Actualidad Jorge Cremades Opinión

Violencia intolerable

ERC recuperando su perfil duro y escenificando su unidad con Torra en lo fundamental, mientras reclama al Gobierno de Sánchez que "su policía sea democrática" y le exige "una mesa de negociación".

Dicen que una imagen vale más que cien palabras y basta ver las imágenes en televisión para saber que la violencia extrema desatada en Cataluña, especialmente en Barcelona, durante toda esta semana es intolerable e inaceptable en cualquier Estado de Derecho democrático, salvo que dicho Estado esté abocado a convertirse en un Estado fallido. No en vano, para evitarlo, el Estado, a través de sus instituciones, cuenta con el monopolio del ejercicio de la fuerza para garantizar el orden público y los derechos y libertades de todos sus ciudadanos…..y en este caso la responsabilidad recae en primera instancia en la Generalitat de Catalunya y, en caso contrario, en el Gobierno de España, garante en definitiva del orden público y de los derechos y libertades de todos los españoles, incluidos los catalanes. Por ello no se entiende que Torra, más cercano a quienes promueven la violencia que a quienes defienden la paz y la convivencia democrática, siga al frente del Govern, y por eso, cada día que pasa, se va entendiendo menos que Sánchez no haya tomado ya medidas excepcionales, que la Constitución y la legalidad vigente pone en sus manos, para atajar una situación excepcional de violencia extrema que campa a sus anchas por las calles de Barcelona. Si tras los primeros graves disturbios el Presidente Sánchez salió a la palestra garantizando ante la violencia «firmeza, unidad y moderación», exigiendo a Torra que rectificara y, al menos, condenara la violencia (lo que el President hizo al final, tímidamente y a regañadientes), y declarando que el Gobierno de España «garantiza el derecho de manifestación pacífica en Cataluña» y que la Policía y los Mossos «defienden la legalidad constitucional y estatutaria»……pasados varios días, con la violencia «in crescendo», es obvio que la garantía del Presidente queda en aguas de borrajas y llama la atención que no haya tomado ya medidas contundentes para atajar semejante caos de convivencia, tal como le piden los partidos de la oposición. Es incomprensible que, ante un ataque secesionista al Estado, el Gobierno bendiga las manifestaciones ilegales si son pacíficas, reduzca la violencia a grupos minoritarios y evite comprometerse ante Casado y Rivera a aplicar la Ley de Seguridad Nacional para combatir eficazmente esta peligrosa escalada de violencia promovida por el Govern de Catalunya, mientras Torra, junto al ex lehendakari Ibarretxe, se suma a las marchas cortando la AP-7 a la altura de Gerona, y mientras Barcelona se convierte en un infierno diario cada vez más insoportable con barricadas incendiarias, coches y contenedores quemados, vallas arrancadas, lanzamiento de objetos y ácido contra los mossos, destrucción de enseres públicos y privados, cortes de carreteras y calles…..y otras lindezas por el estilo. Es incomprensible que (si todas estas cosas sucedían ya en la tercera jornada de graves disturbios, con un Torra encabezando las protestas, cuando es el máximo responsable de los Mossos, y negándose a condenar los actos violentos, que achaca cínicamente a «infiltrados» y a «grupos violentos») Sánchez, como Presidente de Gobierno, respondiera a Casado y Rivera que «la moderación es fortaleza», cuando el líder del PP le recriminaba su «imprevisión» ante lo que iba a ocurrir y el líder de Ciudadanos le exigiera el cese del «pirómano» Torra, y ambos le pidieran la aplicación ya de la Ley de Seguridad Nacional o la del artículo 155 de la Constitución, así como que el PSC rompa con los separatistas en las más de cuarenta instituciones que cogobiernan. Y es lógico y comprensible que comerciantes y hosteleros se indignen por los destrozos, que la Liga de Fútbol pida que el Barça-Madrid se aplace, que el Constitucional advierta a la Generalitat de un posible delito de desobediencia, que SEAT pare la producción, que EEUU, Francia y Reino Unido recomienden no viajar a Cataluña, que la patronal advierta de los efectos negativos de la anunciada huelga general, o que los cruceros decidan no atracar en Barcelona y lo desvíen a puertos próximos.

