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COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «Trabajo para un jubilado»

El Banco de España asegura que los pensionistas cobramos un 74% más de lo invertido en nuestra pensión.

No hace falta ser Tezanos, ni Arriola que cumplía idéntico papel con Aznar y Rajoy, ni un genio de la economía o de la ciencia política para ver que, sea por el coronavirus cabrón o por la política de aranceles de Trump, por la salida de los ingleses de la UE o por mil motivos más, el caso es que el paro galopa como un caballo desbocado, la economía se hunde cada día un poco más y es imposible creer  una palabra de los comunicados oficiales. ¿En serio que con este desastre se han perdido solo quinientos mil puestos de trabajo y la mitad están en los ERTES y saldrán a finales de septiembre? Ni aunque Iván Redondo, Tezanos, Ábalos y Adriana Lastra me sometieran a los ejercicios espirituales  de San Ignacio y me pagaran el hotel a todo trapo con spa y pensión completa, me convencerían de que la economía no es una ruina absoluta. Paseo por Alicante todos los días y veo cómo crecen exponencialmente los carteles de “se vende” y “se alquila”, pero nadie alquila y nadie compra. ¿Es posible la salud sin economía? La gente enloquece literalmente cuando se ve sin medios de subsistencia.

Los jubilados somos una banda desorganizada – yo el primero-. Parece mentira que siendo un número capaz de poner y quitar a cualquier gobierno, andemos asustados y como oveja sin pastor -véanse metáforas evangélicas-, tomando orfidales para dormir con la espada de Damocles de que “nos quieren reducir las pensiones un 30%” y “nos van a joder por todos los lados”. Tenemos lo que merecemos y si los jubilados somos unos cagones, incapaces de sacar la cara y decirle al que gobierna que lo vamos a mandar al paro si no nos garantiza nuestros derechos adquiridos, pues…a apencar con lo que venga.

No sé quién ha generalizado la creencia – interesada en este estado ruinoso- de que los jubilados somos una carga insoportable que hay que quitarse en medio de la manera que sea. Lean -¡maldita hemeroteca!- las declaraciones de altos cargos del Banco de España que no sé qué pintan, aparte de cobrar sueldazos,  cuando dependemos en todo del Banco Central Europeo.  “Muchos jubilados tienen vivienda propia y eso mejora su pensión”, dijo Linde y no fue cesado al instante. Bueno si quiere usted, después de treinta años pagando hipoteca, le regalo la casa – nada de un casoplón con piscina y jardín, un piso modesto- y la dedica usted a incrementar el erario público o se la da como sede  a la Agenda 2030. El mismo Banco de España, sin firma que identifique al autor de la afirmación, asegura que los pensionistas cobramos un 74% más de lo invertido en nuestra pensión. Perfecto. Si durante cuarenta años me han estado descontando –aparte de seguridad social y derechos pasivos- entre un 29 y un 33% de mi sueldo, dénmelo todo de una vez, con los intereses generados y no me paguen ni un euro que ya me apaño yo.

El Banco de España asegura que los pensionistas cobramos un 74% más de lo invertido en nuestra pensión

Parece mentira lo  frágil es la memoria: los que trabajábamos en los últimos años del franquismo sin contrato y sin asegurar, los que emigrábamos a Alemania llenando las arcas del fascio con marcos que venían a resolver los problemas de divisas de aquella dictadura, los que hemos trabajado y cotizado cuarenta años sin estar de baja, ni liberados sindicales, ni en puestos chollos de amiguetes, ni en sillones de diputados provinciales, autonómicos, nacionales…, ni en empresas públicas ruinosas…, resulta que somos los culpables de la ruina estatal y el enemigo a liquidar porque somos los que destrozan las cuentas. La señora Montero, sin embargo, solo es un ejemplo, se inventa direcciones generales que no sirven para nada pero que cobijan a sus adláteres con sueldos que jamás soñaron por su preparación, eficacia y necesidad y ahora resulta que es la salvadora de la patria. En mi calidad de piel roja, repito, aún no he visto ni la mínima repercusión en mi vida, no he notado la existencia, de esa dirección general de diversidad étnica, racial o sexual –por ejemplo- ¡Qué maravilla de gestión! Esos huertos de colegas sí hacen falta. Pagarle a los jubilados tras cuarenta años cotizando es un lujo asiático y una inutilidad.

