De putas y delincuentes

Lo de ser un anciano pelmazo, repetidor cansino de batallas del abuelo cebolleta, es un mal rollo. Raya al personal. A la vejez, recién jubilado, he descubierto el verbo “rayar” que utilizan los chavales de comodín y que vale para cualquier cosa: “no me rayes”, “me estoy rayando”, tal o cual cosa o situación “me deja rayado”… y ellos entienden lo que el rayado significa en cada caso. Dice mi señora que “la rayo continuamente”. Me va a devolver al asilo. Dice que es definitivo, que Sor Copón y Sor Topo y hasta Sor Gestapo, tendrán el cielo mucho más asegurado aguantando a un “pestiño” de mi calibre: impertinente, roncador, pesado como una vaca en brazos, afrancesado del siglo XIX y seguidor de Bakunin, pasado de moda a estas alturas, cuando Iglesias está a medias entre el marquesado de Galapagar y el ducado de la Moncloa. No demos ideas a los borbones que estos, siguiendo la política del siglo de Fernando, “el Deseado”,  te crean un ducado de Riansares II, en menos que te hacen un servicio express en “Las tigresas lujuriosas”.

De putas va hoy el asunto. Abandonado en el asilo, dejado como un bulto de ropa vieja en el contenedor naranja de la plaza de los juzgados, he sido el hazmerreír de todas las hermanas de los ancianos desamparados en pleno. Hasta la Madre Torquemada se ha partido el culo –si es que una madre superiora puede partirse esa parte esencial de la anatomía- y nada más verme asomar, humillado como los toros ante el picador bandolero, ha preguntado en voz alta: ¿Ni en tu casa te aguantan, Genaro, que ya te han despachado otra vez?

Teníais que ver los ojos envidiosos y lascivos de los ancianos recluidos como yo en esa escombrera, teníais que ver los ojos saltones de las monjas cuando me han visto abrazarla en el recibidor

Menos mal que hay almas buenas que aún circulan por el mundo. Marta Robles, mi Marta Robles, ha venido en mi rescate y me ha hecho una visita sorpresa. Teníais que ver los ojos envidiosos y lascivos de los ancianos recluidos como yo en esa escombrera, teníais que ver los ojos saltones de las monjas – todas cayendo en los siete pecados capitales de golpe- cuando me han visto abrazarla en el recibidor. No solo me ha visitado, sino que me ha regalado –con dedicatoria y con foto y todo- su última novela: “La chica a la que no supiste amar” – vean la que le ha mandado al jefe de 12endigital-.

¡Pedazón de novelón! No he podido pegar ojo en toda la noche enganchado a las aventuras  del detective Roures en las calles del puterío de la Colonía Marconi y de los puticlubs de la Costa del Azahar.

Marta se ha adueñado – sin pedir permiso y sin encomendarse a Dios ni al diablo- de la novela negra española con sus dos títulos anteriores –A menos de cinco centímetros y La mala suerte- y con este –La chica a la que no supiste amar-  que es un auténtico pelotazo literario porque tiene de todo: sentimiento, pasión, intriga, mafia, sangre y putas – las más dignas, con diferencia si quitamos al detective Roures- de todos los personajes de esta gran novela.

Está prohibido contar las novelas. Hay que leerlas, comentarlas, criticarlas, ponerles pegas o lanzarse a alabarlas, pero contarlas reventándolas está muy prohibido. Prohibidísimo habría que decir.

Marta desmenuza un mundo oscuro y nauseabundo en el que es imposible llamar humanos a seres que van de eso pero que son unos pedazo de cabrones de mucho cuidado. Hablo de esos señores que se jactan de ser “empresarios de la hostelería”, de tener “hoteles u hostales de carretera”, “barras o güisquerías en las que trabajan niñas al descorche” y solo son tratantes viles de carne humana – femenina fundamentalmente- a la que tratan ni siquiera como ganado. Nunca he entendido cómo a esta gentuza no se les aplica el código penal  en toda su contundencia, ese que tipifica el favorecimiento o el lucrarse con la prostitución. “El que abusando de una situación de superioridad determine a otra persona a prostituirse”… o algo así decía, que a mi, el derecho, a estas alturas me importa  menos que un huevo, salvo para cumplir las ordenes de Sor Gestapo y evitar que me mande a la cama sin cenar. En este caso está muy poco castigada la figura del macarra que elude la ley con una facilidad pasmosa, con la misma facilidad con que se llevaban la pasta esos tipos – tan dignos y tan mandamases en su época  y tan depositarios de los valores eternos del país, molt honorables y todo, que se llamaban. Los de la “Operación Erial”, por ejemplo.

