Opinión

COLUMNA DE OPINIÓN de Eduardo Ruiz Navarro: «Veto a la democracia»

Los partidos políticos no “progresistas” salen en apoyo de quienes les han colocado el collar.  Prefieren seguir viviendo con cadenas antes que aventurarse a vivir la libertad

Cuando hablamos de partidos supuestamente democráticos,  millones de españoles piensan exclusivamente en los autodenominados como “progresistas”; esto es: socialistas, comunistas y demás izquierdistas. Es más, no pocos de los españoles que se identifican con este tipo de formaciones políticas están convencidos de que la democracia -toda democracia- nace directamente de sus entrañas.

Lógicamente, partiendo de estas premisas, todas las formaciones políticas no “progresistas”  se encuentran manchadas con el “pecado original” de no cumplir con los estándares homologados y, en consecuencia, en función de cómo se vayan comportando y de las ideas que digan defender, serán etiquetadas como “sospechosas” o como “fascistas”, recibiendo el tratamiento correspondiente.  Todo ello, cómo no, con la complicidad de los medios de comunicación afines.

Los partidos políticos no “progresistas” salen en apoyo de quienes les han colocado el collar.  Prefieren seguir viviendo con cadenas antes que aventurarse a vivir la libertad

Bajo esta concepción patrimonialista de la democracia que tienen las formaciones políticas que -curiosamente- dicen no creer en la propiedad privada, ha venido sobreviviendo nuestro sistema político, con unos cada vez más aupados en la peana de la supremacía moral y con otros cada vez más sometidos y llenos de complejos. Y entonces, en este contexto, aparece VOX.

Como en el cuento del Rey desnudo de Hans Christian Andersen, el nuevo partido político coloca a los autodenominados “progresistas” frente al espejo para que vean lo que realmente son: partidos que defienden ideologías que han llenado de sangre, muerte y destrucción la historia y también el presente de muchos países del mundo, incluido España. Les muestra que las ideas de las que están haciendo bandera actualmente (ideología de género, transhumanismo, feminazismo, misandria, cultura de la muerte, econazismo, globalismo…) conducen a la miseria, a la división y al enfrentamiento social porque son incompatibles con la dignidad y la naturaleza humana.  ¿Y cuáles son las consecuencias de esta osadía?. Veámoslas:

La primera es que los partidos políticos no “progresistas” -es decir, los que viven permanentemente bajo supervisión moral- salen en apoyo de quienes les han colocado el collar.  Prefieren seguir viviendo con cadenas antes que aventurarse a vivir la libertad. Para ejemplo, la defensa cerrada que hacen el Partido Popular y Ciudadanos de la ideología de género, la agenda 2030, el globalismo, el feminazismo y la misandria. Ello, a pesar de que es sabido que todas estas ideologías conforman el manual del nuevo marxismo.

Y la segunda es que los partidos “progresistas”, mientras pactan tranquilamente con otros que nunca han condenado el terrorismo de ETA porque hace pocos años formaban parte de esa estructura asesina y también con partidos que siguen en el golpe de estado contra España, llaman, desde el odio, a montar un cordón sanitario contra VOX.

Este cordón sanitario implica que el Partido que representa ahora mismo a casi cuatro millones de españoles y que es ya la tercera fuerza política nacional, se quede fuera de todos los órganos de gobierno, tanto de los Ejecutivos que se constituyen gracias a su apoyo, como de los distintos Parlamentos en los que VOX ha obtenido representación. Y no sólo eso, además, se utilizan artimañas para limitar el tiempo y número de intervenciones de sus legítimos representantes e incluso no se apoya ni firma ninguna iniciativa que parta desde cualquier grupo parlamentario o diputado de VOX, por muy acertada que sea.

Este escenario es inédito en nuestra democracia. Para encontrar alguna estrategia lejanamente similar, nos tenemos que retrotraer a los tiempos en los que Herri Batasuna -el brazo político de la banda terrorista ETA, cuando ésta aún se dedicaba a torturar y matar a adultos y a niños- contaba con dos o tres diputados nacionales.

