Un país ingobernable

Pedro Sánchez, la lió parda: ha sido tan inepto como aquel aguador que echaba agua a las alforjas, pero sin colocarles antes los cántaros. Un viaje para que no necesitábamos elecciones. En España los resultados han ido de lo malo para gobernar a lo pésimo para siquiera intentarlo. En Alicante un empate técnico en el que desaparece por la izquierda Podemos y Compromís a partes iguales absorbidos por la practicidad PSOE reclamando la no disgregación del voto; y por la derecha el PP y los restos de Ciudadanos ceden y otorgan un escaño a la ultraderecha que no es fascismo, repásense a Mussolini, sino nacional-populismo que es invento galo y reciente. Total: más de lo mismo. La cosa se ha quedado intoxicada entre lo absurdo de un «supercalifragilisticoespialidoso» (dejándonos sin palabras), y el Parlamento virulento donde se puede liar la mundial. Esperemos que no acaben a hostias, porque los extremismos se tocan mucho más que los extremos, incluso físicamente. No quisiera imaginar cuando los separatistas irracionales escupan a lo que para el resto significa «España» (desde lo «Federal» a «Una, grande y libre»), y los de Vox reaccionen visceralmente contra el salivazo independentista. Yendo de lo general a lo particular de esta Comunidad, País o Regne, nuestro presidente Ximo Puig, pasó la tarde-noche electoral comentando con los suyos que al menos aquí el socialismo había salvado los muebles por el escaso margen, pero que ahora el problema venía del descalabro de sus socios Compromís y Podemos que, en cierta manera, se han visto fagocitados por los socialistas envueltos en la bandera constitucional de España y la blavera oficial, abandonando la tricolor y la estelada, una por caduca y otra por una mayoritaria indiferencia cuando no animadversión a esos postizos Països Catalans.

Las relaciones entre el paellero de siglas que es Compromís puede acabar en disgregación o, cuando menos, en una lucha a muerte por el liderazgo del nacionalismo valenciano

Mónica Oltra llevaba razón, ya lo escribí en estas columnas, con que era un disparate cambiar de socio sustituyendo a los podemitas, en su conjunto de amplio espectro que va desde los antimonárquicos, ácratas y comunistas, por el careto aniñado de Íñigo Errejón cuyo target todavía está por definir. Las relaciones entre el paellero de siglas que es Compromís, empezando por el Bloc pancatalanista, puede acabar en disgregación o, cuando menos en una lucha a muerte por el liderazgo del nacionalismo valenciano. Ciudadanos está en shock con la dimisión loable, pero inevitable, de su fundador y líder carismático que le ha dejado un marrón glacé a sucesora/or, y aquí la sucesora salvaguardó su escaño de milagro. Más les valiera haberse quedado en el centro que no ir a por el liderazgo de una derecha consolidada desde hace más de 30 años. La avaricia ha roto saco de las esperanzas, yo ahora toca resituarse donde empezaron.

Ha sido la papeleta al cabreo, al desencanto con los partidos habituales, pero sobre todo al ¡basta ya!

El PP tendrá que asumir la remontada, pero sin olvidarse nunca del batacazo anterior que los dejó en los huesos electorales. Y Vox con toda seguridad deberá mamar de sus socios europeos en la ultraderecha porque corren vientos de guerra intentando amurallar a Europa, no de América, pero sí de África y Eurasia, y aquí el péndulo político como respuesta a los independentistas, ha virado hacia Abascal y sus cruzados no tan mágicos. Ha sido la papeleta al cabreo, al desencanto con los partidos habituales, pero sobre todo al ¡basta ya!, carente de cualquier análisis intelectual, sin embargo, muy propenso a lo epidérmico y a solucionar las cosas con sal gruesa.

Alicante se ha quedado como el moco de pavo que ni huele ni mancha. El Corredor Mediterráneo parece alargarse otra vez en el tiempo

Mal pintan las cosas con semejante estropicio electoral. Alicante se ha quedado como el moco de pavo que ni huele ni mancha. El Corredor Mediterráneo parece alargarse otra vez en el tiempo; la sed de los huertos ha llevado a la Vega Baja a romper la manguera por la acequia de Vox; Alicante y Elche vuelven a estar unidos por una carreterilla bacheada porque unos son del PP, otros del PSOE y ambos recelosos, mientras a la Generalitat Valenciana no le interesa que una gran mancomunidad de 700.000 habitantes pueda toserle al Cap i Casal.

Ya lo dijo Napoleón, los españoles somos ingobernables, siquiera por nosotros mismos.    

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