COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «Hablemos de las cárceles. XV.- La vida alucinante»

Hay una frase que los chavales de hoy  -también  de los presos de nuestras cárceles, perdón, de las vuestras, que yo me he jubilado y ya no trabajo ahí- repiten casi continuamente, cuando algo les produce asombro o cuando una situación les resulta difícil de entender: “alucino por un tubo”. Esta frase tiene una variante que también nos vale: “Yo es que lo flipo”.

Ninguna de las dos expresiones es muy académica pero ya verán cómo pronto, los señores encargados de “limpiar, fijar y dar esplendor”, la admiten en los diccionarios de la RAE por aquello de que el lenguaje es un ente vivo y es el pueblo quien lo hace cada día.

Bueno, pues yo alucino por un tubo y flipo en colores contemplando, desde mi observatorio privilegiado, lo que pasa cada día en este país de los cojones, perdón, en este país del alma, que es el mío.

No se puede ver la televisión, no se puede oír un solo informativo en las radios, no se puede leer prensa…porque sale uno con los pelos como escarpias, acojonado y pidiendo hora para el primer psiquiatra que encuentre en Muface,  porque las depresiones indignadas están a la orden del día y desde que empiezas a ver cualquier telediario.

Estoy hasta los moños –voy a intentar evitar los tacos que me surgen- de ver a Sánchez y a dos o tres ministros por turnos, dándome noticias de los PCR, de la necesidad de prudencia y de que todos debemos estar unidos para salir más fuertes de este lío. Cansinos. Ya sé que al final moriremos todos por una cosa o por otra, pero dejen de darnos la murga, cojones, que me recuerdan al  cura de mi pueblo –cura de misa y olla y con novia formal, no se lo pierdan.

Acostumbraba este clérigo cebón a pronunciar sermones idénticos un día tras otro, en fiestas mayores, bodas, funerales y cada vez que tenía la iglesia llena. Hablaba de las penas del infierno y de los sufrimientos de los pecadores que en él caían. Describía con todo lujo de detalles las llamas, el sadismo de Pedro Botero sumergiendo a los condenados en sus calderas y la eternidad del sitio, aunque –analfabeto como era- no hubiese leído nunca la Divina comedia de Dante y, por tanto, no tuviera ni idea de qué es eso de  “Lasciate ogni speranza, voi ch´entrate”. “Perded toda esperanza los que entráis”.

Un cateto de mi pueblo – donde reinaba el alcalde Mehincho, haciendo honor a su apodo- le dijo un día a voz en grito, durante el sermón: “¡Si hay que ir al infierno, se va, pero deje ya de acojonarnos!”. Pues eso mismo le digo yo a todos los predicadores del coronavirus: sabemos que es contagioso, que hay que lavarse las manos y mantener la distancia. Sabemos lo de la mascarilla y las inflamaciones pulmonares. Sabemos que no hay que montar jolgorios sin respetar la distancia social. ¡Dejen ya de acojonarnos, que estamos servidos de sobra! Hagan un protocolo claro, cuiden a los sanitarios, doten de medios a los hospitales, no olviden a los abuelos, que de sobra se lo han ganado y dejen los sermones ministeriales y presidenciales para el obispo Cañizares y sus adláteres.

¿Cómo es posible que no se aclaren en el pifostio que hay montado con la señora Dina Bouselham?

Me estoy enrollando y se me va el santo al cielo porque no olvido que estábamos – en nuestra historia penitenciaria- en la época de Antoni Asunción.  la creación del FIES  y el plan de creación de centros penitenciarios modernos y me queda que hablar todavía de la dispersión de etarras, o sea, hay tarea.

 ¡Claro, se me tiene que ir el santo al cielo y el santoral completo al Olimpo como mínimo!Alucino por un tubo con lo que veo a diario.

No se lo pierdan y ya me dirán si este es o no es un país de traca. Todo son preguntas sin respuesta y eso es mucho para un anciano, anarquista, jubilado y que ha acostumbrado, a lo largo de su vida azarosa, a buscar respuestas racionales a todos y a cada uno de los interrogantes que le  planteaban.

