Los bárbaros en sus tractores

Aquí en la ciudad vivimos encapsulados. Somos componente físico-químico, pero no herbolario. Nunca nos acordamos de Santa Bárbara porque siempre nos pilla al abrigo artificial. Llueva, truene o el sol de justicia provoque secarrales yermos, ningún Dios de la naturaleza cae sobre nosotros, salvo, ya desprendido de su poder, aparece solo la imagen iría a través de las pantallas que podemos encender o apagar sin ningún esfuerzo con un levísimo gesto digital.

Así nos parece lógico que los niños crean que los huevos los pone una máquina del supermercado, y a los mayores nos importa un rábano (nunca mejor dicho) de dónde procede lo que vamos a cocinar, y si ya viene precocinado, pues mejor para atajar prisas cotidianas y aplicarnos la ley del mínimo esfuerzo.

El campo nos queda a los urbanitas para mirarlo a través de los cristales del vehículo en que viajamos a más de 100 por hora, o, ya en el límite del desapego, algo sin casas que observamos haciendo zapping desde la ventana tecnológica.

Los tractores sonaron contra los ensoberbecidos Puig y Sánchez y su señoritismo de izquierdas, ocupando el mismo asfalto de los Fórmula Uno en anteriores despilfarros del insulso Paquito Camps y sus validos meapilas

Pero esta vez sí: la capitalidad valenciana fue consentida y apoyada por Castellón y Alicante. La concienciación de agrarios descontentos, siempre por resolverse sus mínimos, y el bronco grito rural de los burlados históricamente, sucedieron con sus tractores a la tronante belleza de los coches de carreras. Ayer unos poquísimos elegidos y bien pagados se jugaban la vida en el circo romano automovilístico; hoy otros muchísimos paupérrimos anónimos, la existencia familiar y propia con la que no se puede ni se debe jugar, pues el riesgo de suicidio, carísimo para pagar un piloto ducho, nada tiene que ver con el genocidio laboral gratis. Los tractores sonaron contra los ensoberbecidos Puig y Sánchez y su señoritismo de izquierdas, ocupando el mismo asfalto de los Fórmula Uno en anteriores despilfarros del insulso Paquito Camps y sus validos meapilas. El rechoncho percherón de tiro rasguñaba con pesada y lenta andadura labriega la impoluta pista de los elegantes caballos purasangres: un atrevimiento inadmisible para los apostadores de fortuna, más conocidos como «intermediarios».

Pocas gilipolleces son comparables al soborno consumista de San Valentín, precisamente el día en que los desenamorados agricultores tomaron la urbe para asombro de los refinados ciudadanos que no entendían a qué venía tanta gresca vocinglera. Y siguen sin entenderlo. Aunque, más de uno/a haría bien en leerse el artículo que ayer publicaba Vicente Caballer (Catedrático emérito) en estas mismas páginas, empezando, en el grupo de lectoras, por la linda Mireia Mollà (el acento se lo cambió recientemente), Consellera de Agricultura, además de bravísima lugarteniente de Mónica Oltra, y que el único campo que había pisado hasta su nombramiento, fue el Camp d’Elx, pero para tomar buenos arroces los domingos.

El problema no está en los desafíos tecnológicos-agrícolas del mañana, sino en la comercialización y mejora de los productos más allá del neocapitalismo y de los políticos incapaces

Se preguntaba el profesor Caballer si los agricultores acabarían desapareciendo por mor de robots y drones. A pesar de su comprensible desesperanza, creo que no hay que ser tan pesimistas, como se demostró en el XIX y el todavía más motorizado siglo XX; recordemos la evolución de toda la maquinaria agrícola (ahora auxiliada por computador), porqué y por las mismas también desaparecería la industria y servicios urbanos. No puede haber ciudad sin campo y viceversa, aunque en esa disyuntiva siempre ganaría el campo. Acuérdense de lo que vino después de la invasión de los bárbaros (extranjeros) en el saco de la avanzada y opulenta Roma y sus posteriores consecuencias. El problema no está en los desafíos tecnológicos-agrícolas del mañana, sino en la comercialización y mejora de los productos más allá del neocapitalismo y de los políticos incapaces: pues el fin del mundo lo sería para todos.

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.