COLUMNA DE OPINIÓN de Pedro Nuño de la Rosa: «Nada como antes»

Salgo a la calle y ya no está el mundo que conocí. O, cuando menos, no es el que dejé cuando el Estado nos confinó en nuestras casas para cumplir prisión preventiva de larguísima y sobrepasada cuarentena.

La mitad viandante va embozada, generalmente personal mayor de 30 y pico; la otra media: despreocupadamente desenmascarillada con la impudicia de quienes se creen inmunes por obra y gracia de su lozanía juvenil.

El letal bombardeo de la Covid -19 ha pasado, al menos dicen hasta el otoño, y solo quedan heridos graves intentando darle la vuelta a las estadísticas de escabechina vírica, y de las que el Gobierno hizo tal trapisonda como para irrisión en el mundo occidental, al que se nos supone pertenecemos. Los números cantan y la comparativa da el fatídico resultado de un cuarto y mitad de esquelas mortuorias por encima de lo declarado en el parte diario del fijo doctor Simón, y los aleatorios ministros/as.

Que no nos merecemos estos políticos lo demuestran bien claro las empresas de consulting, exceptuando al manipulador perito Tezanos convertido en bufón estadístico para que nos echemos unas carcajadas cada vez que abre la boca de ganso

Aquí mismamente dependemos de la volubilidad de un Ximo Puig que un día aparece plantándole cara libertaria y yendo de por libre a su superior en el Estado y en el socialismo hispano, Pedro Sánchez, y a la siguiente comparecencia autonómica, no solo se pliega a lo que diga Madrid, sino que se arruga hasta ser más papista que el Papa de Peñíscola y de motu propio nos encierra por dentro echando la llave de la «Fase 2» hasta nuevo e indeterminado aviso.

Que no nos merecemos estos políticos lo demuestran bien claro las empresas de consulting, exceptuando al manipulador perito Tezanos convertido en bufón estadístico para que nos echemos unas carcajadas cada vez que abre la boca de ganso.

Y cuando escribo sobre desmerecimientos los significo a derecha y a izquierda. Lo que hemos visto en el Parlamento español es pelea tabernaria por la puta del poder, navajazos sin argumento y trileros de ataúdes. Mientras que en el Autonómico Comunidad Valenciana, ha reinado, nunca mejor dicho, la paz de los cemenyerios. El tripartito gobernante va cada uno a la suya, y no hay Dios que los obligue a conjuntarse en la de todos. Compromís solo habla de la autofinanciación, es decir: dame el dinero que ya me lo prorrateo yo, pues el que consigue (por aquello de que quien parte y reparte) siempre lleva la mejor parte como en baraja dándole mejor mano a quienes serán sus presuntos votantes. De los podemitas, ahora en plena guerrilla interna, ni se sabe ni se les esperan soluciones extramuros asamblearios por ver quién consigue aquí el virreinato del sátrapa Iglesias y señora, hablando siempre de autocrítica en el ojo ajeno, pero sin mirarse el suyo al que le han caído las cataratas de Iñigo Errejón o de los anticapitalistas, hartos del nepotismo de Galapagar.

No, tampoco la derecha convence. La señora Bonig manda menos, si es que alguna vez lo hizo en la C. V., que la yegua de Calígula. Es folklore de Visanteta política, un poco menos que nada. Los barones populares ya negocian entre ellos sin atender al escalafón, repartiéndose el presumible botín cuando inexorablemente caiga el castillo de naipes tripartitos.

Toni Cantó del Cs, como buen actor profesional, cambia de papel un día sí y otro también. Si ayer el guión se lo escribía Albert Rivera con su odio numantino a Pedro Sánchez y a todo lo que oliera a frentepopulismo e independencias, hoy lo redacta de puño y letra Inés Arrimadas, muy capaz (políticamente) de acostarse con extraños compañeros de cama. Así que no se sorprendan si cualquier día lo vemos bailando mariposas con Ximo Puig.

Es lo que hay. La vida ya no será igual, pero la fauna política tampoco se entera, siguen a lo suyo: violando a las vestales de la democracia. Pero, o mucho me equivoco, o la historia más que repetirse se imita. Pasó con César, con Napoleón, con Churchill… después de la última batalla todos perdieron, unos con la muerte, otros con el destierro y el inglés con el fracaso en las urnas.

Insisto, nada volverá a ser como antes. Esperemos que los políticos tampoco sean los mismos.

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