¡Más madera!

La expresión creo que es de una película de los geniales hermanos Marx, cuando destrozan un tren usando su madera como combustible para lanzarse en la persecución de unos malhechores. ¿He dicho alguna vez aquí mismo que los socialistas y los populares son exactamente iguales? Si. Unas cuantas docenas de veces. Hasta en la manera de apropiarse de los recursos públicos para hacer de su capa un sayo – necesitan más madera para sus historietas-. Es algo inherente a la condición humana y solo hay que coger la historia y echarle un vistazo. Ahora, con la sentencia de los ERES encima de la mesa, vemos que todo es  más de lo mismo. ¿Unos esquilman los recursos públicos para favorecer a amiguetes, a paniaguados y a sí mismos? Los otros también. Unos con los Eres, otros con los Gurteles, las Púnicas, las Lezos y la madre que los trajo a todos. Unos con los Guerreros – director de trabajo golfo con su chófer y todo- , los Lanzas – “dinero pa asar una vaca”- los Fernández Villa – tomaba el dinero del sindicato de derechas UGT como suyo- y otros con los Bárcenas – extrañamente callado y cuyo ordenador fue víctima del martillo inmisericorde de sus jefes-, los Granados y los Ignacios González – ranas de Aguirre, casos rarísimos de corrupción sin ninguna significación-. ¿Unos le pegan a la coca y a los puticlubs? ¿Y los otros? Revisen los casos Rasputín y  la Casa Alfredo balear y se convencerán de que la condición humana es siempre la misma independientemente de las siglas de militancia.

Es una situación precaria, como la de la hucha de las pensiones, pero es lo que hay y a eso debo atenerme

Hasta en la justificación de sus casos de corrupción flagrante se parecen estos políticos – y todos los que vengan, me apuesto un bocadillo en el Mad Pilot, harán lo mismo-. La afirmación es general y justifica lo injustificable. Es como la manta que todo lo tapa y todos son idénticos en sus argumentos: el partido equis es respetuoso con la justicia, confiamos en ella y respetamos sus resoluciones. Los encartados en esta choricería no forman parte del partido –omiten decir que, mientras las perpetraban, todos eran cargos con mando suficiente para llevarlas a cabo. Tenían firma, autoridad para tomar decisiones y pasta que manejar para llevársela puesta-.

Todo esto me importa un rábano ya a estas alturas. Vizcaíno, que me había echado del Mad Pilot para evitar que el bar se convirtiese en refugio de indigentes, me ha dado una prórroga y sigo durmiendo ahí por ahora. Es una situación precaria, como la de la hucha de las pensiones, pero es lo que hay y a eso debo atenerme. Ando en negociaciones con un asilo de Hermanas de los ancianos desamparados porque una de las pocas convicciones que me quedan es que las monjas nunca quiebran. Al final, anarquista, agnóstico, resabiado y marginal voy a terminar creyendo en la Iglesia, que es la única entidad que lleva dos mil años sorteando imperios, guerras, invasiones, dictaduras, democracias, hornos crematorios y hasta pactos contra natura – Aznar-Pujol; Sánchez-Rajoy o Vox con todo lo que proporcione sillones- y, después de dos mil años sigue tan campante y sin inmutarse, con el Vaticano a pleno rendimiento. La toma de posesión de mi dormitorio colectivo en el asilo,  me rejuvenecerá porque me trasladará a la época del colegio interno y de la mili. Ya se lo haré saber en el 12 digital aunque dudo mucho que las Hermanitas de los Ancianos Desamparados tengan wifi a disposición de los usuarios que vegetan – vegetaré- en sus pasillos con La Parca como único horizonte. Ya veremos.

Creo que lo he dicho claro: a mí, en el asilo, me va a dar igual que haya o no haya gobierno con el famoso sistema de la ineptocracia que padecemos: “los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir…predican teorías, que saben que han fracasado allí donde han sido aplicadas, a unas personas que sabe que son idiotas”.

