La hora de la verdad

Paso ya de temas personales, no hablaré más de ellos porque las reacciones van desde algunos que me quieren dar cobijo para que no duerma en el Mad Pilot con mi colchón hinchable y no emplee las noches castigando el hígado con los cubos de quintos de tres euros, hasta otros que dicen que no les cuente mi vida porque bastante tienen ya con la suya. Vizcaíno me ha echado y dice que no puedo seguir durmiendo de modo que andaré con el colchón desinflado a cuestas, buscando una ubicación nueva. Dice que con la crisis que se avecina, los indigentes que aumentan día a día y la publicidad que le he hecho a su Mad Pilot, eso se puede convertir en un albergue de gente tiesa como la mojama y teme que  le arruine el negocio. Ya lo ven, el vil metal como móvil de todas las cosas.  Ya no son las ideas, ni la fe, ni los valores, ni la España como unidad eterna en lo universal, es la pasta simplemente.

Mi mujer sigue vagando por los países bálticos y no da señales de vida. No sé si Europe la habrá incluido en plantilla o si Madonna la habrá contratado para hacer coros o como cuerpo de baile con ella, el caso es que no tengo ni idea de a qué dedica el tiempo libre como cantaba Perales y, siguiendo al sabio Sabina, “Derrochando la bolsa y la vida/la fui poco a poco/dando por perdida”. En mi última noche me dedico a ver el debate de los candidatos en televisión y me duermo antes de que empiecen a hablar de medidas sociales. Todos nos van a resolver la vida, todos nos van a dar pensiones, asistencia sanitaria, enseñanza de calidad y sin barracones, una ubicación digna y cómoda a los abuelos solos y no millonarios, seguridad para que a los indigentes, a los ancianos, a los marginados no nos partan la cara en una esquina tres niñatos fascistas que quieren hacer limpieza de indeseables para limpiar el país.

A ver quién es el fenómeno que acaba con las listas de espera que dicen que están hasta los moños

Tenemos la vida resuelta con estos políticos pero no sabemos valorar su esfuerzo, su trabajo y su espíritu de sacrificio por la patria. A todos se les llena la boca con la Constitución – todos son constitucionales a tope-. A ver si, además de la Unidad de España – que es importante- y la soberanía que descansa en la totalidad del pueblo,  empiezan a hacer efectivo también el derecho al trabajo, el derecho a la vivienda y el derecho a no esperar diez meses para que la Seguridad Social te llama a hacerte una resonancia o una radiografía porque la medicina de calidad empieza porque no se eternicen en abordar las patologías. A ver quién es el fenómeno que acaba con las listas de espera que dicen que están hasta los moños.

Sánchez intenta parecer un hombre de estado, intenta estar sereno y tener solución para todas las preguntas envenenadas de la derecha. Por la planta puede ser perfectamente un vendedor del Corte inglés, un comercial de la Mercedes o un corredor de seguros. Secundado por una serie de trepas – con honrosísimas excepciones- con pocas ideas y menos iniciativas, preocupadísimos por su sillón y por mantener – llevan más de un año gobernando- lo establecido – y muchos cargos-   para no cabrear a la derecha. Sale a flote como puede de los ataques del trifachito y pone caras, hace crucigramas en el folio de su atril  y guarda silencio cuando se queda en blanco y no tiene nada que decir. Poca enjundia su discurso. Muchas frases hechas y bastante demagogia. Casado, clon de Aznar y dispuesto a perpetuarse como líder del nacional-catolicismo de derechas, pactando con los obispos, con los banqueros, con el Ibex 35 en pleno y con el Espíritu Santo que baje en forma de paloma, se presenta como el salvador del país. El Único.  “Nosotros hemos demostrado que sabemos gobernar”. Clarísimo. Pregúntele usted a las escuelas económicas de Rato y Bárcenas. Pregunte a los protagonistas de  Gürtel, de Púnica, de Lezo, de Brugal…Monte un congreso con las ranas de Aguirre y que nos den clase de cómo navegar en los mares procelosos del dinero y la gobernancia. Última incorporación estrella: la señora Díez, otra que lleva toda la vida viviendo del sillón oficial y quiere pervivir en él a costa de lo que sea. Tiene una chaqueta para cada caso como tantos otros.

Rivera – ya me va cogiendo el sueño pero me espabilo- desorientado en su ser “politicomegalomano” tira de adoquín y de perro caniche – dicen en face que ambos son falsos, que el adoquín lo venden en amazon y que el perro confidente no es suyo sino de un amiguete-. Ha conseguido un partido para el desguace y de aluvión: admite al que venga siempre que tenga una cara – mona o conocida- (ver Bauzá, Mesquida, Silvia Clemente…), tenga una supuesta trayectoria y no haga ascos a rendir pleitesía al kaiser. Tiene, en el debate, un acto de clarividencia y valentía: le pregunta a Abascal cómo puede estar contra los chiringuitos, él que tanto ha cobrado de ellos. Se desmelena porque los suyos, arrodillados, le suplican que pare como sea la debacle que dicen que se avecina.

Se le nota la preocupación por andar a la baja tras el desangramiento de su partido por negarse a seguir ciegamente al Caudillo

Iglesias tiene tablas, se le nota que ha dado clase y domina el escenario. Es el rey de la demagogia y de la preocupación por los pobres y los desheredados de la tierra. Es muy fácil hablar de derechos sociales, de sueldos decentes, de trabajos dignos, estables y bien remunerados cuando se escriben los discursos desde un casoplón – la RAE acaba de aprobar esta palabra- de la sierra norte de Madrid, lejos ya de Vallecas, donde vive la “gente bien y guapa”, nada de obreros de la Marconi ni del Polígono Cobo Calleja. Se le nota la preocupación por andar a la baja tras el desangramiento de su partido – Errejón y Bescansa, por ejemplo- por negarse a seguir ciegamente al Caudillo. Abascal se envuelve en la bandera española y hace referencia a todos los españoles entre los que no me cuento por fortuna. Resuelve los problemas de España con unas cuantas banderas de la Legión estratégicamente distribuidas. Quiere resucitar a Millán Astray y colocarlo como ministro de interior. Quiere resucitar a Queipo de Llano y colocarlo como portavoz del gobierno. Aquí los asuntos se resuelven con testosterona y ya está Ortega para argumentarlo y el matrimonio Monasterio para firmar los certificados de habitabilidad.

Y aquí me tienen a mí, desorientado, pobre, vagabundeando sumido en la duda metódica de Descartes. ¿A quién cojones voto? Mi voto carece de importancia pero me entra el cangue cuando pienso en una coalición cierta del trío de Colón. Esos tíos son capaces de hacernos desfilar cantando “Montañas nevadas”, cuando hagamos cola para llenar los cazos con la sopa boba y tampoco quiero cambiarme para comer gratis a la iglesia de los capuchinos. Estoy por votar al PACMA, los animales me entienden.

 

 

One thought on “La hora de la verdad

  1. Sr Aviles, si está pidiendo opinión le recomiendo votar lo mismo q votò antes, hay personas q hay q decirles dos veces las cosas para q las entiendan, el pueblo ha hablado hace tiempo y el pueblo dice q tienen q aprender a convivir y eso significa pactar y negociar, cada uno con sus fortalezas pero respetando los gustos y deseos de todos, incluso de los que no quieren votar.
    Y gracias por informarnos de sus desvelos domésticos los seguimos con auténtica devoción y deseo de q todo vuelva a la normalidad.

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