Mi Navidad en el asilo de Sor Gestapo y la Madre Torquemada

La hemos tenido mucho más que parda. Sor Bigote y Sor Copón, las gestoras del Belén viviente, se han empeñado en hacerme la Pascua. La primera quiere ducharme una vez más porque dice que la limpieza del cuerpo es señal viva de la pureza del espíritu, conforme  predica cada día en sus misas y sermones el padre Caparranas. ¿Y quién le ha dicho a usted, hermana – respondo con toda la mansedumbre de que soy capaz- que yo soy un espíritu puro? Hermana: Yo soy lo más parecido a un viejo verde. Me gustan las mujeres entre treinta y ocho y cuarenta y cinco años. Más arriba de esa edad  no, porque para cargar con un montón de escombros ya tengo bastante conmigo. Me gusta ir a la playa a darle jubileo a la pupila y a recrearme en mis malos pensamientos. Yo peco solo de pensamiento porque de obra no puedo. Hasta ahí llegué porque Sor Bigote me cortó de raíz el argumento. Me endiñó con la esponja – impregnada de jabón Flota que es el que aquí se usa- un tortazo con la mano abierta en medio de la cara y aún estoy recuperándome del síndrome agónico que me produjo la ingesta del detergente agresivo. Dice Sor Bigotes que esa hostia que me dio a mano abierta es apostolado, que lo suyo es convertir herejes por la vía rápida.  He visto la muerte cara a cara pero no he visto ningún túnel con una luz potente al fondo, como la entrada del paraíso o algo así, que es lo que dicen que ven quiénes han estado a punto de caramelo para rendir cuentas al Altísimo. No he visto ni túnel, ni luces, ni he oído cantos angélicos ni nada que se parezca, o sea, que estoy llamado a seguir con mi agnosticismo de siempre.

Sor Copón, tras la ducha purificante y violenta, que me ha dejado la piel tirante como si me hubiesen dopado con botox –los efectos del jabón Flota que es más barato, aunque conozco a alguna que se deja la Visa echando humo a cuenta del ácido hialurónico-, me ha intentado adecentar porque hoy toca escenificar el nacimiento, de ahí el Belén viviente. Se ha empeñado en colocarme una zamarra de borreguillo – recuerden que soy oveja en ese Belén- y ha tenido que metérmela –la zamarra, con perdón- con calzador porque el muerto tenía tres o cuatro tallas menos.

Hay gente que no soporta dejar el cargo, como los del PP que ahora se han pasado al PSOE para seguir en el sillón y en la moqueta, que tienen hasta alucinaciones pensando que vuelvan los suyos

San José está en su papel. Es un colega con barba  que no se quita el traje ni para acostarse. Lo han dejado aquí sus hijos, arrumbado como a todos, porque dicen que las nueras no lo tragan, que se le ha ido un poco la olla – cosas de la edad- y, como fue agente comercial que vendía mantas de Onteniente y ropa interior de Agullent, anda todo el día revisando las camas y levantando las sábanas para ver si las mantas son de la empresa para la que trabajaba. Una obsesión de abuelo. Hay gente que no soporta dejar el cargo, como los del PP que ahora se han pasado al PSOE para seguir en el sillón y en la moqueta, que tienen hasta alucinaciones pensando que vuelvan los suyos – son suyos ahora, lo eran antes y lo serán después que hay chaquetas para cada caso y no hay como doblar el espinazo ferviente ante cualquier poder escenificado- . No se han dado cuenta de que el PSOE es un partido de derechas, que continuamente da muestras de ello y que nunca los quitará aunque no abandonen la militancia que tan fiera y contundentemente defienden.

En mi condición de oveja tengo carta blanca para andar por el Belén triscando en un sitio y en otro. San José no desentona porque está callado –Sor Gestapo le ha prohibido hablar de mantas – con su barba, su cayado y su manto hasta los pies. La Virgen –me niego a hablar mal de la madre de Jesús de Nazaret- no pega ni con cola. Han colocado en el portal a una enchufada de la Madre Torquemada, que en su vida útil era catedrática de derecho financiero y cobra un pastón, pero como virgen desentona porque tiene los dientes como perlas…muy escasos. Le han prohibido sonreír y una virgen que no tiene una expresión dulce –no como si estuviera haciendo una inspección de hacienda- ni es virgen ni es nada.

Oigo a un tertuliano quejarse de las maquinaciones de Sánchez con Iglesias y Junqueras. Iglesias, desde el chalet de Alpedrete, huele a derecha que tira para atrás.

Para colmo de males, la madre Torquemada, la secundan Sor Bigotes, Sor Copón, Sor Gestapo y dos nuevas: Sor Tonel  -ciento sesenta kilos en canal- y Sor Topo, una que anda sin levantar la vista porque no quiere faltar a la modestia. La Madre Torquemada, digo, en el rezo ante el Belén viviente, se ha lanzado  a cantar el “Tantum ergo”. Lo recuerdo desde primaria porque el cura de mi pueblo  -su novia era la cantante solista de aquella iglesia- lo hacía cantar a diario. Me he dado cuenta  inmediatamente de que estas monjas no saben latín porque han asesinado al himno eucarístico a la primera de cambio: “Tantum ergo sacramentum – lo único que han dicho bien-/ veneremos a San Luis/ que el antiguo testamento/ no se puede resistir”.  Berrean Sor Gestapo y Sor Topo  con la vehemencia de un arzobispo defendiendo el dogma en el Concilio de Trento.

Madre Torquemada –digo interrumpiendo la barbaridad sonora latina- eso no es lo que dice el himno. Y la monja jefa me ha echado del Belén, de la Iglesia y, lo que es mucho más grave, del comedor. O sea, que me acuesto liviano como una bailarina del Bolshoi en plena temporada de danza.

La monja jefa me ha echado del refocile común por faltarle al respeto dice, pero son mucho más falta de respeto sus patadas al diccionario, a la sintaxis, al latín y a los himnos sagrados. Me parto el culo escuchando en la radio el discurso real, lleno de vaguedades, tópicos e imprecisiones que no resisten la menor crítica. Una abuela que tiene Facebook, ese instrumento diabólico, me enseña una foto en la que se ve a los reyes riendo mientras dicen, a modo de discurso de nochebuena,   “la crisis ha sido un gran sacrificio para todos”. ¿Sacrificios ellos? Entre los titulares y los eméritos levantan más de medio millón de euros al año en sueldos. Habría que verlos con una pensión mínima a ver cómo respiraban.

Sigo con mi radio, excluido del jolgorio viejuno por Sor Torquemada. Oigo a un tertuliano quejarse de las maquinaciones de Sánchez con Iglesias y Junqueras. Iglesias, desde el chalet de Alpedrete, huele a derecha que tira para atrás. A ver en qué queda la negociación porque andan reuniéndose con los catalanes a  escondidas, como los abuelos del asilo se ocultan de Sor Topo y Sor Copón para fumar. De entrada, muchos lo entienden como una coacción, han dicho que no suben las pensiones hasta que no haya gobierno. Al final, ya verán, los abuelos inservibles seremos los rehenes.

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