COLUMNA DE OPINIÓN de Manuel Avilés: «Dos años de la desaparición de ETA»

En octubre de 2011 ETA, una organización terrorista que traía al Estado de cabeza desde la década de los años sesenta del siglo pasado, anunció que cesaba lo que ellos llamaban lucha armada y nosotros llamábamos terrorismo en estado puro.

Hoy se cumplen dos años desde que ETA anunció, de nuevo con gran aparato publicitario, su disolución. El tres de mayo de 2018 en un comunicado leído en español por Urrutikoetxea Bengoetxea – Josu Ternera para entendernos- y Soledad Iparraguirre – Amboto para entendernos-, ambos con un largo historial de atentados a sus espaldas, dijeron alto y claro que entraban en un nuevo periodo histórico, que continuarían de otra manera la lucha por una Euskal-Herria (esta es una realidad mítica e idealizada, inventada por Federico Krutwig y sus adláteres y que no se encuentra en ningún mapa) reunificada, independiente, exuskaldun, socialista y no patriarcal (lo mismo pretenden  Torra y Puigdemont con sus montajes, pero estos en catalán).  Dijeron en el comunicado que ETA surgió del pueblo – de las juventudes del PNV que vivía un cómodo exilio en París durante los años del apogeo franquista- y se disolvía en él – o sea unos cuantos en el PNV, que siempre tuvo su ventanilla abierta con los etarras y sus familiares; y otros muchos más en Bildu, que no es sino lo que ha sido siempre Herri Batasuna, Eukal Herritarrok, Zutik, Batzarre, Sortu, Gestoras pro amnistía, Etxerat,  Euskal Herria Bildu y no sé cuántos más, que estos son expertos en cambiarse los nombres, crear mil grupúsculos satélites que comulgan con idéntico rollo  y siguen siendo los mismos. Todo ese colectivo y unos cuantos más forman el MLNV, el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, como Aznar llamó a ETA erróneamente, pues ellos solo eran la punta de lanza, la vanguardia armada de ese movimiento que es mucho más amplio, no solo integrado por militantes armados – terroristas- sino por todo tipo de colectivos encuadrables en todos los movimientos sociales que quieren una Euskadi independiente.

En fin, que ETA hace ya diez años que no pega un tiro – afortunadamente-, hace casi nueve que anunció que dejaba de practicar la lucha armada – el terrorismo para nosotros- y hace dos que anunció que dejaba de existir aunque perviven sus objetivos de un País Vasco independiente y con derecho a decidir – lo mismo que pide Torra hoy, una Cataluña independiente y con derecho a decidir y lo mismo que propugna  Joan María Piqué que, anacrónicamente, llama a la lucha armada – véase El Mundo Cataluña del dos de mayo-. Este tipo era responsable de prensa de Artur Mas y, a esta hora no tengo constancia de que, por tal llamamiento, haya sido detenido y puesto a disposición judicial.

Es un bonito aniversario: dos años de la disolución de ETA. Ha pasado a la historia, por tanto, la banda que atentó contra la vida de Carrero Blanco, el que parecía destinado a ser el sucesor de Franco y que fue fácil e incomprensiblemente asesinado en diciembre de 1973, cerca de la embajada de Estados Unidos, con un túnel practicado en una calle por la que pasaba a diario tras oír misa en los jesuitas -vean el peligro de la puntualidad germánica y de las costumbres piadosas-.

Queda lejos el atentado de Hipercor en junio del 87, llevado a cabo por un talde multicultural que buscaba la liberación de Euskadi

Casi nadie se acuerda del atentado de la Plaza de la República Dominicana en julio de 1986 en el que murieron doce guardias civiles que iban a la academia de tráfico. Ya saben, esos señores que no ayudan en la carretera ni hacen que esta sea más segura para los conductores. El psicópata siniestro De Juana Chaos – de lo peorcito que he conocido nunca, un psicópata de manual- sembraba el terror con su comando Madrid. Otra vez la puntualidad, los transportes colectivos y la repetición de itinerarios. Una furgoneta  estalló al paso de un autobús dejando 12 muertos y sesenta heridos, por orden de Santi Potros, Arrospide Sarasola, que salió hace unos años de la cárcel de Villena. De Juana Chaos – yo presenté una queja en la Audiencia Nacional porque discrepaba de las cuentas hechas para su excarcelación, un mejunje intragable, y me contestaron amablemente diciéndome que no era parte en ese procedimiento y no tenía derecho a ser informado-. Este tipo, junto con otros etarras, entre ellos la líder del frente de cárceles la abogada Arantxa Zulueta planearon mi muerte en los locutorios de Alcalá Meco. Ahora, De Juana, ejerce como bodeguero – es mi última noticia sobre él- en Venezuela. Un resort en el Caribe como premio a su esforzada y patriótica lucha. Zulueta fue hace poco condenada a tres años y medio por liderar el frente de cárceles y ejercer como abogada etarra para controlar a los presos.

Queda lejos el atentado de Hipercor en junio del 87, llevado a cabo por un talde multicultural – Josefa Ernaga, vasca; Domigo Troitiño, palentino de ascendencia gallega; y Caride Simón, gallego- que buscaba la liberación de Euskadi. Para quien no lo sepa diré que tras perpetrar el terrorífico atentado, huyeron a Francia y fueron recogidos por otro comando cerca de Lourdes en el que también había gallegos libertadores de Euskadi. Debieron de ir a rezar por la masacre que rápidamente excusaron diciendo que habían avisado de la bomba. Si no querían matar gente y solo querían causar daños al capital ¿Para que pusieron gasolina, escamas de jabón y pegamento en el maletero del Ford Sierra explosionado?

No me voy a eternizar hablando de atentados, incluso de amigos míos – Angel Mota, administrativo y  Gómez Elósegui, Psicólogo de Martutene; Máximo Casado, Jefe de Servicios de Nanclares; Joseba Goicoetxea, sargento de la erzaintza o Juan Mari Jaúregui gobernador civil de Guipuzcoa-. De todos tengo recuerdos sentidos que no caben en un artículo. Baste decir, por ejemplo, que en mayo del 96, a las puertas de la cárcel de Martutene, ya con el Gobierno de Aznar recién formado, no éramos suficientes para sujetar una pancarta pidiendo la liberación de Ortega Lara. Solo estábamos Jaúregui, Ana Iríbar, la esposa de Gregorio Ordoñez, su hermana Consuelo y yo, cuatro para sujetar una gran pancarta que arrastraba.

Es un bonito aniversario la disolución de una banda que creíamos antifranquista y que sobrevivió a Franco muchísimos años siguiendo la máxima de líder etarra Juanjo Etxabe: “Nosotros no somos antifranquistas, somos antiespañoles”. Este fue uno de los participantes en el primer atentado etarra, mucho antes de la muerte del guardia civil Pardines, contra un tren lleno de alféreces provisionales – estudiantes enrolados en la guerra en el ejército franquista y que fueron hechos alféreces de golpe, con perdón por lo de golpe- que se dirigía a San Sebastián. En 1978 sufrió un atentado del Batallón Vasco Español o de la Triple A que eran los mismo, en San Juan de Luz,   murió su mujer y él fue gravemente herido.

Es un bonito aniversario y veo cómo aún muchos, innumerables políticos de derechas claman contra la libertad de etarras y contra el acercamiento a las cárceles vascas de los que quedan.

Yo reclamé por la libertad de De Juana Chaos porque creía – y sigo de sobra convencido- de que las cuentas estaban hechas por algún tuercebotas. Quería ver el expediente y revisar el tiempo cumplido y el redimido  con todas sus circunstancias. No he podido, no soy parte.

¿Cumplen la ley para el cumplimiento de su condena o para los terceros grados? Pónganse en la calle porque la peor ley es la que no se cumple. ¿Qué pasa con el acercamiento? Hay que acercarlos a todos. Así de claro, señor Marlaska sin miedo a las preguntas como antaño las hacía Alvarez Cascos. A todos. La dispersión la ideó Antonio Asunción y ha sido un baluarte indispensable en la disolución de la banda – algo sé de eso en lo que he trabajado un porrón de años y por lo que he pagado un altísimo precio-. La dispersión pretendía luchar contra una banda que ya no existe luego esa dispersión no tiene sentido y es solo un castigo añadido sin ninguna base legal porque el penado tiene el derecho a cumplir cerca de su entorno – no los voy a marear con artículos de la Constitución, la Ley y el Reglamento penitenciarios-. A la vez, afirmo una vez más la importancia de la Institución Penitenciaria en el desguace de ETA.  Con la banda disuelta e inoperativa hace diez años carece de sentido que una etarra cumpla su pena en Almería o en Algeciras, diga la derecha lo que le de la gana y hagan el uso del terrorismo que quieran.

 

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