Actualidad Manuel Avilés Opinión

Metidos en el gran lío

Estoy hasta los moños ya de catalanes, puigdemones y torras. La que están montando es de una bipolaridad digna del psiquiátrico de la Santa Faz por lo menos.

No les voy a dar más la paliza con mi mujer. Ella anda  haciendo crónicas de Europe por los países bálticos, pero que no se crea que yo me voy a quedar llorando ausencias y esperando el santo advenimiento hasta que se le ocurra volver. Mis noches en el colchón hinchable y mis cubos de quintos reiterados una noche detrás de otra, con la DANA, sin ella, con el insomnio, con los independentistas catalanes, con los políticos verborréicos e inútiles… Mis noches, en definitiva, me han curado la depresión y me han hecho venirme arriba. He vendido el casco que anuncié, he vendido una guitarra inservible porque no voy a ir de cantautor a la vejez, he vendido una cadena musical antigua y una enciclopedia de arte – ambas  piezas de museo- y hasta he alquilado el hueso de jamón cuya foto ya salió aquí mismo, porque aún le quedaba sustancia para un par de caldos por lo menos.

Venido arriba, eufórico, con ganas de empezar de nuevo – no sé qué, pero empezar algo- me presento en la Consellería de Asuntos Sociales a pedir auxilio que es lo que en teoría tienen que repartir allí. Tengo doscientos diecisiete euros fruto de mi liquidación patrimonial y me los pienso gastar enteros. Intento apuntarme a unas jornadas de turismo termal para jubilados. ¡Mierda! La Consellería de Asuntos Sociales se manifiesta tan inútil como todas las demás, como las Secretarías de Estado, las Alcaldías, las Concejalías y los Ministerios. ¡He llegado tarde! Me tengo que apuntar para el año que viene. Me pilla lejos y tengo mil dudas. ¿Habrá vuelto mi mujer? ¿Tendré que ser padrino de su boda con el músico? ¿Habré podido guardar algo, aunque sea mínimo, de mis doscientos diecisiete euros? ¿Me habrá salido una novia rica – cosa imposible para un indigente de mi calibre, recuerden a la Mariela de Fito y Fitipaldis, la del negocio entre las piernas-? ¿Me habré muerto esperando una resonancia  en las listas  de la seguridad social? ¿Habré conseguido entrar de recadero, mismamente, en algún grupo solvente de atracos o de narcotráfico, crimen organizado, en definitiva, que me saque de la miseria aunque sea llevándome a Fontcalent?¿ Me saldrá una prima alcaldesa que me coloque de jefe de algo aun sin saber nada?

Estoy hasta los moños ya de catalanes, puigdemones y torras. La que están montando es de una bipolaridad digna del psiquiátrico de la Santa Faz por lo menos

Ya había renovado el vestuario incluso. Me compré el sábado dos pantalones en el mercadillo de Benalúa a tres euros la unidad. Me los probé en plena calle corriendo el riesgo de que el municipal me denunciara por escándalo público porque, si he de ser sincero, yo, desnudo, gano bastante. Lo más parecido a un cachas de gimnasio aunque tenga el pecho un poco caído hacia la parte de la barriga. El dueño del puesto se negó a hacerme una foto probándome el género – para ponerla como prueba en 12endigital–  argumentando que el porno duro callejero no entra en su negocio de moda “pret a porter”. Si soy realista, mis programas no pueden ir más allá de tres días, una semana tirando lejos. Frustrado mil plan de balnearios a buen precio, de spas y masajes terapéuticos, pecaminosos o como quiera que los den en esos sitios, me decidí  a hacer turismo a costa de lo que fuese.

