Servicio público

Llevábamos tres generaciones sin guerras ni pandemias. Apenas quedan ancianos que puedan recordarnos lo vivido en nuestra última contienda civil, cuando se oían los motores de los bombardeos y en menos de 5 minutos estallaba la dinamita caída indiscriminadamente (algunos historiadores dicen que no tanto, sino que había objetivos «de castigo»), y cuando el más prolongado silencio daba cierta seguridad, se recogía primero a los heridos y después se retiraba a los muertos. La gripe asiática, algo mejor recordada por ser a finales de los 50 del pasado siglo, produjo víctimas, aunque no tantas como anteriores pandemias. Por otra parte, vivíamos en dictadura y todo quedaba silenciado a falta de libertades, incluida la informativa.

La gripe porcina y el rebaño de vacas locas pasaron por aquí, pero apenas llamaron a la puerta de los Pirineos. El susto o muerte, se quedó en susto.

El Ébola salió de África, y Occidente puso murallas profilácticas, y en África quedaron los cadáveres. Después vino el sida, y ése muchos lo recordamos más vivida y próximamente porque algún amigo o conocido falleció al dejar de ser inmune a cualquier mal que lo atacara. Incluso, los más reaccionarios, que son los agoreros acogiéndose a Dios sirven el diablo, y como si se tratase de la peste negra medieval, poco menos aseguraban un castigo de Dios contra homosexuales y drogadictos. Tanto en un caso como en el otro, hubo que esperar dos años hasta el descubrimiento de una vacuna bien testada y de medicamentos, aislamientos y desinfecciones para dejarlos en un pasado que ya nadie quería recordar.

Éste coronavirus es diferente por invisible. Lo llevamos encima entre un 60 y 70% (de los que pueden morir un 10%), según los créditos reveladores de acreditados científicos y expertos internacionales. Entonces nos preguntamos, ¿lo tendré yo? Y aún todavía otra pregunta si cabe más angustiosa: ¿seré yo el próximo en caer? ¿Qué narices hacen madrileños y mesetarios invadiéndonos en invierno?

Sabemos que se están preparando las UCI en todos los hospitales públicos y privados de la provincia de Alicante

El virus del miedo, de la duda, de la insolidaridad, de la claustrofobia en las casas convertidas en prisiones con los cerrojos por fuera, nos invade, y el antídoto de la información me obliga a llamar al alcalde Luis Barcala, a mi amigo José Tuells profesor universitario especialista en pandemias y gran promulgador de nuestro Balmis, el héroe de la viruela, y, por último, a un compañero de peña gastronómica, comisario él, y por ende tienen prohibido hacer declaraciones, para eso ya hay un mando único; e incluso, por ponerle la cuarta pata más personal a la mesa de los convencimientos, hablo con mi médico personal, Enrique Martínez Arnau. Todos conciben en el mismo mensaje, no por menos machacón, desgraciada e infaliblemente cierto. ¿Para qué se lo voy a repetir a ustedes?

Nuestro mundo ya no volverá a ser como antes

Sabemos que se están preparando las UCI en todos los hospitales públicos y privados de la provincia. Inclusive, y según me han filtrado fuentes autorizadas, se están evacuando tanto de las clínicas públicas como privadas, primero a quienes pueden pasar en sus casas el pre (o el post) operatorios, y después a quienes no requieren una intervención quirúrgica inmediata. También que semejantes decisiones médicas están provocando no pocos reproches en los afectados y familias, pero que no hay otro remedio ante las desaladoras previsiones.

Nuestro mundo ya no volverá a ser como antes. Algunos próximos, o quizá usted o yo, podrían-mos caer, y para eso debemos prepararnos en algo que se llama el «beneficio colateral de las guerras», por ejemplo: el cambio de nuestras costumbres higiénicas, el encierro forzoso sin dejar de ser voluntario, y las grandísimas repercusiones económicas por las que muchos van a quedarse sin trabajo, y los demás tendremos que trabajar reduciendo salarios, e incluso echando horas extras.

Todavía queda lo peor. Como somos periodistas tenemos la obligación civil de seguir informando. Lo haremos, aunque caigamos como ha pasado con muchos sanitarios. No les quepa la menor duda.

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