Opinión Pedro Nuño de la Rosa

COLUMNA DE OPINIÓN de Pedro Nuño de la Rosa: «Comunidad Valenciana versus Madrid capital»

El madrileño, desde allá por el siglo XIX se pusiera de moda la medicina higienista, toma los baños por estos lares, mismamente que millones de guiris, colmándonos de marcha vacacional y de segundas viviendas

Madrid es el mono de feria que se lleva todos los testerazos de la periferia, pero también la dueña de la caseta de tiro al blanco. Quid pro quo, entra en el sueldo político-funcionarial. Y no le preocupan las acometidas valencianas porque siempre (creen) van estar dentro del guión consensuado para que no lleguen la tinta, la imagen y la voz gangrenadas al río revuelto de la independencia que va a parar al mar de los sargazos en cansino ritornelo; como escribiera Gerardo Diego: «siempre la misma canción, pero con distinta agua».

Sin embargo, el que no montemos show del hijo pródigo, queramos poner embajadas fantasmagóricas, o tener unos Xiquets/as d’Escuadra molt rebonics, incluso un nuevo Papa Luna, tampoco quiere decir que no estemos muy cabreados, la ruptura sentimental es la peor de las distancias, con un Madrid endogámico, porque:

¿Qué fue del Corredor Mediterráneo enlazando Andalucía Este, Murcia, parte de Aragón y Cataluña con Europa? Discursos rimbombantes y hueros, planos 3 D por doquier con maquetas anexas, juró y perjuró cada gobierno al sustituir al anterior, pero y al final Almería tiene que hacer concurso de habilidad y paciencia automovilística para llegar a su lindante Murcia; de Murcia a Alicante, 80 km de vía decimonónica en hora y media, atravesando por Elche, es decir para comunicar, con contaminante ferrocarril de gasoil, a más de 1 millón de personas; otro tanto sucede con la provincia de Alicante unida a la de Valencia por un trenecillo de vía estrecha, durando más el trayecto desde la capital a Denia que a Madrid. Y desde Valencia a Cataluña es trasbordo de posguerra para quienes vienen del Sur «también existe», y tartana comparado con los AVE del resto del país.

El madrileño, desde allá por el siglo XIX se pusiera de moda la medicina higienista, toma los baños por estos lares, mismamente que millones de guiris, colmándonos de marcha vacacional y de segundas viviendas

Vergüenza da, agua va. Todavía pendientes los trasvases entre cuencas hacia la que podría ser, por clima y planicies, la huerta de Europa. El único que funciona aportando PIB a nuestras arcas nacionales, gracias a su exportación a los mercados europeos, es el trasvase Tajo-Segura puesto en marcha por el ínclito y denostado dictador «Generalísimo», quien alguna idea buena tuvo que tener, reconvirtiendo eriales en extensiones hortofrutícolas. Pero hasta en eso andan a la greña y gresca nuestros políticos. Unos intentando cortarlo, con explosivos si es menester, detonados en Castilla-La Mancha; otros, Ximo Puig y la trinca, intentando quedarse con todas las ganancias, pero sin compensar presupuestariamente la procedencia del agua; aunque, y para más oprobiosa autocensura: los mismísimos valencianos provincianos no les suministran socorro regante a los alicantinos del Vinalopó que recorre todos los valles del centro de la demarcación alicantina, cuando tantas promesas hubo de socialistas y populares anunciando a bombo y platillo traspasar las aguas sobrantes del Júcar al tantas veces sediento por seco riachuelo, hiperbolizado como río Vinalopó para darse el tono de lo que no será hasta que el ahora rebautizado Xúquer, o quienes lo controlan (tan agricultores son valencianos como alicantinos) tengan a bien calmar la sed de las yermas y desaprovechadas tierras de Villena, Sax, Elda-Petrel, canalizaciones hacia la Vega Baja para alternarse con el otro trasvase, y el Camp d’Elx hasta los páramos sin cultivar que alcanzan al municipio de Alicante.

El madrileño, desde allá por el siglo XIX se pusiera de moda la medicina higienista, toma los baños por estos lares, mismamente que millones de guiris, colmándonos de marcha vacacional y de segundas viviendas. Pero cuando llegan los fríos, se olvidan de nuestras infraestructuras como de un loco amor veraniego. Es entonces cuando nosotros aporreamos las puertas del Congreso (de todos) y se nos contesta con un desdeñoso y prepotente «victimistas ¿de qué os quejáis con lo bien que se vive en el Levante feliz? Ya te atenderé si es que puedo, ahora estoy con lo de Puigdemont, el ‘maravellós seny’ independentista y encargándome un disfraz feminista para el año que viene».

Y es que entre una capital del Reino que nos desconoce salvo para recaudar, y unos Països Catalans, entronizados en Barcelona, que quieren colonizarnos (a las Baleares ya las tienen sujetas y sumisas), para ver cumplido su delirio antiespañol, aquí el valenciano en orfandad nacionalista vuelve a su habitual menfotismo (pasar de todo). Lo malo para Madrid será si, cualquier día de estos, le llevamos una traca, somos especialistas, que, prendida y la mecha descontrolada, a buen (o mal) seguro sonará más que la de vascos y catalanes. Cuidado con la caseta porque esta vez no será feria. Guárdate de la ira de los mansos.

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