Opinión Pedro Nuño de la Rosa

COLUMNA DE OPINIÓN de Pedro Nuño de la Rosa: «Iglesias, el exterminador»

A Pablo Iglesias que tanto le gustaba citar en sus clases a ese gran marxista, admirador de nuestro austero y existencial Miguel de Unamuno, como fue Antonio Gramsci, bien le vendrían recordar una famosísima frase del italiano donde se le podía incluir aplicándose en cuento del terror: "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos"

Hasta los niños saben ese no por más tópico, menos cierto principio democrático escrito por Evelyn Beatrice simulando un diálogo del ilustrado Voltaire: «estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo». Y yo opino que, no sé si tanto como la vida, pero, eso sí y cuando menos, el alma a Mefistófeles, si algún día, el Todopoderoso y el sentido común no lo quieran, en este país pudiera llegar a gobernar Pablo Iglesias.

Porque precisamente, este repartidor de credenciales democráticas, solo cree en las que él propiamente afirma y firma de su puño cerrado y letra con mayúsculas de la FAI y minúsculas del PCUS estalinista, cuando se sienta en su trono de superioridad intelectual (quizás complejo edípico contra un padre dinamitero) para hablar ex cátedra sobre la teología constitucional interpretando el viejo chiste de: «Estábamos Yo y Dios…», y a la pregunta del sorprendido interpelante sobre el burrito delante para que no se espante: «querrás decir Dios y tú», responde desde su ufana incredulidad: ¿ah, es que yo no estaba?»

 

Talmente este viejo muchacho representa el ego más hedonista que hayan conocido las Españas en el siglo XX y lo que llevamos del XXI. Sus contradicciones son hipérboles de la paradoja política: ayer anatema contra los socialistas, y hoy metiéndose en su cama como el amante de Lady Chatterley; antes modesto obrero intelectual de izquierdas como Trotsky, Mao o Walter Benjamin, viviendo modestamente en un pisito de penurias y preparaciones revolucionarias, en este caso en Vallecas, y ahora en la mejor dacha de Galapagar, en la que se incluyen escoltas, chofer y servicio doméstico; en otro tiempo portaestandarte de escraches contra la puta burguesía, y desde que reside en el casoplón victimista plañidero cuando se le plantan cuatro cachondos deslenguados frente a la tapia de su mansión vigilada 24 horas por la benemérita (institución que en otra época tanto criticara), y le gritan sus contradicciones de sepulcro blanqueado con los billetes que acoquina su enemigo de clase.

A Pablo Iglesias que tanto le gustaba citar en sus clases a Antonio Gramsci, bien le vendrían recordar una famosísima frase del italiano donde se le podía incluir aplicándose en cuento del terror: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos»

Las últimas y antológicas meteduras de pata o pierna, según se mire, hasta el corvejón de pontificar sobre la democracia imperfecta, según él mismo, hundiéndose por sus chulos bemoles de no rectificar ni con el agua de las encuestas al cuello, son la prueba de un eurocomunismo tan pasado y utópico como el del príncipe Enrico Berlinguer, a quien dice admirar, confundiendo la Italia de posguerra y corruptelas, con la España de la Transición, antes de que llegara él, tremendo predicador, a traernos la buena nueva podemita, aunque tan vieja como cualquier absolutismo de todo para el pueblo, pero sin el pueblo..

A Pablo Iglesias que tanto le gustaba citar en sus clases a ese gran marxista, admirador de nuestro austero y existencial Miguel de Unamuno, como fue Antonio Gramsci, bien le vendrían recordar una famosísima frase del italiano donde se le podía incluir aplicándose en cuento del terror: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos».

Ciertamente, y más desde que el mundo ha sido atacado por la covid, hay una etapa de la historia que concluye capítulo, como lo cerró con la peste negra del XIV, por las distintas gripes asiáticas para dar lugar a nuevas eras. Nada será igual que antes, tampoco para los profetas visionarios anunciando apocalípticos exterminios de cualquier ideología que no sea la suya, porque contra esos mosntruos falleros también empezamos a vacunarnos antes de que ardan solos.

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