¿Iguales ante la ley? ¡Por los cojones!

España tiene un solo problema: ¿el Barcelona-Madrid se va a poder jugar completo y sin incidentes? ¿Dará resultado la súper operación policial para blindar el estadio contra los planes publicitarios del “Tsunami democratic”? España tiene un problema y yo, a día de hoy, no tengo ninguno salvo huir de Sor Bigote, esa monja furriel del asilo, que se empeña en ducharme. Empiezo a sospechar que no es caridad cristiana sino que, ruina física y psíquica como soy, la monja está empeñada en pasarse por el forro su voto de castidad en terreno fácil, con un anciano mal encarado, cabroncete, anarquista y experto en fugas solo porque es unos años más joven que el capellán, menos calvo y mucho  menos barrigón.

Les iré describiendo al personal de este almacén de escombros en el que paso mis últimos achaques – a costa de la pensión y  la filantropía eclesiástica de las hermanas desamparadas-. El malvado Vizcaíno me echó del Mad Pilot. Con buenas palabras, eso sí, pero alegando que todo el mundo quería plantarse allí por la noche con un colchón hinchable y un cubo de quintos de tres euros y aquello se empezaba a convertir en un cottolengo de pervertidos y marginales  amantes de la cerveza barata. Sor Bigote ha descubierto el erotismo con setenta años sobrepasados y  lo disfraza – como Pedro Sánchez disfraza sus entrevistas con Presidentes autonómicos- de pasión por el estropajo mientras lo  desliza con violencia por las partes blandas – nunca mejor dicho-. A Sor Bigote ya la he presentado pero le voy a cambiar el nombre por “Sor Moustache”. En algún momento de su vida ha tenido que ser francesa porque le patina la erre. “Abggase de piegnas” dice esgrimiendo el estropajo Ajax bien untado de jabón Flota que ella confunde con lubricante de Aloe Vera. “¡Me cago en tooo lo que se menea!”.

Me han invitado a ir hasta la Universidad a dar una conferencia ¿Qué es la seguridad jurídica? – pregunta una osada-

Sor Gestapo es una –murciana por el acento- cetrina y con mala leche. Controla cualquier cosa que se mueva en su entorno o fuera de él. Si algún día, en el asilo, dicen de sacar “la vajilla” seguro que saldrá ella porque es mejor saltarla que darle la vuelta. En un cuartito, sin usar y que he pretendido pintar y adecentar a mi cargo, quería yo poner un saloncito-escritorio para que fuese usado por los residentes. Les adjunto las fotos porque ya tenía hasta una parte importante del mobiliario, fruto de la generosidad del alcalde de Alicante y de la ineficacia del servicio de limpieza de esta ciudad. Se ha negado en redondo por dos motivos: los ancianos del asilo no recibimos visitas porque los familiares que quedan están a otro rollo. Se han quitado de encima un estorbo y no quieren andar rememorando abandonos. Como cuando dejan un perro abandonado en verano, atado al guardarrail de una carretera. Tenía incluso una cama para completar el mobiliario y dice Sor Gestapo que una cama a destiempo puede ser motivo de intimidades indeseadas. Sor Gestapo tiene poca o ninguna idea sobre la biología humana a ciertas edades, cuando una “trempera”  es algo tan raro como un meteorito en la Rambla  un día de hogueras, por ejemplo.

Cosa rara: me han invitado a ir, desde el asilo, hasta la Universidad a dar una conferencia. ¿Cómo le presento? – dice el profesor invitante-. ¿Cómo abogado? No. No soy abogado. ¿Cómo criminólogo? No. No soy criminólogo. ¿Cómo alto funcionario? Tampoco soy funcionario ni alto ni bajo. Realmente no soy nadie. Bueno, como pago a la conferencia me va usted a hacer una tarjeta de visita – algo totalmente inservible antes y  ahora más-. Ponga usted: Aspirante a pretendiente de auxiliar complementario de una dependencia de la sucursal. Habitante de la escombrera. Filósofo de rebajas y anarquista practicante. Esclavo de Sor Gestapo, arreglador de motosierras y de pinchazos de bicicleta. ¿Le parecen bien los títulos que me adjudico? Perfecto, pues esos son. Eso es un curriculum y no los de Roldán ni los másteres de Casado o Cifuentes, que aquí quien más, quien menos tiene una brillante trayectoria a sus espaldas.

