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Consejos sencillos ante la presencia de rebrotes infecciosos para prevenir el contagio o de minimizar sus efectos en caso contrario.

El 80% de los afectados por el coronavirus solo sufren una sintomatología leve.

Ante la presencia de rebrotes infecciosos damos algunos consejos sencillos que pueden ayudarnos a prevenirnos del contagio o de minimizar sus efectos en caso contrario.

El sistema inmunitario

El sistema inmunitario es un mecanismo de defensa complejo, capaz de proteger al organismo de casi cualquier agresión si se encuentra en plena forma. El problema (o la ventaja, según como se mire) es que depende de numerosos factores nutricionales, emocionales e incluso sociales. Esto significa que cualquier desajuste puede alterar su equilibrio, volviéndolo más sensible a las infecciones. Pero afortunadamente también implica que, actuando para mejorar cada uno de esos ámbitos, se puede reforzar el sistema defensivo fácilmente.

El SARS-CoV-2, el coronavirus aparecido en China a finales de 2019, conlleva una enfermedad infecciosa -denominada Covid-19- aún bastante desconocida y sin tratamiento específico. No obstante, existen ciertos agentes antivíricos estudiados en el pasado por su eficacia contra virus similares y que de hecho ahora empiezan a recuperarse, como por ejemplo algunos aceites esenciales.

El 80% de los afectados por el coronavirus solo sufren una sintomatología leve

En cualquier caso, más allá de las mascarillas, los geles desinfectantes y otras medidas higiénicas de prevención de contagios, su sistema inmunitario -o lo que es lo mismo, el sistema de defensa de su propio cuerpo- es la mejor arma con la que usted cuenta para hacer frente a esta amenaza, evitando que se instale en su organismo y genere una infección.

El 80% de los afectados por el coronavirus solo sufren una sintomatología leve. Y sin problema de salud conocido, si usted se viese infectado, también podría superarla fácilmente si sabe cómo reforzar sus defensas al máximo, algo crucial en la población de más edad. Por eso queremos que tenga siempre bien a mano la lista que va a ver a continuación (haga una copia y cuélguela en la puerta de la nevera si hace falta).

Hábitos que refuerzan la inmunidad

  • Duerma más y mejor. Algo absolutamente imprescindible. Está demostrado que la fatiga y el cansancio acumulado pasan una enorme factura a la hora de combatir las infecciones. En concreto, la falta de sueño ejerce el mismo efecto en el organismo que el estrés físico, al aumentar el nivel de granulocitos, un tipo de células inmunitarias.
  • Mantenga unos horarios regulares (sobre todo a la hora de dormir). Los desajustes en el ritmo circadiano hacen responder de forma anormal a las infecciones, incluso aunque se duerma lo suficiente.
  • Evite el alcohol. Está demostrado que un elevado consumo de alcohol de alta graduación disminuye la actividad del sistema inmune con efectos casi inmediatos. De hecho, en solo 20 minutos eleva los niveles de monocitos y de citoquinas, responsables de activar el mecanismo inflamatorio, entre otros.
  • Practique ejercicio. No deje de lado la actividad física de cierta intensidad, incluso en situación de cuarentena. Y es que en caso de enfermedad el músculo sirve de reserva inmunitaria. Además, le ayudará a mantenerse con buen ánimo, lo que redundará en su estado general de salud.
  • Desintoxique su organismo. El sistema inmune invierte mucha energía en combatir a las toxinas que lo bombardean permanentemente. Por eso, además de una alimentación natural, una cura desintoxicante le ayudará a reservar sus energías para la lucha contra los virus. Puede tomar semillas de cardo mariano (Silybum marianum) y raíz de diente de león (Taraxacum offi cinale) en infusión, por ejemplo, o un complemento de alga Chlorella.
  • Evite el estrés y las preocupaciones. Los nervios, la angustia, la ansiedad… son grandes enemigos del sistema inmunitario. Practicar técnicas de respiración y relajación como la coherencia cardíaca, el mindfulness o el yoga, acompañadas de buenas lecturas, son estrategias que le ayudarán a liberar las tensiones acumuladas.

Alimente sus defensas

La alimentación es otro de los factores clave para el refuerzo del sistema inmunitario. Entre los alimentos que más van a ayudarle, destacan:

  • Las frutas y verduras frescas ricas en vitamina C, así como las de alto contenido en flavonoides (un tipo de polifenoles) y especialmente en quercetina (también conocida como “vitamina P”). Esta, además de poseer otros importantísimos beneficios para la salud, es un potente antioxidante que refuerza la inmunidad. Está presente sobre todo en las alcaparras, en el apio del monte (la planta Levisticum officinale) y en la piel de la cebolla roja. Y, asimismo, aunque en menor cantidad, podrá encontrarla en las uvas, el vino tinto, los arándanos, las grosellas, las cerezas, el brécol, los cítricos y el té.
  • Los caldos de huesos, ricos en aminoácidos, siempre con médula. Esta última es una buena fuente de glóbulos blancos y aminoácidos.
  • Los probióticos, es decir, los alimentos fermentados, y mejor sin pasteurizar. Estos reforzarán la salud de su fl ora intestinal, una de las principales sedes de la inmunidad en el organismo. Se aconsejan especialmente en caso de estar tomando alguna medicación o de haber seguido un tratamiento antibiótico recientemente.
  • El propóleo o la jalea real, ambos fuente de numerosas sustancias activas capaces de frenar la proliferación y la acción de los patógenos.
  • Las infusiones a base de plantas de acción antiséptica, como por ejemplo la equinácea (Echinacea angustifolia), la cual ya usaban hace siglos los indios nativos americanos para tratar las infecciones del tracto respiratorio.
  • Y el típico remedio de la abuela, pero que no falla: zumo de limón caliente con miel. Añádale una pizca de canela y de jengibre. ¡Desinfección asegurada!

Que no le falten los nutrientes indispensables

Además de lo ya comentado, es importante que compruebe que no le faltan ciertas vitaminas o minerales indispensables para una correcta función inmunitaria.

La vitamina D, por ejemplo, es crucial para la defensa del organismo. Y eso que la inmensa mayoría de la población tiene carencia de ella o, al menos, no cuenta con los aportes óptimos. Para protegerse eficazmente tome un complemento de entre 1.500 y 4.000 UI al día (el nivel de vitamina D ideal debe superar los 65 ng/ml en sangre).

La vitamina E, por su parte, es un potente antioxidante cuyo déficit se traduce en una alta sensibilidad a las infecciones, por lo que también se recomienda la toma de un complemento (especialmente en las personas de más edad).

Y en cuanto a los minerales, especialmente importante es el zinc, cuya presencia en el organismo disminuye a medida que se envejece, causando inflamación. Conviene añadirlo en forma de complemento a la dieta porque permite a los macrófagos destruir los microorganismos patógenos.

 

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