Arreglado pero informal, como para salir de viaje inmediatamente, exhibiendo mi físico espectacular y mi tarjeta de oro de autobuses – regalo de Barcala a los que superamos una edad indecente-, me subí en el  3 en la avenida de Orihuela y me bajé en la Rambla. Me subí en el cinco y me bajé en San Agustín. Me subí en el 24 y me baje en Oscar Esplá. Me subí en el 6 y me bajé en la colonia Requena. Todo el día autobús arriba y abajo como si estuviera ya metido de lleno en la ruta del Imserso pero sin tener que aguantar a viejas – coñazos como yo- que se hacen bocatas con los panecillos del desayuno y te dejan hambriento como no estés en la puerta del comedor media hora antes de que abran. Acabé el día derrengado y calculo que hice más de setecientos cincuenta kilómetros de un autobús a otro. Lo mismo que si me hubiese ido a Santiago de Compostela pero sin que me sellen ninguna cartilla por visitar la tumba de un apóstol que no estuvo jamás en España.

Acochinado en mi colchón del Mad Pilot, tiemblo de miedo ante la gota fría que dicen que viene, porque la necesidad me hizo vender el remo y el cayuco y solo me queda el colchón y el chaleco salvavidas para soportar las inundaciones que predicen

Acochinado en mi colchón del Mad Pilot, tiemblo de miedo ante la gota fría que dicen que viene, porque la necesidad me hizo vender el remo y el cayuco y solo me queda el colchón y el chaleco salvavidas para soportar las inundaciones que predicen. Estoy hasta los moños ya de catalanes, puigdemones y torras. La que están montando es de una bipolaridad digna del psiquiátrico de la Santa Faz por lo menos. ¿Cómo es posible que un individuo, presidente de la generalitat y jefe por eso mismo de los mozos de escuadra, los mande a repartir hostias y felicite a quienes provocan los altercados que hacen que los mozos tengan que ir: esquizofrenia total. ¿A qué infiltrados culpan cuando uno ve calles ardiendo y gentes encapuchadas rompiendo lo que encuentran a su paso, quemando contenedores, coches, motos, escaparates y lo que se tropiecen? ¿Los infiltrados  son granadinos, leoneses, melillenses, de Badajoz con banderas estela das de bufanda. ¿Cómo pueden aislar el aeropuerto – veo a japoneses comiendo en el suelo y a un italiano durmiendo en un cartón como si fuese mi colega- y que vaya entre esa horda apabullante la propia mujer del president Torra? ¿Qué hace Carola Miró (Torra) cercando el aeropuerto como integrante del tsunami? ¿Qué hace el mismísimo Torra con Ibarreche  en la marcha que corta carreteras? ¿Van a ir los mozos a disolverlos?

Todos calculan la rentabilidad electoral de su postura en este embrollo. Estamos metidos de lleno en un gran lío

Me lo pueden explicar en latín, en griego, en un ejemplo con melones, o venir la mismísima Charlize Theron  a intentar que lo comprenda. No entra en mi cabeza de chorlito.   Mis conocimientos de economía son mínimos –de ahí mi situación ruinosa- pero llego a entender que por muy autorizadas que sean las manifestaciones y por muy pacíficas las concentraciones,  una gran ciudad como Barcelona no puede estar ocho días colapsada con una manifestación detrás de otra. ¿Alguien trabaja ahí? ¿Cuándo lo hace? ¿Se han vuelto todos colegas míos en el vagabundeo?

Sánchez a la cabeza –y todos los demás igual- hablan con ambigüedades, con palabras huecas, cada uno a la medida de sus narices. ¿Qué les importa? Muy fácil. Todos calculan la rentabilidad electoral de su postura en este embrollo. Estamos metidos de lleno en un gran lío. ¿Diálogo? Acerca de qué si exigen referéndum de independencia –exactamente lo mismo que pedían los etarras en la cárcel de Burgos a un servidor en 1993- y nadie puede conceder eso? Supongamos que se lo pueden dar: los vascos irían inmediatamente después. ¿Desguazamos el estado por las bravas? Mientras, Don Felipe, entroniza a su hija en Asturias de forma, para mí, frívola e ininteligible. Esto es un rompecabezas irresoluble. Me arrebujo en mi colchón, veo a un grupo de negros correr en el teledeporte, como si los persiguiera un tigre de Bengala. Adopto la postura del político y el sindicalista: no hago nada, que salga el sol por Antequera.

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