COLUMNA DE OPINIÓN de Pedro Nuño de la Rosa: «Alicante después de la pandemia»

Vivimos el futuro del regreso al pasado. Del cordón umbilical materno donde éramos limbo, ahora estamos enganchados al cordón umbilical cibernético y sin ADN. Nuestra relación con la pantalla supera cualquier otra conocida (o por conocer) con los humanos mortales, salvo en aquellos semejantes dedicados al socorro y subsistencia de los demás: o sea sanitarios, transportistas, suministradores de alimentos, mecánicos del alma, del cuerpo y de la automoción. Éstos días, hasta los cristales de nuestras ventanas se han convertido en pantalla que no podíamos traspasar.

Han dejado de sonar las alarmas que alertaban sobre la llegada de los aterradores y letales bombardeos de la Covid-19, pero en la calle sigue pululando la policía y los pasquines de advertencia «se busca un asintomático infectado». Mi panadero dice que solo vende pan para congelar. Cuando haces un pedido al supermercado te traen la mitad de cuanto demandarse en un correo electrónico, alegando que es lo que hay en una economía de calamidad. El peluquero, un pincelín con aires de esculpidor, me asegura turno, pero sin hora ni día exactos. El quiosquero ha cerrado porque ya no vendía ni los  periódicos que regalan mascarillas; me pregunta – quid pro quo – por mis artículos en El Mundo, y le confieso, no sin cierta vergüenza, que soy otra víctima del ERTE generalizados. Y ya hace tiempo que no acudo a mí otra faena en el Canal 12 porque no me acabo de ver cómo periodista orquesta, y me limito, naufragó en casa, a mandar estas reflexiones escritas que intentan navegar en el mensaje (al fin y al cabo también es el medio que sentenció McLuhan).

Ximo Puig se ha quedado solo porque su pareja de baile Mónica Oltra desapareció en la miopía política del no sabe no contesta

Ayer, asomado la ventana como si estuviera pelando la pava con el enemigo vírico, vi pasar a tanto deportista en chándal o calzón corto que la ciudad parecía una olimpiada al ralentí; sin embargo las persianas comerciales seguían soldadas a la desesperanza del negocio desahuciado por un pagaré sin remitente. Nadie sabe qué va a pasar fuera de las previsiones voceadas por los apocalípticos, o timoratamente silenciadas por los integrados. Nadie (como dijo el poeta) «que enfrente no hay nadie».

El Gobierno central especula con el 2022 como si los estómagos pudieran aguantar los retortijones hasta entonces. Ximo Puig se ha quedado solo porque su pareja de baile Mónica Oltra desapareció en la miopía política del no sabe no contesta; y los podemitas, con la calle vacía, son poco menos que nada. Por último, Luis Barcala no tiene plan C para cuando el infecciosos tsunami escampe; entre otras y poderosas razones porque Pedro Sánchez nos plantea un plan A sin enjundia de futuro, solo resistencia heroica dándolo todo por perdido para intentar vivir de la caridad europea; Pablo Casado tampoco nos ofrece un plan B, salvo el cuanto peor mejor político. Mientras nuestra vicealcaldesa de Ciudadanos se aburre de sí misma. ¿Hay alguien más ahí fuera?

Alicante no tiene un engranaje mecánico que mañana cuando se levante la cinta de salida pueda comenzar a funcionar tal que antes. Somos ciudad de servicios y, por extensión, marítimo-climatológica, turística. Pero imaginarse el siempre atiborrado Postiguet con mamparas de metacrilato, solo cabe en la ciencia ficción de un mundo lobotomizado. Incluso la extensa playa de San Juan en conflicto ahora con Campello, puede ser motivo de reyertas por un quítame allá esa toalla con esa sombrilla, cinta métrica mano; y eso por no hablar de las mini-playas de la Albufereta o San Gabriel.

Más que de grandes restaurantes con mesas bastantes, somos gente de barra, tertulia y picoteo. Por lo cual miles de familias serán pasto de los ERTE que, a no tardar y por la mera lógica de la insuficiencia, se convertirán en EREs, una pandemia laboral. Y eso sí que puede desembocar en malestar social y callejero incontrolables. Ahora es cuando entramos en la dinámica más peligrosa: salir de la morgue para entrar en la algarada y en el tumulto.

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