Somos masoquistas. Perdón, soy

No sé si se acuerdan. Cuando yo dormía en el Mad Pilot, antes de coger plaza en el asilo, hubo una gota fría como la que ahora anuncia la televisión, avisando una y otra vez para que nos quedemos en casa y no cojamos el coche ni para ir a la panadería de la esquina. Hay que hacer provisión de víveres, linternas, agua potable, velas y no sé cuántas cosas más porque parece que va a caer la mundial. Yo tenía mi colchón hinchable y hasta un remo que me podían sacar de este apuro, pero los empeñé y ahora ando mal de fondos como para intentar recuperarlos. Que sea lo que Dios quiera, como dicen las abuelas de mi pueblo, resignadas ante todas las contrariedades.

Ya no duermo en el Mad Pilot. Tampoco duermo en el asilo. Mi señora ⸻se ve que se ha cansado del líder de Europe, o él se ha cansado de ella y le ha dado puerta  que es lo que hacemos los humanos porque los sentimientos y los afectos son volubles, efímeros y lo que hoy es un lunar maravilloso, mañana es una verruga peluda y repelente⸻ mi señora digo, se presentó en el asilo y exigió mi libertad inmediata. Se hizo cargo de mi -que soy una carga- con el aplauso general de la comunidad de Hermanitas de los ancianos desamparados. La Madre Torquemada, Sor Copón, Sor Gestapo, Sor Topo… todas aplaudían mi marcha como quien se quita un gran peso de encima, un grano nabudo en salva sea la parte.

Hasta los comunistas nominales antiguos se compran chaletazos en Galapagar pero los pobres de la Virgen del Remedio y la Colonia de Santa Isabel andan -andamos- aún con idénticas precariedades.

Tengo que pedir urgentemente consulta al psiquiatra. Dados los tiempos que emplea la Seguridad Social, no creo que me llegue la hora de la consulta antes de que venga La Parca a buscarme. Seguro que me moriré antes porque tengo una vecina que lleva casi tres años  esperando que la reciba el médico rehabilitador y anda encorvada como una alcayata y ya han tenido que sacarla de su casa dos veces los bomberos porque se atranca en la escalera -sin ascensor- y no tira ni para arriba ni para abajo. He ahí el derecho a una Sanidad eficaz y a una vivienda digna tan constitucionalmente reconocido. Debe de ser para otros porque hasta los comunistas nominales antiguos se compran chaletazos en Galapagar pero los pobres de la Virgen del Remedio y la Colonia de Santa Isabel andan ⸻andamos⸻ aún con idénticas precariedades.

Si me llama el psiquiatra antes que el enterrador quiero exponerle mis cuitas para irme al otro barrio con el psiquismo arreglado y verme con San Pedro equilibrado y sereno. Señor doctor, le diré decidido, he descubierto que soy masoquista. Echo de menos las broncas de la Madre Torquemada. Echo de menos a Sor Bigotes, persiguiéndome con el delantal remangado y el jabón Flota presto a recorrer hasta mis últimas intimidades  -esa monja va al infierno fijo porque el voto de castidad se lo ha pasado por el refajo varias veces, que yo sepa-. Echo de menos  a Sor Gestapo, ese almacén de información infinito -jamás se supo de una mosca que se moviera en el asilo sin su conocimiento-.

Mi señora no me deja ver tertulias en la tele porque entorpezco sus series. Me dice que todos los políticos son iguales y que de  ninguno se sabe que haya cumplido nunca una promesa electoral. Es mejor, dice ella, ver los “realitis de pendoneo” en los que se pone cuernos con la misma facilidad con que en la Sexta entrevistan mil doscientas dieciocho veces a Revilla y a Bono, que es que parecen de plantilla. Los dos con su pelo pintado, su maquillaje y su peluquín – uno de ellos- que es que no les pasan los años por encima –me dice-. Y no tú, que tienes más goteras y más achaques que el carro de Manolo Escobar.

Yo creo que se ha cabreado porque, en el chorro de vicepresidencias que se han repartido, que esto en lugar de un gobierno parece el camarote de los Hermanos Marx, esperaba que me cayera una a mí.  Y no ha caído la breva. Tengo encima la maldición de Ángel Franco y su corte de socialistas apesebrados y, el odio, se traduce en ninguneo. No pillo un cargo ni aunque me lo mande el médico. Tengo que resignarme a sobrevivir con la pensión y a intentar dilatar lo más posible el momento del encuentro con “Mulana” –como dicen los morillos del Atlas- aunque sea para fastidiar a Cristine Lagarde, una vieja de mi edad, que dice que los abuelos vivimos más de la cuenta y que eso no se puede sostener.

Nunca entenderé un gobierno tan multitudinario – sí lo entiendo, que hay que colocar a todos los que invistieron-. Un ministro o un secretario de estado o lo que sea es importante si tiene dinero y tiene personal. De lo contrario manda menos que pichiculo en Londres, que yo conocí a una directora general autonómica que solo estaban ella y una funcionaria en aquel garito-huerto. Claro, estaban como las viudas de Baza que “no tienen bulla ni quien se la meta”[1]. Se pegaban todo el día en la peluquería y la dirección general ni lo notaba.

Me asombra una señora a la que han nombrado jefa de la Mujer que dice que la heterosexualidad es antinatural

Me asombra –no lo del Pin parental murciano, que de eso hablaremos otro día- sino una señora a la que han nombrado jefa de la Mujer –una dirección general  o un instituto o qué sé yo- que no me afecta su cargo porque, por ahora, no pienso pedir el cambio de sexo aunque a estas alturas me da lo mismo pertenecer a uno que a otro . Gimeno, se llama  la activista, que tiene nombre de tenista antiguo y catalán. Dice esta señora que la heterosexualidad es antinatural y a mí me recuerda al Padre Franco, un cura de mi colegio que decía que era antinatural y pecaminoso pelársela en los váteres. ¿Han estado ellos en algún sitio –la señora Gimeno y el Padre Franco- en el que se certifique qué es y qué no es antinatural para venir a marcarnos el camino?

Dice la señora Gimeno – les juro que me han pasado estas afirmaciones por Facebock, ese invento diabólico- que hay que penetrar a los hombres – no digo por donde- para conseguir la igualdad. Pues nada, si hay que pasar por esas “horcas caudinas” -lea, señora Gimeno a Tito Livio si no sabe qué horcas son esas- yo prefiero ser desigual o incluso inferior. Dice la señora Gimeno que ser lesbiana es mejor porque te libera del yugo del patriarcado. Ahí estoy de acuerdo, coincido con las lesbianas, me gustan las mujeres aunque… a esta edad me gusta más ver los partidos de la champion con cerveza fresquita y langostinos de Guardamar, que ya no está uno para trotes.

[1] Meter bulla en Granada significa dar a uno prisa para que haga algo. Por ejemplo, uno iba a la tienda y decía “despáchame pronto que tengo mucha bulla”

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