COLUMNA DE OPINIÓN de Andrés Maestre: «Fortuna favorable»

Cuando escuché su voz por primera vez -su dicción, énfasis y firmeza- le pedí a Dios poder tener algún día esa templanza y capacidad para desarrollar una pasión con tanta finura y elegancia. Hoy, al enfrentarme a mi hoja en blanco semanal, he recibido una noticia de esas que nunca he querido conocer. Andrés Díaz Camarasa «El Embajador» de Petrer ha muerto. Se ha ido el mismo año en el que no se han celebrado las Fiestas de Moros y Cristianos a las que regaló media vida. El año en el que la maldita covid-19 nos impide despedirle con abrazos a sus familiares y amigos y nos priva de homenajes multitudinarios; a la altura de la enorme huella que deja.

Llevaba un par de días pensando en los asuntos a los que dedicar mi columna de esta semana. Temas no me faltan en este momento, donde la política todo lo ensucia y el odio se ha convertido en un germen que se propaga más rápido que el coronavirus. Pero, de repente, todo ha pasado a un segundo plano. El fallecimiento de Andrés me ha hecho reflexionar sobre las cosas importantes de la vida.

A veces le miraba embelesado, otras cerraba los ojos para concentrar mis sentidos en su voz

Hay personas que valen la pena, como Andrés. Su contribución a la calidad de las fiestas de Moros y Cristianos de Petrer, su generosidad y entrega al cargo de Embajador Moro y su humildad para representar el papel -en momentos donde su figura a veces pasaba desapercibida- le hace merecedor del respeto y admiración de quien escribe.

Coincidí muchos años dando cobertura a las fiestas en la radio, donde el sonido es el elemento principal. Fui espectador privilegiado con mis auriculares. A veces le miraba embelesado, otras cerraba los ojos para concentrar mis sentidos en su voz.

                “Fortuna favorable, pon en tu rueda un clavo y mantente involuble, constante siempre y firme en ampararnos…”

En una entrevista en los noventa me confesó que esta frase le costó años pronunciarla por su deje manchego. Arrastraba la ‘e’ de involubleee sin poder evitarlo. Su disciplina, tesón y perfeccionismo le hizo corregir y modular esa expresión. Interiorizó el cargo tanto que un día dejó de ser Andrés Díaz Camarasa para ser «Andrés el Embajador».

Siempre será “aquél insigne y valiente soldado” […] “tan marcial, tan airoso, tan bizarro, tan fiero y tan ufano” que tantas veces describió en sus impecables embajadas.

           “He de asaltar esa plaza, he de arrancar sus almenas, he de destruir sus casas, he de incendiar sus palacios, he de aplanar sus murallas…”

Escuchar esta frase en la voz de Andrés con los auriculares puestos y los ojos cerrados me trasladaba al campo de batalla. Me estremece y me emociona. Un día se lo dije, y desde entonces –al verme tras la embajada- me preguntaba ‘por lo bajini’ ¿qué tal tocayo? buscando mi aprobación.

Después le seguí viendo a los pies del caballo de su hijo Andrés. Y le veía en cada esquina de cada embajada de los municipios alicantinos a los que mi trabajo me ha llevado. Cuando la pandemia pase -y vuelvan a celebrarse las fiestas de Moros y Cristianos- yo tornaré a enfundarme mis auriculares. Volveré a narrar las entradas, pasacalles y embajadas de muchos municipios alicantinos. Le seguiré buscando en cada esquina, y no podré evitar compararle con los que ahora dan continuidad al legado que él –y otros como él- han dejado a nuestras fiestas. “Ricote ha dejado el listón tan alto que a lo más que aspiro es a mantenerlo”, me dijo un día con esa humildad que le caracterizaba. El cielo ha ganado a una gran persona, que ha sabido solventar los conflictos con la palabra, el tesón y la razón. Descansa en paz querido amigo.

Mi última entrevista a Andrés Díaz Camarasa, en su papel de Bisbe Arnau de Gurb durante la representación de «La Rencició» en Petrer / Noviembre 2014

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