COLUMNA DE OPINIÓN de Andrés Maestre: «Vallés, Política y Periodismo»

Desde que tengo uso de razón he sentido la irrefrenable atracción por hablar, debatir y generar argumentos para explicar lo que pienso. Reconozco que mi sensibilidad política ha ido mutando con el paso del tiempo, por eso nunca me afilié a ningún partido. Pero tampoco lo hice por aquello de sentirme libre para opinar, criticar y escribir sin ataduras acerca de lo que observo. El periodismo de proximidad es el ecosistema en el que siempre me he movido, y –créanme- no tiene nada que envidiar a las peleas de barro que se generan en el espectro nacional.

No hay profesión donde no haya diversidad de opiniones sobre la deontología o el modo en que se ejerce, pero en esta mía el debate sobre el buen o el mal periodista está en la plaza pública, y depende de a quién critiques así serás catalogado de ingenioso o torpe por quien te lee.

Una vez escuché a Ramón Lobo decir que muchos periodistas de su generación se subieron a los coches oficiales y permanecieron allí demasiado tiempo. Perdieron perspectiva, y cuando quisieron reaccionar estaban tan perfumados que no olían las cloacas. Es este un problema que ahora se repite. Hay periodistas acomodados en los palcos del poder, desde donde las cosas se ven con otra perspectiva.

La vocación del periodismo es ejercer el control sobre el poder. Servir de freno y contrapeso a los abusos de quien gobierna. Porque –ya lo decía Montesquieu- “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Sin excepción, por muy majetes que parezcan, cuando llegan a la poltrona tarde o temprano sacan las uñas y empiezan a separar a críticos de afines para minimizar los golpes.

El nuevo objetivo del Gobierno de España ahora es Vicente Vallés -y todo aquél que se atreva a ofrecer un análisis incómodo del gobierno-. “Vallés es un tipo riguroso, didáctico, profesional, valiente, discreto, trabajador y honesto”. Lo ha publicado en su cuenta de Twitter su compañera Esther Vaquero. A mí siempre me lo ha parecido. “Qué ruin que alguien pretenda hacer creer lo contrario” –suscribo las palabras de Vaquero-.

El ejecutivo de Sánchez e Iglesias maneja muy bien las emociones, y ha conseguido generar un ejército de seguidores que se encargan de apalear a quienes ellos señalan

En el «Tiempo de juego» de la Cope de esta semana, Pepe Domingo Castaño ha empezado diciendo “yo soy Vicente Vallés”. El hastag #YoSoyVicenteValles es TT en twitter. Me parece una excelente forma de reclamar un ‘basta ya’ a la clasificación política de los periodistas. Me uno –como miles de compañeros lo han hecho- a este respaldo, y a la repulsa contra el intento de desacreditar a Vallés de Echenique y su tropa de fans incondicionales.

En su columna de esta semana en Valencia Plaza, Victoria Rodríguez describe con acierto su enfado con la situación –y hago mía sus palabras-. “Los regímenes autoritarios están utilizando las crisis para silenciar a los críticos y reforzar su control político. Pero también gobiernos elegidos democráticamente…” Atravesamos una crisis sanitaria, social y política. Aumentadas las dos primeras por la tercera.

Escribió la semana pasada Vicente Vallés que “allí donde reinan las emociones, la verdad pierde relevancia”. Es lo que pasa con este gobierno. El ejecutivo de Sánchez e Iglesias maneja muy bien las emociones, y ha conseguido generar un ejército de seguidores que se encargan de apalear a quienes ellos señalan. Toman decisiones y luego buscan los argumentos –aunque haya que construirlos ad hoc para la ocasión-. Como el arquero de la fábula de Jorge Bucay, que disparaba la flecha y después pintaba la diana alrededor para asegurarse de que el proyectil quedase en el centro.

He empezado describiéndome como periodista de proximidad y acabo hablando de asuntos nacionales. Lo cierto es que todo está interconectado. Si ahora miramos los muros de los políticos locales de UPodemos, PSOE o Compromís seguro que encontramos argumentos que denigran a periodistas como Vicente Vallés. Si miramos a los de enfrente le estarán defendiendo. El criterio ha sido devorado por las siglas. La política pretende devorar al periodismo, pero mientras existan compañeros que se resisten algunos haremos un esfuerzo cada mañana por seguir siendo independientes.

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