Nunca he ido de putas porque veía a la Luisa, la Juani, la Geli, la Rizos, la Reyna, la Pachuli o la Cristal y hasta la Mariló, que fue miss Fontcalent un verano y murió de sida a los dos meses

Marta Robles, en la novela que me regaló, retrata con toda la crudeza posible, cómo es ese submundo de chulos y macarras, de psicópatas desalmados, capaces de reventar a una mujer hasta sacarle el último duro posible y la última gota de sangre.

He conocido en la cárcel a miles de putas. Todas ellas mucho más dignas, más personas y con la frente más alta que quienes las arrojaban y las mantenían en el barro del llamado “el oficio más antiguo del mundo”. Jamás he ido de putas, no porque haya sido un hombre virtuoso – que no lo he sido mi mucho menos, aunque ahora, cerca del crematorio, me interesaría sobremanera que Sor Gestapo me tuviera por uno, un santo piadoso, por ejemplo-. Nunca he ido de putas porque, conociendo desde que llegué a Alicante a todas y cada una de las que trabajaban en la plaza de Correos, en los puticlubs de la Albufereta o en los de todas las carreteras radiales, veía a la Luisa, la Juani, la Geli, la Rizos, la Reyna, la Pachuli o la Cristal y hasta la Mariló –que fue miss Fontcalent un verano y murió de sida a los dos meses, la pobre-, a todas las veía más valientes, con más clase  y mejores personas que a quienes las metieron en sus manejos y sus chanchullos de tráfico y de sirlas y palos al descuido, para que acabaran en el talego. Cuántas veces, aquellas chicas se quejaban de no haber tenido ni la menor oportunidad de ser otra cosa de lo que eran y de poder trabajar solamente quitándose las bragas.

Este fin de semana ni siquiera me voy a meter en política, ni siquiera le voy a decir a Sánchez que es el timo del tocomocho que a los penados del procés les den permisos para cuidar a la madre enferma; que eso está muy visto y que el truco ya era viejo hasta en la mili, cuando todo el mundo iba con el mismo llanto al capitán: “tengo a mi madre muy mala” – cuento de la lástima para pillar unos días-. Yo mismo maté a mi abuelo dos o tres veces. No le voy a decir a Sánchez que se olvide de la derecha y tire para adelante con la ley de eutanasia, ni que se fije de una puñetera vez en el paro que es la cruz de muchos más de tres millones de españoles. Ahí esta el verdadero problema de su legislatura. A ver si se entera, rodeado de gente que le disimula la realidad y le hace la pelota.

Le voy a decir a Sánchez que lea la novela de Marta porque retrata una realidad sangrante que también está ahí. Hay que luchar por el abolicionismo de esa vergüenza.

One thought on “De putas y delincuentes

  1. Muy de acuerdo contigo. Es una lacra bestial el tráfico y aprovechamiento de seres humanos pero la explotación femenina de niñas y adultas es la peor manifestación de la brutalidad humana, y evadimos nuestra responsabilidad con la excusa de que lo hacen voluntariamente… deberíamos estar en esa situación alguna vez, alguno de nosotros o alguna de nuestras hermanas o hijas… para revolvernos en nuestras entrañas y no dejar de perseguir a los explotadores de la necesidad hasta internarlos de por vida. Es un crimen muy disimulado por sus consumidores…
    Desde q leí malena o el fémur más largo del mundo no he podido dormir…. incluso pensé en crear una ONG q se ocupara solo de ello, pero me convencí q hay demasiados intereses en Liza de gente muy poderosa tapando ese comercio… solo conseguí a base de mucho protestar q quitaran los anuncios de obscena compraventa humana de las últimas páginas del diario Informacion… y no hace mucho de eso.

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