Políticos de reality show

El mundo está descompensado. La dedicación y el esfuerzo están infravalorados, sobrepasados por el oportunismo y el postureo sobredimensionado. Lo vemos en el día a día, exponencialmente potenciado por los famosillos del reality show de turno, donde analfabetos –musculosos y tatuados- ganan más reconocimiento social y dinero que quienes pasan años preparando un doctorado o una oposición. Aquí no hay brecha de género. Ellas y ellos se disputan liderazgo y posicionamiento en las redes sociales para convertirse en influencers cotizados. También pasa en la política. La nueva era de representantes del pueblo está llena de oportunistas, nacidos en la cuna de una tradición familiar vinculada a los cargos públicos en sindicatos, partidos o cargos de confianza. El árbol genealógico de la política está lleno de sagas familiares. Es lo más parecido a la Comitia Curiata de la antigua Roma, compuesta por clanes y familias que se repartían las cotas de poder.

Cualquier individuo tiene el deseo de imponer cierto control sobre los demás -dice la psicología social-, y en el caso de los políticos ese instinto irrefrenable se desarrolla de manera muy significativa. Niñatos de nueva generación -y momias acostumbradas a vivir del palmeo a sus jefes de partido- han conseguido generar modos de entrada y permanencia en la vida política impensable en otros campos. Una vez dentro han empezado a organizar la sociedad atendiendo a criterios subjetivos, obviando la capacidad académica y profesional del aspirante.

El carnet de partido habilita a amiguetes a ocupar cargos de confianza, y a desempeñar puestos de profesionales titulados

Pasa en ayuntamientos y consellerías, donde el carnet de partido habilita a amiguetes a ocupar cargos de confianza, y a desempeñar puestos de profesionales titulados. Periodistas o expertos en comunicación y protocolo ven como los empleos para desempeñar esas funciones son ocupados por afines al concejal de turno. Se generan cargos a medida de quienes ayudaron a hacer la campaña electoral. “Los que siempre están ahí” tienen su plaza asegurada en un cargo de confianza. De chófer a secretario, relaciones públicas, jefe de prensa o coordinador de alguna área municipal.

Lo más indignante es lo que pasa en la sanidad y la educación en la Comunidad Valenciana. Determinados políticos han decidido invertir el valor de las cualidades profesionales. El acceso a puestos de relevancia en las administraciones públicas siempre se ha regido en función del principio de mérito y capacidad, señalados en la Constitución Española. Ahora hay un nuevo y potente componente: la lengua.

En los últimos tiempos la vara de medir la cualificación profesional se ha modificado en la Comunitat, donde se alcanzan nuevos criterios que pesan más que los antes mencionados. En un territorio donde la lengua se utiliza para confrontar, colocar a amiguetes en puestos de relevancia y conceder subvenciones a colectivos y empresas afines, los méritos curriculares pasan a un segundo plano. Pese a tener un currículum incontestable, hay profesionales que deben renunciar a ejercer en la provincia de Alicante por no poseer el nivel idiomático exigido.

Hay una notable diferencia en el nivel de estudios y capacidad intelectual entre quien se prepara para ejercer como médico o maestro y quien decide si puede o no hacerlo

La situación plantea una reflexión: la diferencia en el nivel de estudios y la capacidad intelectual entre quien se prepara para ejercer como médico o maestro y quien decide si puede o no hacerlo en Alicante invierte el razonamiento lógico. Después de 6 años de carrera y 4 o 5 años de MIR, un facultativo médico se queda a expensas de que alguien ajeno a la disciplina -con el único mérito de haber tenido acceso a formar parte de la lista electoral de su partido- le diga si está o no preparado para trabajar en su terruño. A veces quien decide tiene poco más que el graduado escolar. Es bueno exigir lo máximo a quienes aspiran a un cargo en la administración pública, lo malo es que quienes jerarquizan los requisitos muchas veces ni han pisado la universidad.

Si ahora miramos al elenco de concejales que gobierna en nuestros ayuntamientos, veremos a jóvenes y prometedores políticos que comienzan a hacer carrera siguiendo la doctrina de sus mayores. Es una pena el bajo listón que se les pide para ocupar una cartera. Así es la democracia.

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