizan las ayudas y la posibilidad de mejorar de cientos de ciudadanos. ¡Qué vergüenza! ¿En serio?

El próximo lunes 15 despertaremos con nuevas medidas. Por lo que he leído no puedo ir a visitar a mi madre o a mi hermana a su casa pero sí podemos irnos —si somos cuatro— a una terraza porque los encuentros en domicilios están limitados al mismo núcleo de convivencia —la redacción de esta frase no es mía, está copiada de la actualización de medidas hasta el 12 de abril—. Los españoles estamos perimetrados de diversas maneras —hasta 17 diferentes— pero los extranjeros sí pueden moverse libremente por España —y el resto también si todos los controles son como los que hay en las estaciones de tren, es decir, ninguno.

No voy a negar que para controlar el virus hay que vigilar la movilidad y que cuando se limita la posibilidad de contacto las cifras mejoran pero es indiscutible que este virus no solo mata si te contagias, tiene otras formas: la miseria, la tristeza, el miedo, la pobreza y la incertidumbre también lo hacen. Como actividad esencial cada uno entiende la suya porque tenemos la manía de querer vivir de nuestro trabajo y de poder trabajar para poder dar a los nuestros una vida digna.

Mientras los españoles necesitamos cada vez más de ayudas para poder pagar una vivienda o comer nuestros dirigentes están jugando a “no sé qué de quítate tú para ponerme yo” porque ellos nunca pierden. Me da igual el color de la bandera del que tenga una buena idea y trabaje por solucionar o mejorar la tremenda crisis sanitaria, económica y social que nos está destruyendo. La prioridad debería ser controlar todos los aspectos de la pandemia y trabajar unidos para paliar las consecuencias y ya después hacemos política de patio de colegio y seguimos discutiendo otros temas.

Un año después…

Sonia Gonzálvez

1 comentario

  1. No puedo estar más de acuerdo contigo,esto es lo q pensamos la mayoría, por no decir todos los españoles,.
    En estos y en todos los momentos del año desastroso q llevamos, lo mínimo q pedimos es la ayuda de «nuestros» políticos, que para eso los votamos, y no que estén continuamente poniéndose en evidencia y dejándonos ver todas sus malas artes para continuar en el sillón, es lo único q les importa.
    No volveré a votar a ninguno de los q están ahora mismo, no merecen mi confianza.

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