Caganers

Homenajeando a «La Codorniz», aquella revista mítica de humor en tiempos de Franco, plagiaré una de sus más celebradas frases: «bombín es a bombón como cojín es a X, y me importa dos X que encierren a Puigdemont». Aunque si me apuran, prefiero que lo dejen suelto porque a cada frase que suelta se asemeja más al «caganer» de los belenes catalanes dejando la «plasta» en medio del «merdé» y donde menos te lo esperas. Hasta en TV3, portavoz de la separación vesánica, pasan de este cobarde huidizo.

Sin ir más lejos, el domingo dejó plantados a unos 100 independentistas que acudieron a Waterloo para realizar otra marcheta de 17 km hasta Bruselas. El gandul dijo desde su mansión napoleónica que tenía bastante trabajo siguiendo a la prensa internacional en sus artículos sobre el consumado poco menos que nada procés hacia la independencia ensoñada y de ahí, victoria tras victoria, al precipicio de la derrota final.

A poco que rasquemos mapa abajo, observamos cuanto empieza a perjudicarnos, también a los alicantinos, la «punta locura» del independentismo violento

Quizás alguno de nuestros lectores/as se pregunte si no hay bastante artillería democrática en las teles y prensa nacionales como para que aquí nos ocupemos de lo indeseable. Pero es que, a poco que rasquemos mapa abajo, observamos cuanto empieza a perjudicarnos, también a los alicantinos, la «punta locura» del independentismo violento.

  1. a) Nuestra flota de transporte por carretera es, aunque poco conocida, muy potente en largas distancias, pues somos una provincia eminentemente exportadora con clientela mayoritariamente europea.
  2. b) Nuestra agricultura hortofrutícola y de primor están a la cabeza del país, esencialmente en cítricos, granadas, dátiles, nísperos, etc. muchos de ellos productos perecederos que deben llegar a los mercados de Europa con la mayor celeridad posible para no depreciarse o simplemente ser rechazados.
  3. c) Nuestra principal industria, ocioso resulta recordarlo, es la del turismo. No hay nada más temeroso para cualquier visitante extranjero que enterarse de que el país que piensan visitar tiene problemas de orden público y de movilidad; baste citar los ejemplos de Egipto o Túnez como destinos criminalmente saboteados por el integrismo islámico, en algunas presuposiciones de rechazo al otro tan parecido al catalán.

Y así podría acabar con agraviantes apartados del abecedario entero, mayúsculas y minúsculas incluidas. Por eso resulta preocupante, sobre todo para quienes tenemos vivida memoria, el que por estos pagos tan tranquilos y pasotas que nos hemos ganado el calificativo muy nuestro e intransferible de «menfotistas», ahora empiezan a aparecer, vía Valencia, separatistas de estelada antiespañola, que no solo se ciscan en el Tribunal Supremo escupiendo a uno de los imprescindibles (y se supone que intocables) pilares-poderes sobre los que se asienta cualquier auténtica democracia preciada de tal, sino que descojonándose del Gobierno en funciones, y un tanto timorato, se creen en la antesala del triunfo de una rebelión que, y por su bella cara cuatribarrada, los convertiría en República independiente.

Imaginemos que un hijo agrede a un padre hasta hacerte daño severo, porque una cosa es darle patadas en las espinillas, escupirle, incluso un rodillazo en sálvese las partes, pero otra, muy otra, tirarle la plancha al entrecejo o a las sienes

Desconozco nación que haya logrado su independencia sin sangre. ¿Cuál es la solución última cuando se declara una guerra entre supuestas «democracias»? Victoria de uno, derrota del otro y, en el mejor de los casos: un armisticio. Por ponerlo en plan casero, imaginemos que un hijo agrede a un padre hasta hacerte daño severo, porque una cosa es darle patadas en las espinillas, escupirle, incluso un rodillazo en sálvese las partes, pero otra, muy otra, tirarle la plancha al entrecejo o a las sienes: eso puede tener no solo un acto reflejo de respuesta, sino una represión severa. Hay más de 600 heridos y la mayor parte, entre ellos el «gravísimo» (UCI), correspondían a Mossos d’Escuadra y Policía Nacional.

Éstos mendas de la kale borroka catalana pretenden la segunda edición de la Semana Trágica, reléanse la historia que viene al pelo, y sepan los catalanes que el ejército, incluida La Legión, no suelen andarse con muchas contemplaciones. Quizás es lo que están buscando, y los famosos infiltrados sean promovidos por los enemigos de una Europa fuerte y unida como Estados Unidos y Rusia. Money is Money.

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