El español psiquiatrado

Mi primer trabajo como numerario de la Seguridad Social fue en Cataluña, concretamente en la central telefónica de Vilafranca del Penedès, y a un tiempo permutando con estudios superiores en la Universidad de Barcelona (no había otra), algunos años después. Por diferentes cuestiones personales he vivido allí tras-la-Transición siempre inacabada. Amo a Cataluña y a su cultura, incluida una lengua a la que presumo como débito de muchas lecturas que tanto me enseñaran, de escribir y hablar según normativa de Pompeu Fabra. Pero en la que contemplo hoy, tras el reciente viaje, nada tiene que ver con aquella cabeza de león de una Iberia celtibérica, hoy convertida el aspirante a cola de ratón en esta Europa, macro, que cada vez quiere saber menos de nacionalismos, empezando por el tótum revolutum de un Brexit que puede joder más a británicos que a las gentes del otro lado del Canal de la Mancha, y acabando por la viuda que Macron recibió en Cerdeña, pidiéndole el indulto para su marido, asesino confeso de terrorismo independentista, y el presidente de la República despidió sin mejor contestación que su acatamiento a los tribunales franceses.

Patética minoría que ha convencido a la mitad menos uno, de que es posible la desconexión. Mentira infantil para disculparse de lo irremediable

En España el tema ya se está pasando de castaño oscuro a negro, que es el color que funde y confunde a los demás. Ninguna culpa, y menos mérito, tenemos los valencianos y por inclusión los alicantinos en que se nos meta en el saco de Països Catalans, sin que nadie de aquí, que yo sepa, salvo cuatro vesánicos universitarios y algún otro desocupado alborote con que somos «estelados en rojo o azul» sin mayor permiso ni conocimiento que el que le provoca su propia enfermedad mental con unas quimeras donde la imaginación obstruye la realidad: nunca por argumentos históricos, sino por pura inclinación freudiana. En el loquero campan los internos de «ho tornarem a fer» haciendo su propia Barataria, muy creídos que ya no están ni en España, ni siquiera cuentan Europa. Isla en medio de la nada. Patética minoría que ha convencido a la mitad menos uno, de que es posible la desconexión. Mentira infantil para disculparse de lo irremediable. Los Mossos d’Escuadra, vitoreados ayer, son hoy «gentuza al servicio del Estado opresor. El Estatut que fumigó el PP, simple papel mojado e inútil para un futuro ajeno a la nación más vieja de Europa. El PSOE: fuerzas de ocupación. Los podemitas, fariseos a ambas orillas del Ebro, nadan y guardan la ropa progre, pero no convencen como nudistas porque, cual veganos de irreprimibles tentaciones por el poder de una buena mesa, lo mismo le dan a la carne (PSOE) que al pescado que transita por los ríos de nación de naciones.

El dictador Francisco Franco fue masacrado por los tubos de ensayo de un hospital cruelmente dirigido por su yerno marqués de baja estofa, pero murió faraónicamente en su cama de El Pardo

Los catalanes, y solo desde mi modesta opinión, llevan siglos queriendo parecerse al histérico/a que necesita una bofetada para recomponerse, y volver a su ámbito normal. Basta mirar la Historia de la Península Ibérica para comprobar qué pasó desde la Tarrraco romana hasta Espartero, para acabar en la Semana Trágica, el fratricidio entre anarquistas y comunistas de la segunda República o, finalmente, el patibulario franquista. Nadie se debe engañar. El dictador Francisco Franco fue masacrado por los tubos de ensayo de un hospital cruelmente dirigido por su yerno marqués de baja estofa, pero murió faraónicamente en su cama de El Pardo para regocijarse con los cientos de miles de españoles que al día siguiente pasarían rindiendo culto a su momia.

La Transición ató al comunista Carrillo, pero dejó libre al fantasma de Companys y de los carlistas vascos licuados en la ETA pseudo-marxista y sobre todo antifranquista. Aunque parezca mentira volvemos al XIX, y el ejército, tal que siempre, amortizados Mossos d’Escuadra, Policía Nacional y Guardia Civil, volverá a Cataluña. Como esto ya está escrito y publicado: me juego doble contra sencillo. Hagan juego, lectores/as. Como decía Woody Allen: «yo tengo varios psiquiatras porque alguno me da la razón». En este caso, mucho me temo, que Catalunya, manque nos pese al resto de Iberia, vuelva a acabar dentro de una camisa de fuerza.

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