Esta es la trayectoria pacifista de un Torra que, ante la pasividad del Gobierno de España y en plena violencia en Cataluña, se queda solo en su intento de celebrar otra consulta ilegal, planteando volver a «poner las urnas»

Violencia intolerable mientras se conoce que el juez Varela fue quien apadrinó la tesis de la «ensoñación» en el fallo del Supremo y que durante las deliberaciones dos magistrados, que sí veían el delito de rebelión priorizaron la unanimidad; y mientras se publica además que el Jefe de los Mossos se negó a dimitir como le exigía Torra, pues en una tensa reunión con el conseller Buch quería dar la cabeza de Eduart Sallent a los CDR tras las cargas y el comisario le retó a cesarle, mientras los agentes denunciaban «si no es por la Policía Nacional nos matan». Esta es la trayectoria pacifista de un Torra que, ante la pasividad del Gobierno de España y en plena violencia en Cataluña, se queda solo en su intento de celebrar otra consulta ilegal, planteando volver a «poner las urnas» en esta legislatura, aunque ERC y la CUP se desmarcan, pues con el mejor estilo de los dictadores su propuesta no sólo no fue debatida sino incluso no anunciada a su propio Govern. No en vano toda la oposición reclama ya la dimisión del iluminado President que, fuera de control, amenaza con este nuevo referéndum «para validar la independencia», prometiendo a espaldas de sus propios socios otra consulta unilateral ilegal, en tanto que el Gobierno de Sánchez, incomprensiblemente, se limita «a la espera de acontecimientos» y los CDR abren la huelga general con otra noche de violencia en Barcelona, la cuarta, con nuevas barricadas incendiarias y, como novedad, con enfrentamientos entre ultras y radicales. Y mientras Torra eleva el desafío y pide contención a los Mossos ante los CDR, Colau, la alcaldesa de Barcelona, ordena a la Guardia Urbana que no apoye a las Fuerzas de Seguridad, en tanto que radicales del País Vasco y de Europa se suman a la «guerrilla». Es lo que pasa cuando la violencia se adueña de las calles sin que el Estado la ataje con absoluta contundencia.

Y como nadie hace nada para evitarlo, los grupos violentos extienden de nuevo el caos en el centro de Barcelona en la quita jornada de disturbios, centrándose ahora en ataques directos a las fuerzas de seguridad, emborronando la marcha masiva y pacífica contra el fallo del Supremo y en apoyo de los condenados, lo que ya, en sí mismo, la aleja del manido pacifismo cínicamente proclamado por quienes no respetan el Estado de Derecho. Es obvio que el separatismo, en su doble juego de pacifismo y violencia, amenaza con consumar la ilegal secesión en la calle con la ANC reclamando a una gran multitud, llegada de todos los lugares de Cataluña a Barcelona, que se prepare para «sostener y defender» la independencia ante la división política, mientras los radicales independentistas incrementan la presión llevando Barcelona al caos, mientras un manual juvenil enseña a hacer frente a la policía, mientras Sánchez se sigue conteniendo y espera que ERC tumbe a Torra, mientras la Audiencia Nacional ya ve terrorismo en los disturbios, y mientras el Ministerio de Interior los minimiza, asegurando Marlaska que «se puede visitar Barcelona con total tranquilidad» contra las imágenes que nos llegan por televisión en estos días. Entretanto los radicales, además de los múltiples destrozos, hieren de gravedad a varios agentes en esta nueva jornada de disturbios (y las que nos esperan), mientras la Audiencia investiga a Tsunami Democratic, la nueva siniestra plataforma secesionista del terror, por terrorismo y posible rebelión, en tanto que el Gobierno se escuda simplemente en acciones judiciales contra los detenidos para evitar medidas excepcionales contra esta intolerable excepción antidemocrática violenta.

ERC recuperando su perfil duro y escenificando su unidad con Torra en lo fundamental, mientras reclama al Gobierno de Sánchez que «su policía sea democrática» y le exige «una mesa de negociación»

Al final se salda la semana con una sexta jornada de protestas con apariencia de pacifismo que no queda exenta de conatos de violencia como las anteriores, pues es inevitable que la cabra tire al monte, con un Torra rehusando condenar los graves disturbios que incendian Cataluña, mientras Sánchez, que sigue sin aplicar medidas excepcionales, le exige un rechazo rotundo de la violencia y Grande-Marlaska visita a los policías heridos y se reúne con sus mandos en Barcelona, mietras Pere Aragonés, el Vicepresident del Govern, secunda a Torra pese al distanciamiento formal de su partido, ERC, que, en definitiva, busca forzar elecciones para descabalgarle, siempre con el permiso de Puigdemont, con quien negocia liquidar la legislatura y convocar comicios en febrero. Ya ven, postureo formal pero en el fondo ni rebajar un ápice las pretensiones totalitaristas del secesionismo más radical, mientras Sánchez rechaza una llamada de Torra porque no condena la violencia, aunque no pone las medidas que la democracia pone en sus manos para evitarla de una vez por todas; una inacción incomprensible que rearma al separatismo, con una ERC recuperando su perfil duro y escenificando su unidad con Torra en lo fundamental, mientras reclama al Gobierno de Sánchez que «su policía sea democrática» y le exige «una mesa de negociación», pues, según Pere Aragonés, el Vicepresident republicano del Govern, «Sánchez tiene que negociar el referéndum y la amnistía» mientras advierte al Gobierno de España, con quien mantiene contactos, de que no se puede «esconder la sentencia» (lleva razón, la sentencia no se puede esconder ni rechazar, simplemente ha de aplicarse y acatarse, cosa que el secesionismo no hace). Y mientras PP y Ciudadanos amenazan ya al PSOE con la ruptura, si no pone en marcha los mecanismos constitucionales en manos del Gobierno para acabar con esta intolerable violencia, avanza este procés revolucionario con el que los soberanistas buscan ahora declarar la secesión con la presión de la calle, en tanto que jóvenes burgueses se van sumando a los violentos CDR.

