Frío en el cuello

No se pueden hacer planes a largo plazo de manera improvisada y por capricho. Vivimos en un momento en que una gran idea se queda obsoleta un rato después. La comunicación instantánea genera debates en un suspiro y -en ese mismo lapso de tiempo- se resuelven, se agotan y quedan anticuados al instante. Por eso es muy importante aprovechar lo que uno tiene, por si pasa de largo y no vuelve otra vez. Si yo fuera presidente –como el programa de García Tola en los 80’- habría intentado una investidura acorde al contexto electoral ofrecido por las urnas. Repetir la jugada puede modificar el resultado, aunque los actores sean los mismos. La improvisación y el capricho pueden disparar por la culata y haber dado tiempo a otros a ganar enteros.

En unos días se abre la carpa de la campaña electoral. El circo mediático de las elecciones generales ya está en marcha. Los candidatos ensayan sus numeritos para ofrecer el ‘más difícil todavía’ en su minuto de gloria en radio y televisión. Les veremos besar niños, acariciar mascotas, coger del brazo a viejecitas y bailar y cantar en los mítines. Es la americanización de la política española.  España registra los peores datos del paro desde 2012. La desaceleración económica –como llamaba Zapatero a la crisis- se hace evidente en las cifras de la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre. La economía española pierde músculo y lo vamos a notar muy pronto.

La incapacidad de Sánchez para formar Gobierno y la convocatoria de unas nuevas elecciones pueden provocar el periplo electoral más breve de la historia

Muchos electores todavía no tienen decidido su voto, y me temo que no inclinarán su decisión valorando las políticas reales que España necesita. De eso se encargan los candidatos. No hablan de paro, ni de economía, ni de modelo de gestión. Solo hablan de humo, y de Franco, y de Cataluña. Saben que provocando a la visceralidad ganarán más que si apelan al raciocinio.

A Pedro Sánchez le ha funcionado, pero intuyo que se revierte su racha. Nunca un ciclo electoral habría sido tan corto. La incapacidad de Sánchez para formar Gobierno y la convocatoria de unas nuevas elecciones pueden provocar el periplo electoral más breve de la historia. Las encuestas sonríen a los populares, que ven cómo pueden resurgir de sus cenizas. Los beneficiados de la repetición electoral y de la cronificación del problema catalán son los de Vox. Todos los sondeos le dan un aumento considerable en el número de votos. Habrá que estar pendientes de las sumas. Puede que todo quede igual que en abril, con los ligeros cambios que se mueven por los vasos comunicantes de cada bloque. O que –en efecto- haya caducado la era Sánchez y la suma dé suficiente resultado para echarle del trono.

Si eso ocurre veremos a Pedro Sánchez con el gesto del que tiene frío en el cuello, a medio camino del que hace el que piensa “¿qué ha pasado?” y el que dice “no me lo esperaba”. Cuellicorto y boquibajo se ha de quedar el flamante presidente si los resultados truncan sus ansias de poder el 11N. Todo es posible.

 

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