 Los artículos en 12 digital tienen efectos evidentes.

En el anterior escribía sobre una novela acongojante de Stephen King: El cementerio de animales. Afronta, con su habitual capacidad para estremecer, el drama de la muerte de un ser esencial en tu vida, el vacío aterrador y el enloquecimiento que comporta. No todo es terror en King. Tiene, por ejemplo, un par de escenas de amor entre Louis y Raquel que… ya las querrían haber firmado algunos escritores que se califican de eróticos. Hasta un inicio de erección – digo inicio- me pareció percibir cuando Raquel se desprendía de los aditamentos textiles, la lencería en concreto, para entrar a saco a su marido. He dicho inicio, que tampoco estamos los jubilados para tirar cohetes. Estamos en modo Groucho Marx, que cambiaba todos sus diplomas, menciones, reconocimientos y títulos por una erección adecuada y a tiempo. Pues eso, dos cualidades: adecuada y a tiempo porque una cosa sin la otra es solo un ridículo sin sentido.

Pues bien, después de hablar de la muerte y de las ceremonias y desastres que tienen lugar en el libro. ¡Me han ofrecido un trabajo!

Una funeraria busca una persona que sepa escribir, que pueda dirigirse a los deudos de manera suave e íntima, que tenga capacidad ceremonial para montar liturgias agnósticas y civiles – de las religiosas ya se encargan los curas-  que ahora están tan de moda, que tenga agenda de músicos, también muy de moda. Una maravilla de curro. Lo que no me habían ofrecido en mi vida, que me he pegado media existencia tratando con terroristas y psicópatas, con liberados sindicales y con gentes que, menos trabajar, querían hacer cualquier cosa – también con magníficos trabajadores públicos, que hay que decirlo-.

No puedo aceptar el empleo –le he dicho al encargado jefe del crematorio-. Yo le organizaría liturgias musicales, sermones convincentes como si fuera Pablo Iglesias en campaña electoral – aunque fuesen mentira- que harían que los deudos quisieran entrar al momento con el difunto en el horno. Organizaría despedidas llorosas y poéticas, declaraciones de amor póstumo y juramentos solemnes de fidelidad, aunque no llegaran ni al lunes siguiente al entierro. Pero no puedo porque las clases pasivas – de las que parece que nos han echado- y la seguridad social me lo impide.

¿Qué es eso de ofrecerle trabajo retribuido a un jubilado decente y decrépito? Ofrézcanlo a un parado y ayuden a disminuir esa cifra maldita ¿Qué gobierno es este que no parece mover un dedo con el chorro de millones que nos van a caer de Europa? ¿Por qué somos los líderes de Europa en caída del PIB y en ascenso del paro?

Me viene a la cabeza una cita de Pepe Múgica, antiguo guerrillero tupamaro, preso político durante quince años, ex presidente de Uruguay, hombre honrado que sigue viviendo en la misma casa humilde que tenía antes de acceder al poder y nada sospechoso de ser de derechas: “los grandes gobiernos no son los que usan los impuestos de los trabajadores para dárselos a los flojos, los grandes gobiernos son los que crean las condiciones para que todos tengan trabajo”.

He ahí la piedra filosofal esencial de la buena política: Crear las condiciones para que todos tengan trabajo y, si hay trabajo, hay que trabajar. Al vago, al golfo, al que  sueña con vivir del cuento y de las subvenciones públicas sin dar golpe, tenemos que aplicarle la máxima de San Pablo: el que no trabaje que no coma.

Ese es el secreto de un estado moderno y justo, más trabajo y menos cuento. Menos pagas de miseria, compradoras de voluntades y de estómagos agradecidos y más arrimar el hombro para hacer a este país tan grande como se merece. No sigamos el ejemplo de la gallina desplumada de Stalin con la que aleccionaba y aterrorizaba a sus secuaces.

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