«Joker»: La peligrosa oscuridad del don nadie

En pocas ocasiones sucede el milagro cinematográfico de unir de manera perfecta cine artesanal independiente con respaldo del público en masa. Y lo más difícil todavía, que esa obra se convierta en icono, en una revolución, en un antes y un después. ‘Joker’ lo ha logrado.

Las expectativas eran muy altas desde el lanzamiento del primer tráiler el 3 de abril de 2019, aunque ya comenzaron a serlo al ver la primera imagen de Joaquin Phoenix caracterizado como Joker. La maquinaria viral ya estaba en marcha y los comentarios en redes sociales se multiplicaban cada día comenzando la promoción antes incluso que la finalización del rodaje. El director Todd Phillips, especialista en grandes taquillazos, como la saga «Resacón», lo tenía claro desde un primer momento: quería una película de bajo presupuesto, sin cromas ni efectos especiales, centrada en guion, interpretación y fotografía.

La historia de Arthur Fleck es la de un hombre bueno, con una complicada enfermedad mental, que sueña con ser un gran cómico de stand up, mientras trabaja en una compañía de payasos alternando trabajos de clown en hospitales para niños o campañas publicitarias a pie de calle. Pero el tema principal de la película gira en torno al diminuto límite que existe entre la cordura y la locura. Ese límite puede ser sobrepasado por un momento puntual en el que la situación te supera y pierdes el control. A partir de ahí no hay retorno y Arthur no tiene nada que perder. Deja de ser Arthur para convertirse en Joker. Lo genial del guion es su simpleza y eficacia. Tiene un ritmo equilibrado que mantiene desde el principio, y los giros dramáticos son sorprendentes, y golpean al espectador como un puñetazo en la boca del estómago. Es una película compleja y anárquica que genera multitud de emociones contradictorias, amargas, tiernas, tristes, cómicas y de gran ansiedad. Tiene multitud de lecturas, ya que como subtemas el director nos habla de la marginalidad social, la lucha de clases, o incluso la utilización de la violencia como arma de justicia social.

La transformación de Joaquin Phoenix es salvaje, consigue definir cada matiz de esa personalidad indefinible, etérea, y cada pequeño detalle que aporta genera una verdad rara vez vista en ningún otro actor de su generación

El alma de «Joker» es Joaquin Phoenix. El camaleónico actor con más de treinta y cinco películas a sus espaldas, niño prodigio, y estandarte del cine independiente contemporáneo casi siempre ha huido de grandes producciones y proyectos comerciales de bajo valor artístico. En este caso, una de sus exigencias, era que este proyecto se alejara de todo lo visto durante las últimas décadas en el cine de superhéroes. Y así fue. Su transformación es salvaje, consigue definir cada matiz de esa personalidad indefinible, etérea, y cada pequeño detalle que aporta genera una verdad rara vez vista en ningún otro actor de su generación. Su mayor referente ha sido Buster Keaton, dotando al personaje de una mímica maravillosa, a lo que ayudaron sus clases de mimo al inicio de su formación en arte dramático. En esta película muestra una faceta nunca vista antes en Joaquin Phoenix, su talento como bailarín y capacidad de expresión física, apoyada en los más de veinte kilos que perdió para dar vida a Joker. Hay momentos en los que parece levitar.

Todo esto acompañado de una banda sonora brillante, compuesta por Hildur Guonadòttir y una dirección de fotografía de Lawrence Sher mimando cada plano haciéndolo único, iluminando cada escena magistralmente para generar esa atmósfera oscura, deprimente y perturbadora. Quizá la única pega, por ponerle alguna a esta obra maestra, es que en algunos momentos imita en exceso a «Taxi Driver».

«Joker» es ni más ni menos que la respuesta a ese cine artificioso, lleno de efectos especiales, cromas y explosiones, pero vació de alma, sin ningún contenido ni mensaje importante, reflexivo o crítico. Es la demostración de cómo se puede generar industria y dinero hoy en día manteniendo los valores del cine clásico. Ojalá sea el principio de una revolución que haga recapacitar a las grandes productoras y vuelva el cine de siempre.

 

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