COLUMNA DE OPINIÓN de Olga Avellán: «Altruismo perecedero»

Estoy maravillada con el desenfreno de voluntariado que ha aflorado en la gente. Hemos regresado como en una máquina del tiempo a la época de cuando mi abuela era joven. Me contaba la ayuda que había entre vecinos. Todos los de la calle formaban una gran familia. Se cuidaban los unos de los otros. Cuando alguna de ellas bajaba al mercado daba el aviso a las demás por si necesitaban que les comprase algo. ¡A buenas horas lo íbamos a hacer en estos tiempos! Pero mira, ha vuelto.

Las personas van por delante de los políticos. Aparadoras y modistas desde sus casas destinan sus máquinas a confeccionar mascarillas. Grupos de jóvenes que se organizan para hacer la compra o llevar al médico a los mayores. Agricultores desinfectando las calles con sus cubas. Aunque el ingenio del virus del altruismo va mucho más allá. Entre mis vecinos hay un pintor que ha movilizado al resto para aprovechar estos días y pintar la terraza. Treinta años viviendo en el edificio y jamás se le había ocurrido; ha quedado monísima.

Es algo insólito ver a la policía repartiendo flores en los hospitales, llevando tartas a las personas mayores o animando a los niños con mensajes de personajes infantiles por la megafonía de los coches patrulla

Los ejemplos de solidaridad por las empresas son ilimitados –y superan a lo imaginable-. Restaurantes que dan de comer gratis, hornos que mandan pasteles, viveros que donan flores, manufacturas que cambian sus producciones a pantallas protectoras o mascarillas… Todo para proteger, dar ánimo o agradecer la entrega a los profesionales sanitarios y cuerpos de seguridad. Es algo insólito –que roza lo ridículo- ver a la policía repartiendo flores en los hospitales y residencia de ancianos, llevando tartas a las personas mayores que cumplen años o, incluso, animando a los niños con mensajes de personajes infantiles por la megafonía de los coches patrulla.

Los famosos también se suman a esto del altruismo. Los futbolistas cargan sus redes sociales de vídeos con consejos sobre deporte en casa, los cocineros de recetas, los cantantes dan conciertos virtuales, las compañías de teatro cuentan cuentos para los más pequeños… todo disponible y accesible de forma gratuita vía online. Lo harán por solidaridad, por matar su propio aburrimiento o será para no caer en el olvido, para recordarnos que están ahí. Pero, en cualquier caso, lo están haciendo.

Para ser sincera, en todo este mes de confinamiento no he colaborado en asistir a nadie. Estoy más para que me ayuden que para ayudar. Embarazada de ocho meses y medio y con un niño de tres años en casa tengo bastante ocupación. Pensándolo bien, si lo que escribo empuja a alguien a reflexionar, entonces sí que estoy aportando a la sociedad.

Me gustará seguir saliendo al balcón a las ocho, aunque sea sin aplaudir. Seis años viviendo en esta casa y no conocía a los del bungalow de enfrente. Ahora nos saludamos a diario

Ha tenido que llegar el Covid-19 para que nos demos cuenta de que hay otras personas cerca de nosotros que tienen necesidades. Tengo la esperanza de que cuando esta crisis acabe la fiebre de la solidaridad perdure. Mucho me temo que tiene fecha de caducidad y se irá tan rápido como ha venido en cuanto nos permitan retomar nuestras vidas. Ojalá me equivoque y quede grabado en el ADN de la gente un pequeño atisbo de todo este derroche de altruismo. Me gustará seguir saliendo al balcón a las ocho, aunque sea sin aplaudir. Seis años viviendo en esta casa y no conocía a los del bungalow de enfrente. Ahora nos saludamos a diario. Si algo hemos ganado con esto son las relaciones personales y la generosidad mostrada. Porque como decía Churchill, “Vivimos de lo que conseguimos, pero hacemos una vida de lo que damos”.

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.