¿Cómo es posible que no se aclaren en el pifostio que hay montado con la señora Dina Bouselham? Parece que había una tarjeta de móvil desaparecida. Aparece – también al parecer- presuntamente dañada no sé por quién. Mi ser anciano empieza a mosquearse porque hay denuncias cruzadas y gentes que parecían víctimas y luego resulta que no lo son. Esas gentes – por si faltara poco- son mandamases, altísimos cargos, padres de la patria. Y si hay una tarjeta dañada, es porque alguien quiere ocultar algo, como diría Gila en sus monólogos. No tengo ni puñetera idea de informática, pero lo de la tarjeta dañada me recuerda al ordenador formateado a golpe de martillo. Parece que en ambos sitios – por parte de quien fuera o fuese- se quería ocultar algo. Un lío en toda regla. Por favor, si se aclara este enredo, hagan el favor de avisarme que me muero de la curiosidad y sufro con tanta incertidumbre.

¿Realmente el arzobispo Cañizares  -dicho con todo el respeto, creo que está un poco gaga, lo cual es lógico porque yo tengo veinte años menos y también lo estoy- se cree las bobadas que dice? En un sermón, lo mismo que el cura cebón de mi pueblo,  ha metido al diablo por medio y dice que las vacunas contra el coronavirus son hechas con fetos abortados. ¡La madre que me parió! ¿Ha ido él a los mil laboratorios que pelean a diario para llevarse el gato al agua con la vacuna? ¿Hay ya vacunas y yo estoy  tan tranquilo, sin saberlo? ¿Cobra el diablo derecho de autor por las mismas? ¿Es el diablo, además de un ser demoníaco, biólogo? ¿Es un químico tan falso como Roldán era ingeniero?

No se queda solo Cañizares, hay más visionarios que nos ilustran cada día. Un señor llamado Mendoza – nada que ver con aquel que era presidente del Madrid y que dicen que murió de un viagrazo en el Caribe- que preside una Universidad confesional en Murcia ha soltado una verdad científica como corresponde a esa sede de la sabiduría que es toda universidad. Dice que Bill Gates y Soros son esclavos y servidores de Satanás – ya tenemos otra vez al diablo campando a sus anchas en pleno siglo XXI- y que quieren implantarnos un chip a cada uno junto con la vacuna del coronavirus. ¿Este chip tiene alguna propiedad para triunfar en el uso del matrimonio? ¿Tiene algo que ver, en tanto que chip informático, con la tarjeta dañada de que hablábamos antes? ¿El diablo sabe informática? ¿Por qué hay que tener miedo a los esclavos de Satanás, qué hacen, roncan por la noche, son los que llaman a Revilla y a Bono todos los sábados a las tertulias de la Sexta, son liberados sindicales?… Tanto interrogante sin resolver me tiene el alma en vilo.

No estoy para tantas emociones fuertes. Apago la televisión y me voy a dar una vuelta a ver si el aire caliente del Sahara me sosiega. No solo cuentan las noticias que el Rey – el anterior, no este- se va a ir a vivir a Santo Domingo para alejarse de los líos que, parece, él mismo ha generado. Ahora saltan los ingleses con otro rollo para añadir tensión al devenir diario: El Telegraf, un periódico británico afamado, dice que el Rey regaló a su hijo un viaje de novios cuando se casó. Ningún problema, que ya habría querido yo que mi padre me hubiese regalado algo en mi boda, que el tío fue, cenó de gorra y no puso ni quinientas pesetas de la época para el trozo de corbata que, por costumbre, se cortaba al novio. Un padre regala un viaje de novios a su hijo y su nuera. Perfecto. Pero dice el tabloide inglés – siempre la Pérfida Albión al ataque- que gran parte del viaje la ha pagado un empresario navegante catalán. Ya estamos con los regalos envenenados.

Imagínense que un funcionario de lo que sea, de prisiones, de policía, de hacienda, del ayuntamiento o de la universidad, coge un regalo y viaja a las islas Samoa, a Camboya y al fin del mundo –todo presuntamente porque ya saben que los señores diputados blindan cualquier acción de la monarquía porque es inmune-. Le cae la del pulpo… pues esa es la igualdad ante la ley que disfrutamos en este país de nuestros amores y nuestros sufrimientos. Todos somos iguales ante la ley….salvo algunos.

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.