COLUMNA DE OPINIÓN de Jorge Cremades: «¿Quién será el responsable?»

Mientras los contagios y muertes por coronavirus siguen creciendo en los diferentes territorios de España, al extremo de que ya hay quienes vaticinan un colapso sanitario si no se toman medidas más drásticas contra la propagación del virus, se tiene la sensación de que nuestros gobernantes, tanto a nivel nacional como autonómico, andan más preocupados de quitarse de encima las responsabilidades, que como gobernantes tienen, que de asumirlas con total crudeza al margen del coste político que les pueda acarrear si, acertadamente o no, decretan medidas impopulares, cuando nada hay más impopular que soportar el progresivo avance de los contagios y sus trágicas consecuencias. En efecto, sin que se entienda muy bien, el Gobierno de Sánchez niega a Asturias y Melilla un confinamiento en los domicilios, argumentando que no quiere «competiciones» porque no se trata de «quién toma la medida más dura», pero a la vez esquiva el mando único, del que disfrutó en la oleada de marzo durante cuatro meses, lo que deja en el aire cualquier solución, cuando el Principado denuncia que no puede esperar más y, con arreglo a lo que puede hacer, decreta el cierre de la hostelería «antes de que colapse el sistema», mientras otras autonomías, como Castilla-La Mancha, por seguir citando a las gobernadas por socialistas, exigen a Sánchez una «estrategia nacional» en vez de diecisiete. En definitiva, Illa rechaza el confinamiento domiciliario tras pedirlo Asturias sencillamente porque «no está previsto», cuando España registra el peor fin de semana de la segunda ola con 379 fallecidos por covid y más de 55.000 contagios…..y mientras las CCAA presionan para empezar ya los confinamientos el Gobierno pide esperar a ver la eficacia de las medidas adoptadas y, en todo caso, descarta un cierre total, aunque rectifica finalmente y ahora no descarta ya el confinamiento domiciliario, pero Sanidad se da quince días más para decidir al respecto. Lamentablemente el virus no entiende de estrategias ni de esperas para seguir matando. Es obvio que, al margen de la bonanza o no de un confinamiento domiciliario, lo que está en el aire es la pregunta de «¿Quién será el responsable?» de la gestión de la pandemia que, de momento, no ha de ser muy buena cuando ha dejado a España en déficit de médicos especialistas, en medio de un desierto legislativo que impide a las CCAA tomar las decisiones que consideren oportunas, cuando tienen transferidas las competencias de Sanidad, salvo que, incluso en pleno estado de alarma, el Gobierno central, que no quiere apechugar con la gestión de la pandemia como hizo en marzo, decida autorizar a los presidentes autonómicos para decretar en sus territorios los confinamientos domiciliarios. Al final queda todo en un «quiero y no puedo» en plena revuelta de las CCAA contra Sánchez, teniendo claro que, en definitiva, «será el responsable del colapso», mientras el PP se muestra partidario de apoyar en el Congreso un estado de alarma o modificar el actual para un confinamiento total en aquellos territorios en que científicamente se demuestre que se hace urgente y necesario aplicarlo para atajar la pandemia. Entretanto Sanidad de nuevo vuelve a cambiar por tercera vez el criterio para contabilizar a los muertos y añade 1.623 más, mientras se genera un malestar con Simón por hacer unas chistosas declaraciones sobre las enfermeras de inaceptable tono machista. Por su parte el Gobernador del Banco de España hace una enmienda a la totalidad de los Presupuestos, que están a punto de discutirse en el Congreso, desmontando el cuadro macro al no dar credibilidad ni a los ingresos ni a los gastos que plantean y criticando la subida generalizada a los funcionarios y animando a hacerlo sólo a los sanitarios. Y es que a esa pregunta de «quién será el responsable» de la gestión y las consecuencias de la pandemia, hay que añadirle además quién lo será también de la ruina económica y social en que estamos inmersos cuando todo apunta a que seremos el país de la UE que tardará más en recuperarse y el más damnificado. De momento, cabe añadir que ni hemos vencido al virus, tal como afirmó solemnemente Sánchez cuando decidió iniciar la desescalada, ni saldremos más fuertes de la pandemia ya que, a la vista está, somos bastante más débiles de lo que éramos.