Los afiliados, simpatizantes y votantes de VOX tienen derecho a no ser discriminados por razón de su forma de pensar. Y cualquier veto a los representantes de un grupo social es una forma de discriminación hacia sus integrantes

Así, Salvador Illa, ex Ministro de Sanidad y responsable de la peor gestión que ningún Gobierno del mundo ha realizado de la pandemia del COVID-19, tras el resultado de las elecciones autonómicas catalanas del 14 de febrero, ha puesto en marcha, no una estrategia para combatir a los partidos golpistas, no una estrategia para combatir a partidos filoestalinistas, no. Ha puesto en marcha una estrategia para aislar a la cuarta fuerza política del parlamento catalán: VOX. Para Illa, lo adecuado desde el punto de vista democrático es  coordinar el voto entre todos los grupos de tal manera que se evite la elección de un diputado de VOX como miembro de la Mesa del Parlamento o de las Comisiones o  instar a todos los partidos a no firmar ninguna iniciativa conjuntamente con el grupo (VOX) ni con alguno de sus diputados o incluso piden evitar en la medida de lo posible dirigirse a un diputado de VOX en concreto para no ampliar el tiempo de intervención del que disponen, gracias a un turno por alusiones

Y lo del Parlamento autonómico catalán no es un caso aislado: en agosto pasado, la Mesa del Parlamento Vasco –con los votos de PNV, EH Bildu, PSE y Elkarrekin Podemos-IU– decidió modificar el reglamento para reducir los tiempos de intervención de la representante de VOX,  acortar su capacidad de presentar iniciativas y recortar el número de asesores que podría contratar con dinero público, algo que hasta entonces nadie había propuesto aplicar a otros diputados y que, por tanto,  fue una maniobra ad hoc para mermar los derechos de la parlamentaria Amaia Martínez.

Tampoco podemos pasar por alto los escenarios que se presentaron en las elecciones autonómicas de Andalucía, Murcia y Madrid de 2019. Tras ellas, para conformar los actuales Ejecutivos, fue necesario el apoyo de tres partidos políticos: Partido Popular, Ciudadanos y VOX. Sin embargo, en los tres casos, desde el primer momento, quedó claro que los dos primeros partidos no querían a VOX integrado en el equipo. Querían su apoyo, sus votos y la fuerza de sus votantes, pero no a quienes legítimamente les representaban. Y actuaron en consecuencia.

Llegados a este punto, quizá convenga recordar, para aquellos supuestos en que pudiera ser de aplicación, que el apartado 1.  a) del artículo 510 del Código Penal dispone que serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses:

Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología (…).

Es evidente que los afiliados, simpatizantes y votantes de VOX, como grupo social identificado con una ideología, tienen derecho a no ser discriminados por razón de su forma de pensar. Y cualquier veto a los representantes de un grupo social es una forma de discriminación hacia sus integrantes.

En definitiva, las fuerzas políticas socialistas, golpistas y comunistas, en ocasiones con el silencio e incluso la complicidad de las que no lo son, aplican a VOX -partido político legal, legítimo, democrático y respetuoso con el orden constitucional- un veto político y social que ni siquiera se aplicó en otro tiempo a fuerzas terroristas.  Al margen de que toda discriminación por razón ideológica no debería quedar sin respuesta del Estado de Derecho,  desde un punto de vista de los valores democráticos deberíamos preguntarnos ¿es esto aceptable?. En palabras del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez Pérez -Castejón “los vetos no son aceptables en democracia” (Palacio de la Moncloa, 26/02/21). No hay más preguntas, señoría.

  • Eduardo Ruiz Navarro
  • Diputado nacional de Vox

1 comentario

  1. Estimado Sr. Diputado. Ni una palabra más ni una coma menos .
    Solo , en mi opinión, puntualizar que los partidos ya no se dividen entre progre y conservadores. Su división es entre » globalistas» y » patriotas» . Viendo así la estructura política se entiende que todos apoyen todas las medidas o pidan que los acepten . El único partido PATRIOTA es VOX .

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