COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «Jubilados asustados… y desorientados»

Los artículos que escribo en 12 digital y luego copio en mi Facebook  – me he convertido tras muchos esfuerzos en un anciano informatizado- tienen mucha más repercusión de la que nunca pude imaginar. Decenas y decenas de mensajes en Facebook y en WhatsApp, cada uno con su sugerencia, con su visión peculiar de la realidad y con una idea distinta de cómo hay que resolver esta situación. Vamos a recapitular.

Los jubilados ya estábamos, antes de la pandemia, en el punto de mira del gasto público. Acuérdense de las frases gloriosas de Lagarde – “viven mucho y no es económicamente sostenible”, o algo así-  de Linde – “tienen vivienda propia y eso es una renta que hay que computar”- o del propio Banco de España – “cada jubilado recibe una media de 1,74 euros por cada euro que aportó durante su vida laboral”. Leo, en un artículo del prestigioso Fernando Onega, que según el Instituto de Actuarios Españoles – ni idea de quienes son, pero sigo mi teoría de siempre “cuando leo un informe mi primera pregunta es quien lo ha pagado”- los pensionistas cobran un 51% más de lo que deberían. El resumen de todo es que somos una carga insoportable, un colectivo a batir y un peso muerto que hay que arrojar por la borda como tiran los barcos el lastre, para evitar el hundimiento. Ahora resulta que los que hemos subido y mantenido este país, hasta el estado del bienestar, durante los últimos cuarenta y cinco años, somos los culpables del naufragio. Magnífico y simplista análisis que a mí, personalmente, no va a conseguir acojonarme: he ido a siete u ocho entierros en los últimos dos meses – todos cáncer, ninguno virus-  y en el tiempo de propina que disfruto no me van a amargar. Hace unos días  me llamaron del banco y me dieron más jabón del que uso para ducharme en una semana: Es usted cliente vip, queremos proponerle un regalo por ello, un plan muy ventajoso y bla, bla, bla. ¿Quiere usted hacerme un regalo por ser tan buen cliente? Mándeme un jamón esta misma tarde y no me hable de planes a cinco ni a diez años, que no estoy para esos trotes. Tempus fugit.

Las  perlas de los sabios anteriores y otras que me callo porque es imposible coleccionarlas todas, tienen al “colectivo vulnerable” – me toca los cojones la expresión porque la vulnerabilidad persiste porque queremos-, asustado, acongojado, temiendo que la espada de Damocles descargue sobre nuestro pescuezo en cualquier momento, y preguntando por las esquinas, como en la Inquisición o en la Dictadura: ¿sabes algo? ¿has oído algo? ¿hay alguna noticia de buena tinta?

Déjalos que protesten, que luego nos votan otra vez

Me dicen, algunos jubilados que se creen organizados porque de vez en cuando acuden, silbato y pancarta en mano, a la puerta del ayuntamiento: ¡Oye! ¿No se te ocurrirá fundar un partido político?  Ya lo han intentado antes – acuérdate de fulano de tal, me dicen-  y ha terminado como el rosario de la aurora porque solo querían un sillón y un sueldazo lo mismo que todos. Nada de pelear por la estabilidad, la dignidad y el bienestar de los que tanto dieron a tantos por tan poco, parafraseemos a Winston Churchill cuando expresaba la deuda con los pilotos ingleses en la guerra contra los nazis.

Queridos abuelos de la plaza del ayuntamiento: Os escribo con todo el respeto pues me considero uno más de vosotros, aunque no vaya a manifestarme ante Barcala por las pensiones, dado que lo considero una inutilidad.

¿Pensáis que Sánchez, Iglesias, Casado, el ministro de Seguridad Social, los integrantes del pacto de Toledo o cualesquiera otros se inquietan por cuatro abuelos con pancarta y silbato ante el ayuntamiento del lugar que sea? Ved los miles de chistes que retratan esa realidad: déjalos que protesten, que luego nos votan otra vez.

He ahí el gravísimo problema. El Pacto de Toledo –órgano que estudia y toma decisiones sobre pensiones- anda reunido estos días bajo la presidencia de Magdalena Valerio – me gusta esta señora- pero sin la presencia de un solo representante de los pensionistas, que yo sepa. Otros deciden nuestra suerte sin nosotros.

