Actualidad Manuel Avilés Opinión

¿Quién sabe dónde?

En la televisión siguen hablando, entre muerto y muerto, de la crisis que se avecina y de la caída en picado de la economía.

No hay quien entienda a las mujeres. Esa frase tan oída la estoy experimentando en carne propia. He buscado –en mi peregrinar  vagabundo por la calles de Alicante- un libro que creía recordar acerca de cómo comprenderlas. Una librería tras otra he recibido la misma respuesta: Como comprender al género femenino es un libro inexistente. Mi mujer sigue en Estocolmo, con su amiga y haciendo crónicas de los conciertos de Europe. No sé cómo se ha enterado de que duermo en mi colchón – ya famoso- en el Mad Pilot, frente a la Universidad. Hace dos noches me llamó para preguntarme cómo seguía. Quitando unas bronquitis enganchadas por los aguaceros de la gota fría, un déficit vitamínico, un colesterol por las nubes debido a la chistorra de los bocadillos indignados y las transaminasas en la estratosfera por culpa de los cubos de quintos, estoy perfectamente. Le dije que si, finalmente, había boda de ella con el líder de ese grupo puntero, yo quería ser el padrino. Para dejar constancia de mi ser razonable y moderno, de que no soy uno de esos gilipollas celotípicos y paranoides  que reaccionan, cuando su mujer se echa un novio, montando dramas mejicanos de Buñuel, tiroteos, broncas en los bares y noches perdidas buscando matones albanokosovares que apaleen al incauto que tuvo el mal gusto de enrollarse con una choni aún casada con un aprendiz de macarra. Cuando le expresé mis deseos de ser el padrino en esa boda – ya me buscaría una indumentaria adecuada aunque fuese prestada- me colgó el teléfono enfadada porque dice que está allí buscando novio sino trabajando. Creo que me iré a vivir con Vizcaíno – el que me financia los cubos de quintos cuando llego a las noches, indigente- porque a las mujeres no las entiendo y a él sí.

Le he dicho a la chica del Mad Pilot que me quite ya las noticias de 24 horas en la tele porque me causan insomnio. Van a tener que llamar a Lobatón, aquel que buscaba gente desaparecida, para que encuentre un lugar adecuado para enterrar a Franco que contente a todo el mundo.

El dictador murió en su cama, con mando en plaza y diciendo quién tenía que sucederle, que el derrocó pero nunca fue derrocado

Esto es un auténtico esperpento, al menos para mis cortas entendederas. A ver si me aclaro: El Parlamento –plagado de gente desocupada sin otro oficio ni beneficio que vivir del dinero público dando poca chapa, con honrosas excepciones. Pocas- aprueba que saquen al dictador de su tumba de lujo, aunque el dictador no se enterará de lo que lo sacan ni del traslado ni de que lo entierran en otro lado. El dictador murió en su cama, con mando en plaza y diciendo quién tenía que sucederle, que el derrocó pero nunca fue derrocado. Hasta la derecha naranja, ese partido instrumental en liquidación por derribo, ausente de cualquier idea que no sea pillar cacho, votó a favor del traslado de tumba. La familia, beneficiada social y económicamente por el abuelo golpista, millonarios por herencias –véase lo publicado al respecto por el alicantino Mariano Sánchez Soler-,  quiere que la gente siga rindiendo culto al dictador y se opone al traslado fúnebre porque el Valle de los Caídos, levantado con la sangre y el sudor de los vencidos, es suyo. Su paraíso particular con curas que dicen misas, una tras otra, para que su alma no se quede varada en la Laguna Estigia y Caronte le facilite el paso al disfrute eterno.

Aparece un personaje nuevo y digno de estudio, un cura falangista y berlanguiano al que todo el mundo conoce ya por “El Prior”. Firma Cantera O.S.B – Ordinis Santi Benedicti, noten que los genitivos están puestos en su sitio, que uno es pobre, vagabundo, sin sitio donde dormir, con la mujer huida en Estocolmo, pero no analfabeto latino y sabe que esas siglas cierran las firmas de los benedictinos-. Pues bien, el Prior Cantera se erige en autoridad  y dice textualmente –leído en El Diario.es-  que “no permitirá la exhumación de Franco y no dejará entrar en la Basílica para acceder a una res sacra”. Oyendo esto me da un soponcio y por poco Vizcaíno me tiene que aplicar el desfibrilador y hacerme la respiración boca a boca. Cantera O.S.B cree que vive en los tiempos de la Inquisición, en los tiempos del imperio del Derecho Canónico, que a día de hoy no pinta ni una mierda en la vida civil de cualquier país mínimamente civilizado. El derecho canónico extiende su normativa – aquí y ahora- sobre uno que quiera casarse por la Iglesia, o anularse por ella misma, y sobre uno que quiera ser cura, religioso, monja o monje. En absoluto puede ser invocado para detener una resolución del Parlamento y, menos aún, con el Supremo pronunciado sobre el particular.

En la televisión siguen hablando, entre muerto y muerto, de la crisis que se avecina y de la caída en picado de la economía

Por lo que me toca, me importan mucho menos Franco y su tumba que saber, por ejemplo, si mañana va a haber para mí un café con leche en su punto y una napolitana de chocolate recién hecha para paliar el déficit mañanero de glucosa. Reconozco el derecho del facherío a defender a su ídolo en el reposo eterno y me asombra que la señora Calvo –ya podría preocuparse por otras realidades más perentorias- tenga que ir una y otra vez al Vaticano para negociar la entrada en un lugar que es del Estado y no del Papa ni de sus subordinados. Acojonante. Le digo a Miriam –una trabajadora exquisita- que quite ya el canal 24 horas pero no me hace caso. Siguen hablando, entre muerto y muerto, de la crisis que se avecina y de la caída en picado de la economía. Todos guardando la pasta bajo el colchón e invirtiendo en oro que es un refugio seguro, para quienes puedan. Vean la foto que le he mandado al jefazo de 12endigital, que ya los pobres, ni en los contenedores vamos a tener nada que buscar. Por cierto, a ese que enseña los zapatos, si no consigo sacarlo a tiempo, acaba en los vertederos de Fontcalent o quién sabe dónde. Seguro que su tumba cochambrosa no plantea ningún problema de Estado.

Miriam cede finalmente y, para que concilie el sueño reparador, cambia al canal de Teledeporte. Un negro de Kenia corre la maratón como si estuviera tomando café en las terrazas de la Playa del Postiguet. Durante cuarenta y dos kilómetros es capaz de mantener el ritmo de diecisiete segundos cada cien metros. Ni una gacela en sus mejores años. Me canso solo de verlo y voy cayendo en los brazos de Morfeo, mientras sueño con Arias Navarro esperando a su jefe en Mingorrubio. Mi marca personal la tengo en veinte segundos para correr treinta metros. Huía de un segurata un día que me llevé –eximente de estado de necesidad- un salchichón de un supermercado.

1 comentario

  1. Manolo lo vivir juntos «vale» que seguro seguro que discutimos menos que con nuestras respectivas Sras, así que cuidate porque lo del boca a boca, me da un repelus… que salgo corriendo.

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