COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «Señor Alcalde: venga a dormir a mi casa»

Don Luis: Ya he leído en el artículo de Juan Carlos de Manuel que ha cogido usted vacaciones. De ahí la invitación. Aunque los altos cargos no descansan nunca y están en permanente vigilancia, más que por las incidencias del cargo que siempre hay suplentes que toman el relevo, por las puñaladas traperas que puedan venir de los compañeros. En vacaciones no hay obligación de madrugar, no son convenientes los viajes por el coronavirus  y puede usted participar en el experimento que le propongo. Disculpe por lo de las puñaladas traperas, pero ya sabe lo que dijo Konrad Adenauer, que algunos iletrados atribuyen a Churchill y otros a Alfonso Guerra: Hay enemigos, enemigos a muerte y compañeros de partido que, en la lucha por el poder, apuñalan a la mínima.

Había pensado titular este artículo, al modo de los antiguos escolásticos, “Reflexiones en torno a la inutilidad de la Policía Local”, pero sería injusto porque he visto algunas actuaciones de ellos dignas de elogio. No las voy a repetir aquí porque, en este mismo medio, he dejado constancia de ellas.

Le cuento el motivo de mi invitación, y quiero que quede entre nosotros, con la discreción debida. Una amiga me invitó la otra noche a su casa y después de una cena exquisita, nos fuimos a su dormitorio – todo casto y puro, que uno es un caballero y no anda aireando romances como si fuese un esbirro de la telebasura- a ver una película de atracos y crimen organizado porque en la tele de su dormitorio es donde tenía la entrada del pen para poder verla. Lo mismo lo de la tele era una indirecta que, un anciano de mi calaña, no supo ver claramente e hizo el ridículo ignorándola.

Líbreme el señor de volver a casa de esta mujer, que es guapa, simpática, culta, cinéfila…, en fin, que lo tiene todo. Por tener, tiene incluso un vecino incívico. Este tipo – no sé su nombre ni falta que me hace- tiene dos perros encerrados en un cuchitril día y noche – vea usted la foto, señor alcalde- y día y noche ladran sin parar haciendo imposible el descanso del vecindario que no protesta ni dice pío, yo creo que por miedo. Ya sabe usted, cómo son estos barrios, todo el mundo se conoce y, si llamas a la policía, empiezan las miradas raras que acojonan a parte del personal.

Dígale al policía que se meta él en el patio de la foto tres o cuatro días seguidos y vea si su integridad no queda afectada

No es el caso de mi amiga que ha llamado a la policía tres veces. Tres veces han acudido y…el resultado ha sido nulo. Como si los policías fuesen un remedo de Mariano José de Larra, casi que le contestaron con un “vuelva usted mañana”. El patio es pequeño, pero los perros tienen agua, luz y sombra, y la entrada a la vivienda está tapada con un pale de los de llevar losetas – contestó a mi amiga-. Pasaremos el aviso a la patrulla canina.  En la perrera estarían peor, dijo el municipal y dio por zanjado el asunto y aquí paz y después gloria. Nadie más ha pasado por allí para hacer algo al respecto y los perros siguen torturados y torturando al vecindario con sus ladridos diurnos y nocturnos, sin descanso.

El artículo 337 del Código Penal –me consta que se estudia en las oposiciones a policía- castiga el maltrato animal porque protege la vida y la salud de los animales, o sea, su integridad física y psíquica. Dígale al policía que se meta él en el patio de la foto tres o cuatro días seguidos y vea si su integridad no queda afectada. Si en el confinamiento de esos dos perros, de raza pit bull o muy similar, no hay un delito de maltrato animal, yo soy la madre superiora de las monjas de la sangre. Tres veces han ido los policías locales y tres veces han hecho nada de nada excepto tomar fotos y asegurar que los perros estarían peor en una perrera.

Dejemos el maltrato a los pobres perros –que no tienen la culpa- y pasemos a otra figura delictiva – por eso, señor alcalde, el título de este artículo.

Hasta que entró en vigor el código penal de Belloch, llamado también de la democracia –buen biministro aquel Belloch, ya podrían aprender estos-, los delitos contra el medio ambiente eran tratados de manera más suave, dejémoslo ahí. En este código, en su artículo 325 se castiga con hasta dos años de trullo al que “realice directa o indirectamente ruidos”. No es el ruido un ilícito meramente administrativo porque es muy grave que dos perros torturados -vean la foto y vean donde pasan los pobres casi las 24 horas del día- ladren continuamente en sesiones de mañana tarde y noche. ¿Ha intervenido la patrulla canina? No. ¿Ha intervenido el Seprona? No. ¿Quién ha intervenido? Nadie salvo mi amiga llamando en más de ocho ocasiones a la policía, sin resultado, y yo mismo escribiendo este artículo en 12endigital e invitando al alcalde a que venga dormir a esa casa… Si es capaz.

 

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