COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «De visita en el infierno»

Los que sean creyentes ya se pueden portar bien para que, en el juicio final  que saben cierto, puedan esquivar el infierno. Estamos teniendo un anticipo aproximado a lo que puede ser la estancia en las calderas de Pedro Botero. Si los días que llevamos hirviendo no son el infierno mismo, les debe de faltar muy poco.

No es solo el calor, que hace imposible estar al sol, a la sombra, en la cama, paseando o haciendo el haragán, es la situación que nos brindan nuestros mandatarios, los prohombres que hemos designado para que nos representen y aquellos que, sin haber sido nombrados por nadie, llevan siglos instalados, mandando, mangoneando y disfrutando de auténticas fortunas sin haber doblado el espinazo jamás. Cosas de la dinastía, anacrónico mando hereditario.

Seguimos contra la pared por el dichoso Covid 19, todo son conjeturas de cara al otoño que se prevé calentísimo –  más que el verano, que ya es decir-. Cada profecía es peor que la anterior: el paro va a subir del 20%, el PIB va a caer un 18%,  España ha entrado en recesión, se hunde el consumo de los hogares, nos van a bajar las pensiones, no sé cuantos miles de empresas se van a ir al garete, los contagios van a repuntar exponencialmente  porque los chavales son bastante cabrones y, después del botellón y de pegarse las fiestas que se pegan, ellos son asintomáticos y los abuelos las pagamos todas juntas… Y cada adivino nos pinta un futuro mucho más negro. Confiados en que había un comité de expertos que estudiaba a fondo y tomaba las decisiones pertinentes, se desvela que tal comité no existe, que era un invento para tranquilizar gilipollas. Vamos a tener que confiar de nuevo en el ángel de la guarda como el ministro Fernández Díaz.

No nos queda, a quienes hemos sostenido este país en los últimos cuarenta años, ni el consuelo de ir a dar con nuestros huesos a una residencia cómoda en la que poder esperar, tranquilamente y atendidos, la llegada de La Parca. El estado de bienestar es mentira menos para el padre de Rajoy, que tuvo al servicio médico de la Moncloa de guardia permanente y los ministros que, creo, están medicamente vigilados y atendidos a plena satisfacción. Para el pueblo llano, para la plebe, los dominios de Sor Copón, Sor Gestapo y la Madre Torquemada – ¿se acuerdan de las hermanitas de los ancianos desamparados que tuve que abandonar porque sonaba a broma macabra con tantos muertos en las residencias? –   son sitios prohibitivos, inasequibles al común de los mortales. A ver quién es el chulo capaz de pagar más de dos mil pavos al mes por la pensión completa. ¿Cuál es la clave? Está clarísimo – y ha quedado claro en la pandemia- los abuelos somos material de derribo, montones de escombros que no hacemos más que estorbar. Nueve millones de votos y no somos capaces de hacernos valer. Somos imbéciles.

Quiero ver cómo se abren los locales de tantas calles de Alicante que parecen velatorios, plagadas de letreros de “se vende” y “se alquila”

¿No nos han dado los europeos, mal que le pese a la derecha que se puso en contra, ciento cuarenta mil millones? ¿En qué se van a gastar? Quiero ver las ayudas a proyectos empresariales reales y verificables. Quiero ver cómo se abren los locales de tantas calles de Alicante que parecen velatorios, plagadas de letreros de “se vende” y “se alquila”. Quiero ver cómo se emplean en fomentar empresas que no pidan un curriculum asombroso y, después, digan que una persona de cuarenta años es vieja para el puesto. Quiero ver también que las empresas no tienen la jeta de pedir tres idiomas, ingeniería aeroespacial, horario partido de ocho de la mañana a ocho de la tarde con media hora para comer, experiencia en programación de informática, capacidad para manejar Excel, office y la madre que me parió… y todo eso por ochocientos euros al mes.

De eso se tienen que preocupar el presidente y el vicepresidente, no de si un ultraderechista le monta pollos -jarabe democrático- en su puerta de Galapagar. Planchado me quedo con la declaración judicial del abogado Calvente: Podemos tiene caja B para pagar sobresueldos irregulares. ¡Señor mío Jesucristo! ¡Qué rápidamente se han mimetizado con la casta! Cada día se parecen más al partido de Bárcenas y Naseiro. ¿Podemos con caja B y sobresueldos? Por favor, periodistas, profundicen en esa información porque la angustia ideológica, de rojo antiguo, no me deja dormir sin meterme antes tres tranquimazines y dos orfidales. Un adicto me están haciendo estos rojos de salón.