Así las cosas, y con la precampaña electoral de fondo, mientras desde Génova sostienen que «Cataluña determinará si el PSOE gobierna», se publica el primer tracking electoral post-sentencia, según el cual el PSOE caería por debajo del 28-A, el PP se acercaría y Vox ya sería el tercer partido en el Congreso de los Diputados; los resultados serían: PSOE 27´1% de votos y 122 escaños, PP 21´2% y 98, Vox 11´3% y 34, UPodemos 12´8% y 33, Ciudadanos 9´3% y 19, Más País 4´2% y 6, ERC 4´2% y 16, PNV 1´7% y 7, JxCat 1´4% y 4, y Otros 6´8% y 11. Se encara así una campaña electoral en la que Sánchez impone un único debate televisivo para el día 4, antes de que se conozcan los datos de paro, mientras la Junta Electoral hace un apercibimiento grave contra su Gobierno por hacer ya campaña desde Moncloa y le avisa de que le sancionará si vuelve a utilizar el Consejo de Ministros. Por su parte, mientras el big data del PP lo sitúa con opciones de ganar las elecciones, su presidente Pablo Casado, dice que «la gran coalición dejaría la alternativa en manos de Vox y Podemos».

En este ambiente intolerable de violencia y deterioro de la imagen de España, se celebra en Oviedo la entrega de Premios «Princesa de Asturias», en los que Leonor se estrena con su primer discurso al igual que lo hiciera su padre, el Rey Felipe, hace 38 años. Un discurso de cinco minutos por el que se compromete a «servir a todos los españoles», pues «ser heredera me compromete con el esfuerzo de servir a España», mientras su padre, el Rey y Jefe de Estado, quien evitó en su discurso referirse explícitamente a los acontecimientos en Cataluña para no «elevar la tensión», le señala que «servir a los españoles es el mayor orgullo que puedes alcanzar», le pide valentía y le advierte de «desencuentros e incertidumbres» en pleno desafío secesionista y de que se necesita «coraje para servir a España» y esperanza, recomendándole que, por tanto, actúe «siempre con esperanza y coraje».

Por lo que se refiere a otros asuntos cabe citar que alquilar en España ya es más caro que comprar; que los aranceles costarán a España un 12% de sus ventas en EEUU, mientras el Banco de España advierte de un impacto «adverso y persistente»; que la familia Franco negocia en Moncloa los detalles de la exhumación y el hijo de Tejero oficiará una misa por el dictador en Mingorrubio; que el fiscal del Supremo pide rebajar a la mitad la pena de cárcel para Juana Rivas; y que el Gobierno pretende armonizar la selectividad en España aunque no se plantea una prueba única sino homogeneizar el temario de las materias troncales y que las faltas de ortografía se computen igual.

Y del exterior, citar que Turquía y EEUU pactan un alto el fuego en el norte de Siria pero se rompe con bombardeos; y que el narco impone su ley en Sinaloa y sacude a López Obrador, presidente de Méjico, pues tras el choque entre narcotraficantes y militares en Culiacán, capital de Sinaloa, Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo, es detenido y luego liberado ante la violencia y reacción de las bandas…..ya ven, cuando la violencia no es atajada de raíz por el Estado, impone su ley impunemente. Pero el acontecimiento más importante es el acuerdo entre Boris Johnson y la UE para un Brexit no salvaje, que por octava vez es rechazado por el Parlamento británico, obligando al primer ministro a pedir una prórroga, aunque éste intentará una nueva votación tras enviar una carta no firmada sobre el aplazamiento, mientras David Sassoli, Presidente de la Eurocámara, sostiene que «con el Brexit querían romper la UE, pero han fracasado»; un acuerdo que cuenta con el rechazo de los unionistas de Irlanda del Norte y de los laboristas, en el que España mantendría el poder de veto en Gibraltar, y en el que Johnson sacrifica el Ulster, provocando la ira del unionismo al quedar sólo Irlanda del Norte dentro de la unión aduanera… en definitiva, un capítulo más de la errada decisión de los gobernantes de Reino Unido vendiéndole a los ciudadanos aquel nefasto referéndum que conducía al país a un callejón sin salida (no estaría de más que los españoles, y muy especialmente los catalanes, lo tuvieran en cuenta a la hora de apostar por aventuras indeseables de sus dirigentes políticos, pues, al final, son los pueblos quienes pagan las consecuencias de las irresponsabilidades de sus gobernantes).

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: