COLUMNA DE OPINIÓN de Pedro Nuño de la Rosa: «Los muertos»

En la lucha global, y por lo que parece, aún seguimos a ciegas contra la pandemia. Nosotros, en la Comunitat Valenciana, andamos tuertos, pero no peores que en otras comunidades autonómicas. Incluso de vez en cuando se ve al presidente Ximo Puig como tercera vía entre el negacionismo catalán y madrileño versus el «sí, bwana» de otras autonomías, Ayuntamientos y medios de comunicación súbditos fervorosos de Pedro Sánchez y su discurso monocorde con epílogo de quien ni parece saber, ni contesta a las incómodas preguntas de los periodistas ajenos al pesebrismo del poder.

En cierto sentido, ese ligero desmarque del «Madrid dixit» viene obligado porque también el president sabe que nuestra región pocas «glorias (puede) ofrecerle a España» (como canta el himno de los Valencianos para los valencianos) si, y a lo que parece, alguna mente o equipo de iluminados en cualquier parte del planeta no descubre antes de un mes cualquier antiviral garante de retornar al homo sapiens a la jungla de la calle, aunque los viejos sigan su forzosa reclusión en la caverna.

La Comunitat Valenciana, y ya no digamos la provincia de Alicante, vive principalmente del turismo y de los servicios, tanto en el PIB que aportamos a la nación, como en el número de trabajadores dedicados a esta industria fundamental para nuestra subsistencia. Pero, y a lo que se ve, o tal vez lo lleven el secreto en el Palau, no la sabemos de cómo se está, si es que se está, planificando la incierta trayectoria a la salida del túnel.

¿Cuándo prorrumpirán los niños en la vía y parques públicos, y en qué orden de edades? ¿Cuál será la secuencia de aperturas desde guarderías a la Universidad? ¿Se podrá reclamar al responsable de este genocidio?

¿Cuándo prorrumpirán los niños en la vía y parques públicos, y en qué orden de edades? ¿Cuál será la secuencia de aperturas desde guarderías a la Universidad? ¿Test con certificado para aquellos curritos/as cuyo concurso va desde lo profiláctico imprescindible hasta el ocio más suelto y consumista? ¿Cómo se materializarán las ayudas a los municipios (desde las megalópolis a los pueblecitos de la España vacía)? ¿y bajo qué orden estructural se repartirán las ayudas de Europa, el Estado, la Generalitat, Diputación y demás administraciones vividoras de nuestro voto? ¿Se podrá reclamar al responsable (si llegamos a saberlo) de este genocidio? ¿Quién amparará a los medios de comunicación, independientes por privados, si la publicidad resulta prescindible como excusa para la remontada económico-laboral?

Me acojo a esta última interrogante pues ando bastante alarmado con el señor Pablo Iglesias y secuaces acusando de canallas y cavernícolas a quienes no acatan y bendicen sus estulticias venezolanas, abogando poco más o menos con que debieran cerrarnos echando la llave al sumidero de la ultraderecha que, y para ellos es todo aquel/aquella contrario a la dictadura del proletariado biznieto del absolutismo: «todo para el pueblo, pero sin el pueblo».

Por eso me cuesta entender cómo desde Pedro Sánchez hasta Ximo Puig no conjugan Gobiernos de concentración, es decir, contando con Casado, Arrimadas.. y Bonig, Cantó…, y los grandes agentes sociales de la patronal y los sindicatos, sea propiamente o a través de asignados, capaces de dar soluciones tragándose la ideología de la que la Covid-19 poco entiende. Claro que el señor Iglesias es muy capaz de decir que una pandemia también es ideología, aunque tal aserto iluminado  no nos lo ha aclara el virus letal.

Veo a Andrés Maestre con algún invitado/a dar el parte de guerra en Alicante predominando el denominador común de «no estábamos preparados para esto». Cuéntenselo a los fallecidos y a sus deudos

Observando en las redes donde se miente más que se escribe, ahora tenemos demasiado tiempo de holganza, uno lee que si los culpables son los chinorris ineptos por un virus escapado del laboratorio, o arteramente listos porque quieren dominar el mundo. Y sensu contrario que los americanos mandaron a China semejante misil vírico. Gilipollez mutua. Literatura escabrosa e indocumentada. Nadie conoce a nadie. Es la conflagración mundial sin fuego amigo ni enemigo.

Muchas tardes, mientras autocritico mi cena en soledad, veo a Andrés Maestre con algún invitado/a dar el parte de guerra en Alicante predominando el denominador común de «no estábamos preparados para esto». Cuéntenselo a los fallecidos y a sus deudos.

Como dijo Bécquer: «que solo se quedan los muertos», Andrés.

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