COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «Jubilados asustados, riesgo para la economía»

Cosas de la edad. La horquilla de gente con la que me muevo a diario – cosas de la edad, aunque no nos dediquemos a mirar obras- está compuesta en  gran parte por personas que, habiendo sobrepasado la edad laboral,  andan en plena jubilación.

Aunque la palabra jubilación viene del verbo latino “iubilare” que significa alegrarse y disfrutar, parece que las circunstancias nos están amargando esta etapa de la vida.

La hucha de las pensiones empezó a esquilmarla Rajoy y todo nos dice que Pedro Sánchez está acabando de liquidarla si es que no la ha vaciado por completo. El coronavirus que nos trae a mal traer ha supuesto una ruina económica de la que – todo así lo asegura- vamos a tardar bastante tiempo en salir. Aún no he visto ni leído un solo plan serio del gobierno en el que se detalle, por ejemplo, cómo se van a emplear los ciento cuarenta mil millones que da Europa para salir de este atolladero. Vas andando por la calle – repito, a hacer el ejercicio necesario de cada día, no a ver obras- y ves un cierre de negocio tras otro, cada día alguno más. ¿Qué quiere decir esto? La respuesta es muy fácil: si no hay actividad económica no hay recaudación. Si las empresas no funcionan no pagan impuestos. El estado es como una casa grande, hay que cobrar para tener dinero y poder gastar. El dinero de que dispone el Estado para llevar a cabo las mil tareas que le competen no cae del cielo, sale de los contribuyentes.

Y ahí, en medio de ese “totum revolutum”, estamos nosotros, los jubilados asustados. No se enfaden que es verdad. Basta hablar con tres jubilados cada día y el tema siempre es el mismo. El tema no, la pregunta angustiosa: ¿Nos van a bajar las pensiones? ¿Vamos a cobrar la pensión? La duda que corroe el pensamiento de tantos no es patológica ni fruto de la imaginación porque hay capitostes que van lanzando globos sonda, para calibrar qué reacciones hay y haciendo afirmaciones que siembran el terror: “los jubilados cobran un 74% más de lo que han pagado”. “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global” – dice Cristine Lagarde y no sé cómo se atreve si esa señora es tan anciana como yo aunque con mucha más pasta, evidentemente-. “Los jubilados tienen vivienda en propiedad y eso mejora la pensión” – dice Linde, un gobernador del banco de España que debió ser cesado en el mismo momento que pronunció su frase-. Señor Linde: váyase usted a la mierda porque, quién más quién menos, ha pasado media vida pagando hipoteca para tener una casa, normalita, nada de casoplones con jardines y piscinas, como para que usted quiera ahora penalizarla.

Estas perlas siembran la inquietud y la angustia en un colectivo de esos que ahora se ha dado en llamar vulnerable.

Me toca los cojones, en el peor de los sentidos, que me llamen “colectivo vulnerable”. Soy una persona sana, con el lógico desgaste de la edad porque nadie es eterno, dejando a un lado la amenaza del virus y que ha dedicado su vida entera a trabajar y a pagar impuestos – sin eludir ni un euro- en este país, en el que ahora parece que estoy de sobra. Como tantos otros.

No formo parte del colectivo de abuelos asustados y sigo pensando, como durante toda mi vida, que los problemas hay que afrontarlos en lugar de esconder la cabeza debajo del ala y esperar, acojonado, a que te las den todas en el mismo lado.

Tengo unas cuantas cosas claras y quiero dejarlas claras aquí:

Los jubilados no son un peso muerto que haya que eliminar, poco a poco y sin que se note demasiado, arrumbándolos desatendidos. Los jubilados – no me meto con tanta jubilación a los cincuenta, ni con patologías jubilatorias que no me atrevo a llamar fraudulentas porque no soy médico- son personas que han trabajado y cotizado toda su vida y a los que no se les debe ninguna limosna sino el pago justo y necesario por lo que han cotizado.

¿Qué pasa, que ahora vamos al médico más de la cuenta y gastamos más en medicinas? Perfecto. Para eso estuvimos pagando treinta años sin ir al médico nunca y sin tomar siquiera una aspirina. ¿Ahora hay – lo he leído en más de un sitio- que priorizar a los jóvenes? Perfecto, los jóvenes son el futuro, pero eso no quiere decir que a quien ha puesto los cimientos de la que llaman sociedad del bienestar haya que arrojarlos a la papelera ni considerarlos un cero a la izquierda.

