Abogados «a punta pala»

Mi señora me ha vuelto a echar de casa. Ya estoy otra vez – fuera también del imperio de la madre Torquemada y el padre Caparranas- a expensas de la caridad del malvado Vizcaíno. ¿Para qué iría a rescatarme de las manos de Sor Gestapo? He vuelto al colchón hinchable y a pedir, por favor, que me deje dormir en el Mad Pilot con mi cubo de quintos a tres euros. He vuelto a pasar la noche viendo “realitis de puterío” y a cambiar la tele, metido en la madrugada, a las noticias de 24 horas.

Hoy me he llevado una alegría aunque solo sea por el lado emocional y de recuerdos de  infancia. Veo en el periódico manoseado y con restos de mil desayunos, de cafés  y medias de aceite, que entre los cien mejores colegios de España hay seis claretianos y en dos de ellos, estudie yo. Me ha servido de poco. Solo para llegar, como Groucho Marx desde la nada hasta las más altas cotas de la miseria. Me tendrían que dar el diploma al alumno inútil porque, en los Claret en que estuve, estudiaba en el sector pobre – con beca franquista- y los curas me daban los libros de tercera o cuarta mano. Me curé del pecado de la envidia y del postureo porque  niños de papá que los tenían brillantes desde el primer día, con libretas flamantes y rotuladores de todos los colores, eran torpes como cerrojos y había que explicarles sesenta veces cuáles eran las comarcas de Burgos y qué era eso del sujeto y el complemento directo. Mucho libro nuevo, mucho estuche impecable de escritura y cerril como una acémila de arriero.  Ningún cura me metió mano – ahora que está de moda sacar trapos sucios de hace cuarenta años- eso sí, hostias como panes me dieron casi todos. En los cuatro primeros años no vi el sol prácticamente ni un día. Avisaban a los castigados y yo sabía que estaba en la lista invariablemente.  No quedaron más que dos o tres curas sin pegarme – por mi bien, para hacerme un hombre de provecho-  en los muchos años que dan para emular a J.D. Salinger y el colegio de Pencey, el de El guardián entre el centeno: “Desde 1888 moldeamos muchachos transformándolos en hombres magníficos y de mente clara. Bobadas”. No conocí allí a nadie magnífico ni de mente clara –salvo a José Antonio Pérez Tapias. ¡Qué pena que no ganara a Sánchez en las primarias socialistas!-.

Los de Podemos quieren sacar una ley expres sobre libertad sexual. Está ley me habría hecho falta cuando los claretianos, en el colegio, me amenazaban cada noche con las penas del infierno

La primera noche, expulsado del hogar conyugal, tengo insomnio. Entran dos colgados al Mad Pilot con cara de ningún amigo. Me dejan en paz  con sus litronas. Hacen caso del cartel que prohíbe fumar – tabaco o cualquier otra cosa- y se van a la terraza a seguir haciendo gala de su gilipollez. Los oigo reírse sin  motivo, expresión de imbecilidad evidente.

La televisión me reafirma en mi ser profético: La locutora – mona ella, maquillada ella, con una voz perfecta para las horas que son, ella- dice: “Casado y Feijoo pactan la hoja de ruta para absorber a Ciudadanos”.  Iturgaiz quiere pactar con Vox. ¡Aleluya! ¿Cuántas veces he dicho aquí mismo que PP y Ciudadanos y Vox son lo mismo? Tres iguales juntos  ante el peligro porque ellos son el peligro. Feijoo se contradice con otras declaraciones: moderación y salir de la trinchera. La política hace extraños compañeros de cama como decía Pujol cuando era honorable y antes de que se supiera lo de las bolsa de basura llevadas bajo cuerda hasta Andorra. Una pasta.

Expulsión del lecho conyugal no amanso el insomnio con el cubo de quintos. Sigo excitado – en el peor y menos lúbrico de los sentidos-. La libido –por los suelos como cuando me amariconaron al pincharme el Eligard- se me sube de golpe cuando veo a la Montero – no la que me gusta, que es la de Hacienda, sino la otra, la de Galapagar-. Explica que ha habido una bronca en el seno del gobierno pero que, al final, no ha llegado la sangre al río.

Con el  móvil  de quinta mano –se puede ser sin techo pero no sin móvil- me engancho al wifi  a ver qué bronca están contando.

Los de Podemos quieren sacar una ley expres sobre libertad sexual. Está ley me habría hecho falta cuando los claretianos, en el colegio, me amenazaban cada noche con las penas del infierno, antes de irme a la cama, para que durmiera acojonado.

En un estado de derecho una ley no tiene que ser ni feminista ni machista, sino razonable, estudiada, equilibrada, moderna, justa…

Leo el borrador de anteproyecto. Hay abogados “a punta pala”. Todos saben derecho. Si yo digo: Voy a dar una conferencia sobre “La reacción de un núcleo pesado bombardeado por neutrones para convertirse en inestable”, todo el mundo  calla porque no tiene ni puta idea – yo tampoco. Si hablamos de derecho penal, surgen letrados  hasta debajo de las piedras. La culpa es de Rajoy que nombró asesor para reformar el código a un predicador evangelista que no sabía distinguir la estafa del estupro. Tiro de wifi y leo – para paliar mi crisis matrimonial- el “borrador de la ley expres y feminista”. ¡La madre que me parió! En un estado de derecho una ley no tiene que ser ni feminista ni machista, sino razonable, estudiada, equilibrada, moderna, justa… Desde luego, la propaganda, de los supuestamente de izquierdas, no puede ser más desgraciada: “Quiero volver a casa sola y borracha”. Mala manera de expresar deseos de libertad y seguridad. Un genio de la gilipollez el inventor del eslogan.

Los juristas han puesto el grito en el cielo y dicen que es una ley rematadamente mala, que es un batiburrillo infumable y que los textos normativos se escriben de otra forma. No admite discusión que en cualquier conducta sexual en la que no hay consentimiento hay una agresión. No hay duda de que no se puede forzar de ninguna manera la voluntad de ninguna mujer para usar su cuerpo como si fuese un trapo de usar y tirar. No hay duda de que cada mujer es dueña de su cuerpo y de hacer lo que le de la gana con él. No hay duda de que lo que algunos llaman “cuestiones técnicas” son elementos importantísimos porque son los que se van a esgrimir en los tribunales para anular sentencias. Dejen legislar a los juristas porque hacer un código penal es una cosa muy complicada. Mucho más que dar un mitin ante un auditorio arrebatado, lleno de “pircings”, de “tatus” y de eslóganes contundentes – machete al machote, me gusta-. No vayan de modernos por criminalizar los piropos – más pasados de moda que las canciones de Antonio Machín- porque en el código  de Primo de Rivera de 1928, en el artículo 819 ya quedaba claro: “el que aun con propósito de galantería se dirigiese a una mujer con gestos, ademanes o frases groseras o chabacanas, o la asedie con insistencia molesta….será castigado…” A ver si las señoras Montero, Beatriz Gimeno, Boti y demás colegas creen que han inventado la pólvora.  La mujer merece y es dueña de todo el respeto del universo y el hombre también. No puede ser considerado culpable por sistema ni estigmatizado creando para él lo que tantos juristas han llamado “Derecho Penal del enemigo”. En teoría todos somos libres. O debiéramos serlo.

 

One thought on “Abogados «a punta pala»

  1. Brillante artículo y sabias reflexiones, Sr. Avilés: «en teoría, todos somos libres. O debiėramos serlo». Y es que de la teoría a la práctica todavía sigue habiendo un gran trecho. MJ

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