Los estudiantes que llenaban el Salón de Grados de Derecho eran chicos y chicas de una edad insultante – 20-22 años-. ¿Qué es la seguridad jurídica? – pregunta una osada-. La seguridad jurídica en un país  – contesto viniéndome arriba ante la pregunta fácil- es la certeza que tienes de que, cuando cruzas una avenida con un semáforo en verde, no te va a salir por un lado un hijoputa que se ha saltado el suyo en rojo y te va a empotrar las costillas  en el salpicadero. Eso no se puede asegurar en Alicante, por ejemplo, donde el tráfico es el de una ciudad sin ley –motos por la derecha y por la izquierda, coches con pilotos de rally frustrados que se creen Carlos Sainz, calles de tres carriles con dobles y triples filas de aparcamientos y donde veo a dos policías hechos y derechos que, en lugar de poner orden en el caos, este sábado por la mañana, en el Bulevar del Pla, se dedican a requisar tres macetas a un abuelo de mi edad, que se buscaba la vida con una carro con plantas-. Me asombra ese fervor  por la legalidad administrativa porque ese abuelo es un peligro público. Como un banquero exigiendo ser rescatado para no devolver luego el rescate.

Nunca he visto a nadie al que se aplique el artículo 100.2 antes de cumplir la cuarta parte de la pena y de haber salido un par de veces de permiso haciendo buen uso de él

¿Qué opina usted – dice otra estudiante valiente- de la Igualdad ante la Ley, se cumple en el caso de Urdangarín y de los presos del Proces? Ya queréis que me expulsen del asilo y me trasladen a Fontcalent, respondo veloz. La igualdad ante la ley es una quimera como la bondad de Sor Gestapo, como el celibato del capellán, el Padre Caparranas, como el amor por la ciudadanía que pregonan los políticos y como sus desvelos por hacernos felices. La igualdad ante la ley es  una frase bonita. Como decir que el PSOE es de izquierdas, que solo hay una ultraderecha en España – tres en una, como la Santísima Trinidad, como los tres enanitos ¿o eran cerditos?, como el aceite que todo lo lubrica y todo lo afloja. Una frase bonita como “te querré eternamente” o “el día que nos divorciemos, a mí, el dinero es lo que menos me interesa. Pura verborrea.

¿Preguntan por Urdangarín y por Junqueras, Rull, Forcadell y demás compañeros golpistas? En cuarenta años en la cárcel – sin contar los de interno en los claretianos ni los días que llevo en esta antesala del crematorio- jamás he visto a un tipo que, sentenciado, espere la resolución de su recurso en su mansión de Ginebra. Nunca he visto a un preso preventivo,  trasladado a un lugar cercano a su residencia de origen. A todos los he visto cerca del tribunal que entiende su causa hasta que esta es firme. Nunca he visto a nadie al que se aplique el artículo 100.2 – una situación a caballo entre el régimen ordinario y el abierto- antes de cumplir la cuarta parte de la pena y de haber salido un par de veces de permiso haciendo buen uso de él. No he visto a nadie ir a prestar servicios humanitarios a una provincia distinta de aquella en la que cumple condena, trasladado cada día en coche oficial con “sus” escoltas. Tampoco he visto a nadie del que los medios digan – Ver informativos TVE del  12-12-19- “la fiscalía de Cataluña apuesta por ser flexible con el régimen penitenciario de los presos del procés, sin contemplar el tercer grado”. No sé en qué consiste ni como se come esa flexibilidad.

¿Está la situación descrita unida a la pertenencia a determinada familia poderosa o a determinado partido decisivo en mayorías, investiduras y otras cuestiones ajenas al derecho penal y penitenciario y muy unida a la política? No puedo contestar a esa pregunta. Se me ha hecho tarde con tanta charla y Sor Copón, la monja encargada del comedor, es muy rígida con los horarios de comidas y cenas. No quiero acostarme hoy como los discípulos del Domine Cabra.

Señor profesor invitante, por favor, lléveme de nuevo a mi escombrera. Muchas gracias por esta tarde llena de juventud y de nostalgia.

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