Me da igual que haya o no gobierno porque las Hermanitas cobran en función de la pensión y, si no hay pensión, no cobran haciendo honor a su nombre de los ancianos desamparados que es mi caso por partida doble, por anciano y por desamparado, o sea, que el nombre me da de lleno.

Esto supuesto no deja de asombrarme la jeta absoluta que manifiesta la derecha española – tres personas distintas y una derecha única, populares, ciudadanos y voxistas, con la inestimable ayuda de los socialistas en muchas ocasiones-. Nada más finalizar el recuento de las elecciones, Casado y el partido chatarra riverista dejan claro que “no quieren saber nada de Sánchez”. Este se busca la vida y pacta inmediatamente con Iglesias. Lo podía haber hecho hace seis meses, cuando se lo impedía el insomnio, y nos habríamos ahorrado unos millones de euros y muchos meses de inacción, como ovejas sin pastor.

Nada más anunciar el pacto entre socialistas y podemitas, la derecha en bloque se tira al cuello. ¡Vamos a la ruina con un gobierno social comunista!

No se conforman con la Educación y la Policía que fue el precio que Aznar pagó a Pujol. Los catalanes quieren una “Negociación entre gobiernos sobre el problema político”

Pero no queda la cosa ahí porque al perro flaco todo se le vuelven pulgas. La suma de socialistas y podemitas no da para investir. Ni siquiera uniendo a otros grupos que se manifiestan irrelevantes. Perdón, incapaces de conformar una mayoría. Hacen falta los catalanes y esos quieren  una tajada importante. No se conforman con la Educación y la Policía que fue el precio que Aznar pagó a Pujol – prohombre de la nación catalana y chorizo de reconocido prestigio, presuntamente, porque le salen cuentas millonarias hasta debajo de las piedras-. Los catalanes quieren una “Negociación entre gobiernos sobre el problema político”.

Inevitablemente me recuerda a la teoría etarra  de la “acumulación de fuerzas”. Decían los etarras a principios de los noventa que es cuando yo los recibía en confesión y les daba ejercicios espirituales individualizados fuese Adviento o Cuaresma: “Todo gobierno negocia siempre que se le pegue con la suficiente contundencia y adecuadamente” y lo siguiente  que también resume su teoría: “En política, nunca jamás, significa que no en los próximos diez minutos”.

Siguiendo estas máximas de acreditada solvencia los señores catalanes afirman con solemnidad en sus proclamas: O se nos garantiza un referéndum de independencia o votamos no a la investidura de Sánchez. Y para garantizarse ese referéndum se intentan situar en una postura de fuerza cortando carreteras, bloqueando aeropuertos y estaciones, y colapsando ciudades. Se les dice  mil veces que es un grave daño para la economía catalana y responden con la vieja teoría de Mao Tse Thung – adoptada por los etarras en sus años mozos-: “Cuanto peor, mejor”. Porque como defendía Mao, hay que crear el caos para que, del caos, pueda surgir una sociedad nueva.

Me parto de la risa desde la puerta del asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en el que pretendo entrar para entregar la cuchara definitivamente.

Lean el libro “El abuelo que saltó por la ventana y se fugó” de Jonas Jonasson, ahí está, punto por punto mi postura, hoy,  ante la realidad.

One thought on “¡Más madera!

  1. «El abuelo que saltó por la ventana y se fugó». Gracias, Sr. Avilés por traer a mi memoria ese libro que leí hace tiempo y que captó mi interés y curiosidad desde la primera página. Al igual que aquel abuelo que vivió aventuras imprevisibles, apasionantes y arriesgadas, pero con final feliz, don Manuel Avilés nos lleva con su artículo a la reflexión sobre la naturaleza humana en su lado negativo encarnada por una serie de personajes de la política española, presente y pasada… Al mismo tiempo que intrépido y atrevido, como aquel abuelo que se fugó, hace gala de un sentido del humor dinámico, original y muy divertido, intercalando caricaturas de sí mismo en una hipotética situación de indigencia… Gracias, don Manuel por dibujar en mi rostro una sonrisa tras otra con la lectura de este artículo. Felicidades.

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