COLUMNA DE OPINIÓN de Pedro Nuño de la Rosa: ¡Nene, un Brugal!

Buena parte de mi generación no conocen más Machado (Antonio) que el cantado por Joan Manuel Serrat, pero al menos esos versos escogidos por el cantautor catalán se los saben de memoria: «Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.» Dice uno de los más memorables cantares-coreados del poeta de Soria, mar dado a la mesa camilla que a los conciertos, en sus tiempos, de orquestas y orquestinas.

14 años después de aquel escándalo que implicaba en el «merdé», redundancia mismamente dicha, de la basura en la Vega Baja, implicando judicialmente a alcalde y sucesora alcaldesa del PP, concejales propios de ambos mayoritarios y del resto ‘liberal’ en siglas locales, funcionarios de escalafón, etc., se acaba un juicio con una sentencia que, parafraseando a don Antonio: «nunca se ha de volver a dictar» salvo por el Tribunal Supremo al que posiblemente recurran. La Audiencia Provincial de Alicante (sede en Elche) ha resuelto absolver a todos los presuntos «delincuentes», sin admitir, ¿justamente? al contrario, las pruebas de Policía Nacional y Fiscalía, dando por no comprobados los cargos del marzo acusatorios de supuestas, pero inconsistentes transgresiones tales como, tomen nota que vienen curvas delincuenciales, de: «prevaricación, fraude, cohecho, negociaciones prohibidas a funcionarios, tráfico de influencias, revelación de secretos y de información privilegiada, delito electoral, asociación ilícita, extorsión e intento de coacciones» (sic). ¿Y saben por qué no «han entrado» sus Señorías en meter en la cárcel, multas, inhabilitaciones, etc., a los 34 trileros-porqueros, nada menos, del famoso «Caso Brugal»? Pues simple y malhadadamente para nuestra Justicia-justicia, porque el ministerio fiscal y la policía fueron dúo de impericias en sus investigaciones al aceptar como buenas las cintas (audio y video) aportadas por el presunto y mismísimo supuesto, que no es poco suponer, corruptor de políticos y funcionarios, Ángel Fenoll, el capo de toda la trama, inductor, trampero y chantajista, todo un «Tres en uno». Así que en un mamotreto de cientos de folios jibarizados en pendrive, desmontaron, uno por uno los argumentos acusatorios (quien dijera ayer, aparte de cuantos/as estuvieran en la pomada del juicio, que se los había leído, provocó hasta la carcajada del ínclito e iletrado Fenoll, muy consciente y aprovechado él de la soberbia y debilidades humanas).

Nadie conoce la mierda mejor que quien anduvo desde niño removiéndola para sacar provecho de lo que nadie quiere

Y ya entrando en intrahistorias, ¿conocen por qué a semejante trapisonda político-empresarial la pasma-pasmada le puso nombre de un ron? Porque el tal Fenoll, hombre muy presumido de su incultura para demostrar al resto que es mejor ser listillo de picaresca que inteligente titulado, analfabeto que cultivado, y, simplemente dominando ambiciones ajenas y la cuenta de la vieja aplicando las cuatro reglas, puedes hacerte millonario. Talmente presumía de ello en las impresionantes invitadas y tragantonas en cualquier buen restaurante de la Vega Baja, cuando entre sobremesas y obscenas proposiciones a sus convidados, gritaba en panocho alto y claro: «¡nene, anda, ponme otro Brugal!»

Nadie conoce la mierda mejor que quien anduvo desde niño removiéndola para sacar provecho (limpio o sucio) de lo que nadie quiere. Y esa fue la vida de Fenoll, pasando del sumidero como porteador de carretillas cuando adolescente, madurando después en algo chatarrero y, por fin, montándose una empresa de basuras, negocio cuya magra rentabilidad pocos conocen porque en esta sociedad de consumo y, por ende, de tanto detrito, tenemos las pituitarias demasiadamente delicadas, y nadie mete la mano en sálvese las partes, empezando por las propias, si no es con papel higiénico de por medio.

Hoy, que es mañana, Fenoll desplegará sus tirantes sobre la camisa de marca XXXXXL, y al albur de un menú largo y amplio, bostezará rumiando con el cubata de Brugal el próximo «primo» o «cuñao» con quien sentarse a jugar al tocomocho; José Manuel Medina repasará el carburador del Bugatti que mató a Isadora Duncan; Mónica-bonica Lorente se tragará el sapo de una hermosa carrera política que no fue; y algún que otro funcionario volverá al puesto que ya creía perdido. Mientras, la Fiscalía echa de menos la reforma socialista prometida; y un policía, hoy jubilado hartándose de hermosas mediterranías en la piel, hará una llamada a un compañero todavía en servicio para reconvenirle: «ya te lo decía yo, éste nos la va a meter doblada. Copón.»

¡Nene, un Brugal!

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