La experiencia me dice que los gobiernos funcionan muy poco, o nada, con base en buenas intenciones y funcionan mucho de cara a la galería, calibrando la rentabilidad de todas sus decisiones y, sobre todo, adoptando políticas que puedan hacerlos permanecer en el poder porque todos temen como a un nublado – véase la reacción de Rajoy en la moción de censura que perdió- el ser defenestrados. Los sillones tienen un imán difícil de explicar.

Cuando un gobierno decide determinado gasto, lo primero que piensa y calibra detenidamente, es la rentabilidad que va a obtener con dicho gasto, los votos que va a obtener, la paz social o la agitación que provienen de él. Nunca un gasto se decide por filantropía ni por la llamada caridad cristiana.

Sánchez no quería ver a Iglesias ni en pintura y ahora están juntos en amor y compañía, se abrazan en público, uno es presidente y el otro vicepresidente y Podemos tiene ministerios por un tubo y secretarías de estado y direcciones generales como para aburrirnos y para colocar a sus fieles

¿Por qué les doy la paliza con todas estas consideraciones? Porque veo algunas manifestaciones – la de los pensionistas que acuden semanalmente a las puertas del ayuntamiento de Bilbao, por ejemplo-, veo concentraciones – los jubilados que se reúnen, también ante el ayuntamiento, en Alicante- y me dan pena por la pérdida de tiempo y de energías que suponen. Señores, eso no sirve para nada. Ningún gobierno va a subir o a mantener las pensiones, o a garantizarlas blindándolas como un derecho constitucional, solo porque unos cuantos abuelos, con sus pancartas artesanales y sus silbatos, pidan pensiones dignas.

¿Cuál es la clave? La presencia parlamentaria, el tener diez, veinte o cuarenta diputados que, con sus votos, garanticen la estabilidad, la posibilidad o la gestión de un gobierno. Me explico. ¿Recuerdan ustedes cómo Sánchez dijo claramente que “no dormiría tranquilo con Iglesias y los de Podemos en el gobierno, al igual que el 95% de los españoles”? Lo dijo clarísimamente, y la maldita hemeroteca lo recoge, en noviembre de 2019.

Sánchez no quería ver a Iglesias ni en pintura y ahora están juntos en amor y compañía, se abrazan en público, uno es presidente y el otro vicepresidente y Podemos tiene ministerios por un tubo – Trabajo, Consumo, Igualdad- y secretarías de estado y direcciones generales como para aburrirnos y para colocar a sus fieles. ¿Porqué? Muy fácil, porque tiene los votos que han hecho a Sánchez presidente y sin esos votos no habría sido investido. Miren la historia y no me sean, jubilados asustados, de memoria frágil.

No son cosas de Sánchez solamente ¿Se acuerdan de la dulce derrota de Felipe González en el año 96? Parecía que Aznar no conseguiría gobernar, que lo haría en precario y que, en cualquier caso, duraría muy poco. Nada más lejos de la realidad. Se echó en brazos de Pujol – recuerden que hablaba catalán en la intimidad- le dio todo lo que pidió y le permitió todo lo que hizo, lo mismo que al Padre Arzallus – recuerden que llamó movimiento de liberación vasco a la banda etarra- y gobernó tranquilamente haciendo bueno el aforismo “la política hace extraños compañeros de cama”.

Queridos jubilados asustados: las manifestaciones no sirven y el miedo tampoco, las pancartas no sirven, los abuelos soltando imprecaciones ante un micrófono no sirven. Nada de eso va a garantizar unas pensiones justas tal y como las merecemos por el trabajo de toda una vida. Solo garantiza esa realidad la presencia parlamentaria, los diputados precisos para determinar un gobierno.

Seguiremos informando. Si el puñetero virus nos respeta.

One thought on “COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «Jubilados asustados, riesgo para la economía»

  1. Comparto al 95% (ya sabe usted que por causa de alguna coz a la derecha es difícil el pleno) y desde luego reniego y si es preciso estoy hasta los mismísimos que usted, de la denominación de «Colectivo vulnerable». Somos individuos de 20 con 45 años de experiencia. Y aclaro que el término «mayores» no se refiere a la edad de las iniciativas sino al tamaño.

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