COLUMNA DE OPINIÓN DE Pedro Nuño de la Rosa: «¿Nada será como antes?»

El número siete es el arcano que los israelitas tomaron de la cultura mesopotámica y transmitieron a los griegos, quienes lo establecieron para la cultura occidental como pódium del saber: Los siete sabios de Grecia, los siete estadistas, los siete galenos, los siete cocineros, etc., aunque detrás de cada nombre propio de persona concreta y mitificada venía el apellido de una ciudad-Estado. Todo empezó en Troya.

Atados a la cadena domótica de nuestras casas, y apenas comenzando a salir al patio de la prisión urbana, siempre resuena la misma pregunta machacante por todos los alambrados altavoces de los mass-media: ¿cómo seremos después de la pandemia? Evidentemente micrófonos, cámaras y tinta líquida interrogan a los siete ilustrados, sean del orbe, la nación o el pueblo, inquiriéndoles, cuáles si fueran el oráculo de Delfos, por un futuro tan incierto para quienes sabemos (más o menos) de dónde venimos, pero en absoluto a dónde nos puede llevar el maldito virus. Los augurios no son buenos, y se asemejan mucho a los «castigo de Dios», aquellos que antiguamente provocaban hiperbólicas contriciones humanas después de diluvios universales, terremotos, tsunamis pandemias, invasiones bárbaras, y demás incompresibles genocidios. ¿Qué hemos hecho para merecer esto? ¿Y cómo podemos reparar nuestros pecados contra lo desconocido (aunque cada uno/a supiera sobradamente el-los mandamientos – natural o divino – incumplidos, cuando no insolentemente escarnecidos subiéndonos en el becerro de oro consumista.

Ahora, el caballo infiltrado y ya dentro de la sociedad globalizada, tiene nombre de monarquía y de pieza de relojería: el/la corona-virus sincopado en Covid 19. La naturaleza, de una racionalidad muy distinta a la nuestra, y a la que creíamos haber domeñado como a las fieras de un circo, vuelve a tomar las riendas de la historia. Después de medio milenio sin sacar su instinto de supervivencia, eliminando aleatoriamente a millones de humanos, nos ha dado otro zarpazo demostrándose irreductible, como ya lo hiciera mandando un aviso con la mal llamada «gripe española» redoblando la carnicería cañonera en la Primera Guerra Mundial.

Después del diluvio universal Noé fue el primero en pecar agarrando una borrachera de mucho cuidado. Mientras la peste negra se llevaba a media Europa, los jóvenes florentinos de pudientes familias montaban orgías con disoluta proximidad sexual

Nos toca pues, repreguntar a los siete multiplicados, después de oírlos en apocalípticas respuestas, asegurando que todo va a cambiar, si, a su superior y más leal saber, nos encaminamos hacia un nuevo tipo de sociedad, cómo nos explican que gracias a la desgracia (la paradoja humana) vamos a reconvertirnos en mejores, solidarios y respetuosos con el medio ambiente y con nosotros mismos. Después del diluvio universal Noé fue el primero en pecar agarrando una borrachera de mucho cuidado. Mientras la peste negra se llevaba a media Europa, los jóvenes florentinos de pudientes familias montaban orgías con disoluta proximidad sexual. Echaron la culpa de la «gripe española» a la guerra bacteriológica, cuando nada tuvo que ver. Y así podríamos seguir ejemplificando como invariablemente después de la absolución (o vuelta al letargo de la Naturaleza) condición y situación humanas se repiten con ningún arrepentimiento.

He salido a la calle para ver cómo pandillas de teenagers se abrazan, hablan y besan desemascarillados. Los niños correteaban ciñendo su ingenuidad al amiguito o a cualquier persona con la que tropiecen al recobrar la libertad ¿condicionada? Los mayores han perdido el conocimiento métrico con proximidades incontenibles. El sistema sanitario está agotado porque los de dentro ya son casi tantos como los que acuden. Los alumnos copian descaradamente sus exámenes porque tienen apuntador/a fuera de cámara. Y, lo que es peor de todo, muchos miles de alicantinos están rumiando en cómo se las maravillarán cuando se acaben los ahorros y los ERTEs se conviertan en EREs.

Mientras nuestros dignatarios políticos andan a hostias chulescas entre marquesonas, hijos del terror frapero, golpistas, váyase a la mierda y cierre la puerta cuando salga, amén de otras lindezas impropias de quienes salen por más de 6000 € al mes. Impresentables.

En conclusión: parece que vamos a ser más pobres, pero no mejores que antes. «Si buscas una buena solución y no la encuentras, consulta al tiempo, puesto que el tiempo es la máxima sabiduría», dijo Tales de Mileto, uno de los siete sabios de Grecia. Mal lo tenemos si consultamos al pasado.

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