Carnaval en el asilo

¡Quién me mandaría a mí dejar a mi señora y meterme otra vez en este “Patio de Monipodio del desgüeve” que es el asilo de las hermanas desamparadas de los ancianos idem! La dictadura de Maduro -un analfabeto golpista y sanguinario  al que quiere   defenestrar por un títere del tipejo ese de la peluca rubia y el maquillaje, Trump, creo que se llama- esa dictadura, digo, es un balneario con spa comparada con el lugar donde imperan Sor Gestapo, Sor Copón y la madre Torquemada.

Todos sabemos que los carnavales son una fiesta pagana. No pasa nada y no hay que andar recordándolo constantemente, avisando de cuántos pecados se cometen en ellos,  como si el juicio final – con las premisas de comportamiento que ellas y los curas se inventan- fuese a tener lugar mañana mismo. A la gente – todos somos la gente- le gusta desmadrarse de vez en cuando, perder el respeto, mandar a la mierda los convencionalismos, ponerse narices, pelucas y pinturas de guerra y  vestirse de mujer. Desde las dionisiacas griegas, las bacanales y las saturnales romanas, en honor de los dioses del exceso, del vino – porros no sé si había- y del refocile, a la gente le ha gustado olvidarse por un momento de las obligaciones y de la seriedad, de la chaqueta, el cuello duro y la corbata y, cuando se implantó el cristianismo con su componente platónico y mortificador, la peña vio en los carnavales la oportunidad para echar una cana al aire y descontrolarse todo lo posible antes de entrar en el tiempo sombrío y tristón de la cuaresma.

En el asilo en que me encuentro refugiado he tenido la ocurrencia de montar un jolgorio con motivo del carnaval y las monjas se me han echado encima en el peor de los sentidos

Esa es otra: la cuaresma. La Iglesia – muy poco que ver con lo que Jesús de Nazaret predicaba- desde que se hizo con el poder, desde el emperador Constantino y tantos otros que vinieron después, matrimoniada indisolublemente con el poder político – como Luis de Borbón, Rouco, Cañizares y Reig Pla con Fernando VII, Franco, Aznar, Abascal, Casado y Espinosa de los Monteros- ha tratado de cristianizar las fiestas paganas y unirlas  a ellas. Así el carnaval, aun proscrito por la Iglesia –y también por Franco y por Vox si algún día llega al poder  con el consentimiento pepero- servía para comer y beber, y pecar y refocilarse hasta el límite, antes de empezar el ayuno y la abstinencia cuaresmales, antes de empezar a flagelarse  y a echar mano de la mortificación para conseguir el cielo.

Pues bien, dejemos ya la lección de historia. En el asilo en que me encuentro refugiado he tenido la ocurrencia de montar un jolgorio con motivo del carnaval y las monjas se me han echado encima en el peor de los sentidos. Dice la Madre Torquemada, y la aplauden fervorosamente Sor Copón, Sor Bigotes, Sor Topo y Sor Gestapo – una corte completa de pelotas- que hay que echarme de ahí. Me han montado un auto de fe y no me han pegado fuego de milagro. Menos mal que la Inquisición pasó a la historia que, si no, me enfrento a la hoguera como hereje sin remedio. O al garrote vil como Cayetano Ripoll, el maestro de Ruzafa.  Hasta me han llamado terrorista de la fe y anarquista irredento, solo porque quería montar una fiesta en el asilo  disfrazado de Echenique, vistiendo a otro abuelo de Pedro Sánchez, a una vieja que ha entrado hace unos días de Cayetana  Álvarez de Toledo y a otra de Carme Forcadell – esa señora que tiene permisos en la cárcel catalana para cuidar a su madre enferma, cosa que no he visto en todos mis años de trullo-  a otra más de Carmen Calvo y  a otro de Torra. No he encontrado ningún rifle de asalto, aunque lo he buscado, para disfrazar a otro abuelo de Ortega Smith, disparando en unas falsas maniobras militares. Quería, solo con ánimo festivo, sin ningún deseo de ofender, disfrazar a todos los abuelos asilados, de políticos del Congreso y acabar haciendo un botellón que terminara el mismo día del entierro de la sardina, dirigido todo por un presidente ficticio, Echenique, o sea, yo. Solo para dejar bien patente que la política de este país es un descojone.

Las monjas han montado un pifostio de tres pares, me han dejado sin cenar dos noches y han hecho volver a mi señora para que se haga cargo del hereje que no merece ni cristiana sepultura cuando Dios tenga a bien quitarlo definitivamente de enmedio. A la puta calle, me han dicho, que es donde merezco estar. Me enternece tanta caridad cristiana. Y aquí me tienen, otra vez en el “ahogar, dulce ahogar”. Mi señora, que me ha recogido obligada, me  aparca y se va con dos amigas – también fans de Europe y de Madonna- a inscribirse en un concurso de bailes de salón. El primer premio es un fin de semana en aquella horterada, creo que patrocinada por Fabra, en las playas Costa de Azahar. Aviso desde aquí: si gana ese premio  no pienso ir, mi dermatóloga me ha prohibido tomar el sol porque yo tengo ya la piel roja puesta permanentemente.

Dicen los seguidores de Arrimadas que quieren ir a las elecciones juntos con los de Casado y dice Feijoo que ni lo sueñen, que en Galicia manda él y se basta para seguir mandando

Menos mal que me queda la radio y las tertulias como remedio medicinal contra la telebasura. Pedro Sánchez se humilla una vez más ante Torra – ¿está inhabilitado, esta cesado, es diputado, es algo, qué pinta ahí? Me reconcomen los interrogantes-. Propone el lunes para reunirse en la mesa y Torra dice que no, que tiene la agenda llena ese día. Ya saben: autodeterminación y amnistía. Y un mediador internacional como si el conflicto fuese entre dos estados. Esto deja pequeños a los líos con el Conde Duque de Olivares, con Felipe V, con Fernando VII, con Espartero y con Domingo Batet. Todo sea por la aprobación de los presupuestos.

Dicen los seguidores de Arrimadas que quieren ir a las elecciones juntos con los de Casado y dice Feijoo que ni lo sueñen, que en Galicia manda él y se basta para seguir mandando y que si quieren ir juntos en el País Vasco, así se harán compañía al estrellarse sin sacar ni un diputado. ¿Cuántas veces he dicho  aquí mismo que ambos partidos son la misma cosa? Ahora solo falta que se alíen con Vox y formen UU, ultraderecha unida, los tres juntitos como ya están gobernando en algunos sitios. Les exhorto a que instalen el pin parental en mi ex asilo para que las monjas no nos hagan tragar, por cojones, los sermones apocalípticos del padre Caparanas.

Lo último no es de broma: la izquierda – supuesta izquierda- veta una investigación en las Baleares para delimitar responsabilidades de unas niñas, acogidas por su vulnerabilidad, y que acabaron prostituyéndose.  Nadie dimite. La consellera Santiago – creo que era de IU- se pone de perfil y no sabe nada. ¡Ayyyy señor, lo que pueden los sueldos, los coches oficiales y los sillones! ¡Llévame pronto, porfa!

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