Tengo una amante

¡Que más querría yo, pobre de mí! Estoy preparando las clases del Taller de Novela Histórica de la UA y, estudiando la figura de Isabel II, pendón desorejado donde los haya, se me ha ocurrido el título para excitar la curiosidad de los lectores. Mentira cochina, ilusiones y jorobas no hay médico que las cure. Ni amante ni leches. Pura estrategia publicitaria, como la de los poderes fácticos mundiales con el coronavirus, que estoy hasta los mismísimos del microbio ese de los cojones. Se mueren miles de personas de la gripe, del cáncer de próstata, de pulmón, de páncreas o de esófago. La palman a porrillo de infartos de toda índole y causa y aquí, porque hay cincuenta infectados con el microbio de los chinos, hasta los facultativos y las señoras de la limpieza, andan mangando mascarillas en los hospitales y dejando los almacenes desabastecidos. Somos lo que no hay, borregos miedosos a poco que el poder se empeñe en hacer publicidad de cualquier cosa.

Les voy a decir a los del coronavirus lo que le dijo aquel cateto de mi pueblo al cura fascista que andaba metiendo miedo todo el día con el infierno y su sufrimientos. Poniéndonos verdes a todos por lo pecadores que éramos – este tema pega ahora que ha empezado la cuaresma- y avisándonos una y otra vez de cómo arderíamos en esas calderas sin remedio. Y decía eso él, que tenía novia formal y edificó un cine al que llamaba benéfico social – con Franco rampante que aquel cura tenía un par de huevos- y con cuyas recaudaciones en un pueblo mísero de la Andalucía profunda, se reía a carcajadas de la pobreza evangélica. Con su novia imagino que, en privado, se reía aun más de la castidad. Pues jugándose el tipo, un cateto de mi pueblo, cuando el cura amenazaba con las penas del infierno, con la iglesia hasta los topes, le dijo en voz alta: Don Blas, si hay que ir al infierno, se va, pero deje usted ya de acojonarnos.

Acojonado estoy yo pero no por el infierno ni por el coronavirus, que ambos me la soplan. Creo que me está atacando el alemán. Sueño por las noches con Sor Gestapo. La madre Torquemada  se me aparece en sueños y me da broncas continuas por los motivos más dispares: llevar los calcetines rotos, el cuello de la camisa doblado y sucio, ir vestido de manera desastrosa y hasta por leer libros heréticos, que dicen las monjas que la lectura solo tiene que ser – mucho más a ciertas edades- de temas piadosos y edificantes. Dicen, como el don Blas de mi pueblo, que leer a Bukowski en la jubilación es un síntoma de trastorno mental grave. Y a Jack London – El vagabundo de las estrellas-; a Miguel Delibes – Las guerras de nuestros antepasados-; a Henry Kamen – La inquisición en España-; a Fernando Schwartz y sus Héroes de días atrás o a John Irving y sus Normas de la casa de la sidra. Dicen las monjas, en mis sueños revueltos y tormentosos, que leer eso es hasta pecado y que voy a ir al sitio al que me mandaba don Blas, cuando nos acojonaba a los niños para que fuésemos tan puros y castos como él no era.

¿Qué pinta Sánchez dándole tanto jabón a los catalanes? Casado lo pone verde, Arrimadas más aún. Aznar y Felipe coinciden en la “performance” y dicen que ninguno de ellos habría hecho eso

Despierto, duchado y tranquilizado, me llevo otro par de broncas más de mi señora. No sé si la prefiero a Sor Copón o si definitivamente me quedo a vivir con Sor Topo. Se queja de que salpico el váter – creo que todos salpicamos- pero me niego a mear en cuclillas como decía la famosa canción burlesca del siglo XIX refiriéndose a Francisco de Asís, el marido de la reina Isabel: “Paquito natillas/es de pasta flora/y mea en cuclillas/como las señoras”. Me niego aun en la ancianidad. Uno, que ha sido machomán, aunque haya quedado en un montón de escombros, uno que se duchaba con jabón flota, que aflojaba con los dientes los tornillos de la Bultaco Metralla y era capaz de estar un mes haciendo guardia en un polvorín sin ducharse, oliendo a tigre de Bengala, no puede ser obligado, cuando está a punto de encontrarse con el Can Cervero, antes de entrar al Hades después de pasar la laguna Estigia, uno con ese curriculum –“conloqueyohesio”- no puede estar preocupado con pasar la bayeta por el borde del váter para evitar las iras de la santa.

Bajo a la tierra, dejo como Platón, el mundo de los sueños y de la irrealidad. El telediario me pone en mi sitio y veo  Pedro Sánchez recibiendo con toda la pompa y todo el boato  a Torra. Yo le voy a pedir que me reciba a mí o me quemo a lo bonzo en la plaza de la Montañeta. ¿El tal Torra no estaba suspendido, cesado, procesado o condenado? Que es que me hago un lío y confundo el Derecho Procesal con el Proceso de Beatificación de la Monja de las llagas.

¿Qué pinta Sánchez dándole tanto jabón a los catalanes? Casado lo pone verde, Arrimadas más aún. Aznar y Felipe coinciden en la “performance” y dicen que ninguno de ellos habría hecho eso. Me devano los sesos como si, desde mi inutilidad matemática estuviese reflexionando sobre la Ley de la Relatividad y las obras completas de Einstein y…llego a una conclusión clara y distinta.

Sánchez es un fiel discípulo de Maquiavelo. ¡Ojo que maquiavélico no es un término peyorativo ni mucho menos! Sánchez – y su adlátere Iglesias- se han trabajado cojonudamente el acceso al poder y ahora lo van a mantener sí o sí. Estupendo, los otros, los que critican, lo harían igual…si pudieran.

“Si fracasa la mesa de negociación – la de Sánchez con Torra y toda la panda- se termina la legislatura”

Necesita los votos de los catalanes y los vascos para aprobar los Presupuestos – ayer mismo veíamos exultante a Montero (me gusta esta señora) porque se aprobó el techo del gasto- y poder tirar la legislatura entera. Si cuesta la caja de la Seguridad Social como si cuesta darle la independencia a la isla de Cuba, el asunto es el poder y lo demás son gaitas. Hoy Alfred Bosch, consejero catalán de exteriores, lo ha dicho claro y hasta se me ha hecho bola el yogur: “Si fracasa la mesa de negociación – la de Sánchez con Torra y toda la panda- se termina la legislatura”. La mesa no tiene más cojones que fracasar porque piden algo que Sánchez no puede dar: la amnistía y la autodeterminación. Se trata entonces de marear la perdiz con palabras bonitas, con ceremonias, tirando de muleta y de escenificaciones y seguir la política del gatopardismo que ya saben ustedes la que era: que parezca que todo cambia para que todo siga igual, o sea todos en nuestro sillón. Mandando.

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.