Sabido es sobradamente que la gestión de esta enorme crisis, la pandemia del coronavirus, es de las peores del mundo porque somos uno de los países con más contagios, solo superados por Perú, Bélgica y el Reino Unido – según leo- y uno de los países con mayor caída del Producto Interior Bruto. Un desastre sanitario y económico, según los indicadores que vemos en todas las televisiones y radios, y leemos en toda la prensa, sea del signo que sea porque “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, como cantaba Serrat.

Iglesias no quería hablar con Ciudadanos. Hoy admite a Ciudadanos porque le va el sillón en ello y se cumple la máxima: la política hace extraños compañeros de cama. Sánchez habla con Casado por debajo de la mesa y cederá ante cualquier cosa que le pida con tal de tener sus votos. Vean, cómo andan y cuánto prometen a catalanes y vascos

Jamás he pensado fundar ni un partido político ni nada de nada. Hay que fundar el menor número de cosas posibles porque la idea del fundador se va desdibujando hasta que lo expulsan. Miren la historia desde la Iglesia católica y las mil y una guerras en defensa de “la verdad” que se han montado en los últimos dos mil años, hasta partidos de andar por casa que acaban divididos y con el fundador en la calle.

Nunca he pensado fundar nada, queridos abuelos, mi ambición y mi vanidad están más que cubiertas y sigo fielmente la doctrina de Epicuro: soy feliz porque nada necesito y, como sé que La Parca está acechando a la vuelta de la esquina ni siquiera ese pensamiento ante lo inevitable me inquieta, por no decir que me la trae floja.

No obstante, lo anterior y conociendo como conozco a todo el que se mete en política – de ninguno sé que lo haya hecho por una generosidad sin límites y un afán de servicio casi de cartujo o cisterciense- puedo afirmar que todo político, todo poder económico o de cualquier otro tipo, solo cede en su interés ante   una coacción suficiente – jurídica y legal, por favor, en el caso que nos ocupa- que inquiete de manera bastante su situación de poder, es decir, su sillón.

Mirad, queridos abuelos de la pancarta y el silbato – insisto en mi máximo respeto, aunque no forme parte de la orquesta de pitidos- la lucha soterrada que hay hoy mismo en la pelea por aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Iglesias no quería hablar con Ciudadanos. Hoy admite a Ciudadanos porque le va el sillón en ello y se cumple la máxima: la política hace extraños compañeros de cama. Sánchez habla con Casado por debajo de la mesa y cederá ante cualquier cosa que le pida con tal de tener sus votos. Vean, cómo andan y cuánto prometen a catalanes y vascos. Por sus votos en la aprobación de los Presupuestos y porque la aprobación de esos presupuestos le garantiza cuarenta meses de legislatura, es decir, de sillón y demás complementos.

Nueve millones de pensionistas, convenientemente organizados, con medidas estudiadas contra la corrupción particular, porque la permanencia en los sillones – al estilo de tantos que no han trabajado en su vida salvo con el culo calentando los asientos, los llamados culiparlantes- estaría vetada por las leyes de  la biología, nueve millones de pensionistas decidirían cualquier votación de cualquier tipo y harían de los demás un conjunto arrodillado y dispuesto a defender el derecho de quienes tantos años hemos dado el callo. No se arrodillarían por generosidad, concepto que en política no existe, sino por puro interés en mantener sus sillones y sus “status” de poder. Ya saben… los casoplones, las tarimas con los aplausos de fondo, las escoltas, los abrazos eléctricos, las caídas de ojos y los rendimientos de pleitesía. Todo eso que constituye la erótica del poder.

 

2 thoughts on “COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «Jubilados asustados… y desorientados»

  1. Fantástico Manolo. Eso tienes que encabezar el partido de los 69 Es la verdad los que hemos hecho el barco ahora somos el problema. Desde que el mal nacido de coleta dijo eso : Que a partí de los 70 nos vayamos a Castelgandomfo o a la mierda estoy muy MOSCA

  2. Magnifica diserción de los políticos Manuel,
    lo de los jubilados tiene mala solución, porque cada uno somos de una madre y hemos tomado una leche, y es difícil que se llegue a una conclusión definitiva. Como siempre los de arriba serán los que moverán los hilos adecuados para que los abuelos no nos pongamos de acuerdo. Pero ya que eso parece inevitable, está bien que lo hagas público. Me ha gustado mucho tu escrito.

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