La ministra Celaá, quiere sacar el español de las aulas en Cataluña, pues PSOE y ERC tachan la mención a dicho idioma como lengua del Estado convirtiéndola en una más de las que se hablan en España

Para colmo, Celaá y el nacionalismo pactan sacar el castellano (el español) de las aulas, dando más carta blanca al adoctrinamiento, mientras las asociaciones en defensa del español recurrirán al Constitucional si el Gobierno deja de considerarlo lengua vehicular. En efecto, la ministra Celaá, quiere sacar el español de las aulas en Cataluña, pues PSOE y ERC tachan la mención a dicho idioma como lengua del Estado convirtiéndola en una más de las que se hablan en España, por lo que PP y Ciudadanos llevarán la famosa «ley Celaá» ante el Constitucional, viendo algunos un peaje más que cobran los secesionistas catalanes a cambio del apoyo a los Presupuestos Generales del Estado. En todo caso es insólito que un Estado, un país, no defienda en todos los ámbitos su propia lengua, la que se habla en todo el territorio y por tanto le da el plus de «lengua oficial» en todo el territorio, al margen de que se defiendan otras en los ámbitos territoriales pertinentes y sean como ella tan oficiales en el mismo. España puede convertirse en el único país que, teniendo una lengua propia muy importante (la segunda a nivel internacional), sus gobernantes la relegan en buena parte de sus territorios en favor de otras de ámbitos más modestos cuando, en todo caso, no es incompatible la defensa de ambas. Pero, en fin, esta es la España que estamos diseñando de cara al futuro.

Respecto a otros asuntos cabe citar que la «ley trans» de Montero permitirá cambiar de sexo sólo con solicitarlo; que Villarejo desde prisión, donde lleva tres años, dice que «la opinión pública ya me ha condenado»; que la polémica juez Rosell se «cuela» en la candidatura del CGPJ representando la cuota de Podemos aunque podría decantarse por un tío del ministro Alberto Garzón; que Podemos y Vox piden citar al Congreso a Villarejo y a Rajoy en el «caso Kitchen»; que el límite de los alquileres golpeará más a los particulares, pues sólo el 15% del parque de viviendas arrendadas es de grandes tenedores; que la nueva fundación afín al PP, «Fundación Propósito», ficha a tres ex ministros populares y a la mano derecha de Albert Rivera, José Manuel Villegas; y que Fiscalía investiga a Juan Carlos I por usar tarjetas de crédito opacas a otro nombre, otra trama de blanqueo y delito fiscal con testaferros en épocas posteriores a su abdicación, sospechándose que un coronel del Ejército del Aire pagaba eventos familiares del Emérito para ocultar a Hacienda las donaciones de amigos.

Y del exterior destacar que un ataque terrorista en cadena provoca varios muertos y quince heridos en Viena al volarse el terrorista ante una sinagoga; y que Italia se suma a Francia y Alemania y endurecerá las restricciones frente al covid. Pero la noticia por antonomasia es sin duda la celebración de elecciones presidenciales en EEUU donde el demócrata Biden ha superado al republicano Trump aunque éste se niega a reconocer el resultado y habla sin fundamento de «fraude»; Biden acaricia la victoria cuando ya quedan pocos votos por escrutar y manifiesta que «nadie nos va a quitar nunca nuestra democracia», mientras Trump se dispone a impugnar una victoria de su contrincante y pide a la Justicia parar el escrutinio de Michigan y Pensilvania y recontar Wisconsin, amenazando con arrastrar el resultado hasta el Supremo, donde cuenta con mayoría republicana; en todo caso ya es cuestión de poco tiempo saber si Trump revalida su cargo o se lo arrebata Biden, quien, gracias a la altísima participación, ya es quien más votos ha cosechado en toda la historia.

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