El calor no respeta nada, aparte de la boca se le ha debido de calentar la cabeza. Abascal – el que cobró una larga temporada un sueldo suculento, 82 mil pavos al año, en ese huerto, en el que no tenía que hacer nada, regalo de Esperanza Aguirre- ha programado una moción de censura que más que contra Sánchez es contra su anterior partido. Sabe que va a perderla, pero  chupará cámara y tendrá dos años de discurso: Sánchez está de presidente porque la derechita cobarde y la derechita naranja no han votado la moción. ¡Qué cosas tenemos que ver! Forman gobierno en Andalucía, Murcia y Madrid y se tiran de los pelos en la Carrera de San Jerónimo. Pura ideología, coherencia de derechas. Abascal se parece cada día más a Trump.

El mercadillo me pone y me sube la autoestima vertiginosamente. La de los tomates me llama cariño, el melonero me llama capitán, a mí que no llegué ni a cabo. En el puesto de los huevos una abuela se queja amargamente: ¡Fíjate el pobre rey, ahora, a su edad lo quieren echar! Yo rezo por él todos los días. Por una novia más o menos. ¡Todos los hombres son iguales y todos corren detrás de una falda y unas piernas bonitas.

¡Señora! No es lo mismo que el fontanero se eche una novia y pague los homenajes a base de instalar fregaderos, que lo haga un rey soltando millonadas cuya procedencia no es de doblar el lomo  – a ver si algún día es posible certificar judicialmente las comisiones saudíes-.

¡Usted ya está como los comunistas, tirando contra la monarquía!¡Tenemos un rey maravilloso y guapísimo! A mí,  al rey, que no me lo toquen.

¡Señora! Respeto su exhibición monárquica ante las berenjenas del puesto, pero necesita usted más historia y menos rezos. La historia nos enseña que la dinastía Borbón ha dejado mucho que desear. Intentare no ser tendencioso.

Felipe V, el primer Borbón, proveniente de Francia e impuesto a dedo por Carlos II. Se ganó el trono tras una larga guerra contra los austracistas – la Guerra de Sucesión que se decidió en gran parte en la batalla de Almansa- era un rey con un precario equilibrio mental [1], en expresión suave. Carlos  III se salva, era un hombre moderado y prudente. Carlos IV y Fernando VII vendieron España a Napoleón sin cortarse un pelo. A principios de mayo de 1808, mientras los españolitos de a pie,  se batían con cuchillos de cocina, tijeras de cortar pescado y escopetas desvencijadas contra el mejor ejército del mundo, ellos pactaban 30 millones de reales el padre y quinientos mil francos el hijo y pasaban a disfrutar de un retiro de lujo[2] en el sur de Francia y en Valençay. Y no entro en más honduras para no ser pelmazo. A estos  dos elementos la patria se la traía bastante al fresco. Pasamos de Isabel II por si hay niños leyendo este artículo. Alfonso XIII queda perfectamente dibujado en la frase de Ramón del Valle Inclán. “Los españoles han echado al último Borbón, no por rey sino por ladrón”. No sigo con andanzas del emérito aún no demostradas en los tribunales. ¿Quién culpa a los comunistas, Sr. Casado,  de  poner en tela de juicio a la monarquía?

  1. Felicito al alcalde Barcala por el corte dado a una señora histriónica que tachó de micromachismo al aire acondicionado. ¡Qué nivel de política! Si Barcala le mete mano al desastre de la Plaza de la División Azul lo proponemos para alcalde español modelo.

[1]  Henry Kamen. Felipe V. El rey que reinó dos veces y Eslava Galán. Historia de España contada para escépticos.

[2]  Emilio Laparra. Fernando VII. Un rey deseado y detestado.

2 thoughts on “COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «De visita en el infierno»

  1. Quiénes más están haciendo contra la monarquía son los propios monarquicoa y el propio Juan Carlos I. Unos por justificar lo injustificable,lo bochornoso, lo obsceno.Otro por actuar, como poco, como un rey feudal (haciendo lo que le da la real gana) sin importarle mucho las consecuencias de sus actos (recuérdese el asunto de la cacería de elefantes, cuando todos suponíamos que estaba trabajando en la ingente tarea de mantener el equilibrio entre «las Españas»).

  2. Gran artículo. Irónico, como de costumbre, actual, como de costumbre. Lástima que salpicado de algunas inexactitudes para meterse con la derecha, como de costumbre. Genial la estocada final dedicada al alcalde Barcala retándole con la directa a la plaza de la división azul (hoy de María desconocida Yolanda Escrich Forniés) nominada como antaño para que lo entienda él y lo entendamos todos

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