Actualidad Manuel Avilés Opinión

Perplejo con el gobierno… y con la oposición

La hija de un amigo se ha echado un novio negro que saltó la valla de Melilla hace año y medio. Si se llamara Ansu Fati sería un honor meterlo en la familia y se lo enseñaríamos sacando pecho a todo el vecindario, nos subiríamos orgullosos en su Porche Cayenne y las autoridades le darían la nacionalidad española ipso facto

Estoy totalmente de acuerdo con Muriel Barbery, la autora de “La elegancia del erizo” cuya lectura aconsejo fervientemente. Otro libro que he hallado en un contenedor tirado por algún iletrado sacrílego que, ni pasando varios siglos en el infierno de Dante, aquel que decía “abandonad toda esperanza quienes aquí entréis”, pues ni con varios siglos de penar en ese infierno dantesco, paga la culpa analfabeta de haber tirado a la basura semejante tesoro.  Me alegro de su analfabetismo porque así, yo, lo he podido tener gratis. Acuerdo total con la profesora Barbery: ser pobre, feo y por añadidura inteligente, condena en nuestra sociedad a trayectorias sombrías y desengañadas, a las que más vale resignarse lo antes posible. A la belleza – y al poder ejercido desde el sillón correspondiente- se le perdona todo, incluso la vulgaridad. Y podríamos añadir incluso: se le perdona ser estupid@, ser horter@ y hasta ser un bulto sospechoso, como califican a algun@s mis amigos de la Peña Tasotti.

No pasa un día que no me asquee un poco más el espectáculo que ofrecen nuestros prohombres de la política, los elegidos para regir nuestros destinos. Cada día veo más vacía de cualquier idea a Adriana Lastra, más Rotemmeyer militante activa del Concilio de Trento a Cayetana de Toledo y más niñato con ínfulas de hombre de estado a Rivera. De Abascal, tantos años bajo las faldas de Aguirre, evito cualquier comentario. No lo puedo remediar y les juro que me esfuerzo por mirarlos con ojos comprensivos y misericordiosos. Creí que había pasado la gota fría  y he empeñado el remo y el chaleco salvavidas que tenía como equipo de supervivencia en el Mad Pilot, donde duermo a diario con mi cubo de quintos estrella de Galicia – tres euros- que es el que autoriza mi estancia en el local. Esta noche, mientras escribo, veo más inundaciones. Si esto sigue así seguro que va a tener lugar una mutación genética y vamos a acabar todos convirtiéndonos en palmípedos, hasta el fascista de Trump que no cree en el cambio climático.

La hija de un amigo se ha echado un novio negro que saltó la valla de Melilla hace año y medio. Si se llamara Ansu Fati sería un honor meterlo en la familia y se lo enseñaríamos sacando pecho a todo el vecindario, nos subiríamos orgullosos en su Porche Cayenne y las autoridades le darían la nacionalidad española ipso facto

Adormilado, con la mitad del cubo de quintos consumido, oigo en la radio entre sueños a mi amiga Mara Torres – tuve el honor y el placer de presentarla con “Los días felices” en las cenas literarias de El Maestral, cuando yo todavía era alguien-.  De vez en cuando, mujer exquisita, pone una música escogida en su Faro nocturno. Suena Maná, unos macarras mejicanos –a los que también conozco, ya contaré de qué y cuándo- que cantan divinamente: “cómo quisiera lanzarte al olvido, cómo quisiera guardarte en un cajón, como quisiera borrarte de un soplido, me encantaría matar esta canción. Pero no puedo…”. No me puedo poner romántico porque cabe muy poco romanticismo cuando uno duerme en un colchón hinchable, con medio cubo de quintos al lado y sin haberse podido duchar ni darse las cremas hidratantes – de noche-, ni tomarse la Viagra ni ponerse el pijama de seda antes de irse a la cama y proceder a triunfar en el uso del matrimonio. Quito la radio y sigo a la televisión 24 horas que me devuelve a la cruda realidad. Me parto con la risa más amarga posible cuando nuestros próceres hablan del principio constitucional de igualdad porque ni ha existido ni existirá jamás tal principio informador de la totalidad de nuestro ordenamiento jurídico -¡qué bien me ha quedado, cojones. Que se sepa quién sabe!-

Principio de igualdad viviente: Don Iñaki Urdangarín, penado por importantes delitos económicos a penas igualmente importantes, sale de la cárcel sin haber cumplido la cuarta parte preceptiva – cuarenta años, muchos de ellos dirigiendo algunas de las prisiones más importantes del país, cuando yo era alguien, me dan una cierta autoridad-. Sale con el argumento del tratamiento y de paliar la soledad y el aislamiento. Me parto los mismísimos de manera irremediable, lo siento. No lleva a cabo esa actividad tratamental en la ciudad en que se ubica la cárcel donde cumple, sino que lo recoge un coche oficial, con dos policías de escolta, y lo traslada – cada vez que la actividad de tratamiento filantrópica tiene lugar- a ciento diez kilómetros. Cuando tal terapia paliativa de la soledad del penado, y beneficiosa para los usuarios a quienes va dirigida, ha tenido lugar, vuelven los policías y lo llevan de nuevo a su lugar de cumplimiento. Hasta la vez siguiente. Puro principio de igualdad porque es el que se aplica a todo penado que haya elegido un módulo para él solo en una cárcel de mujeres y muestre deseos de reinserción.

La hija de un amigo se ha echado un novio negro. Saltó la valla de Melilla hace año y medio, después de tres años de travesía sahariana desde Burkina Fasso, y ha trabajado ilegalmente nueve meses en los invernaderos de El Ejido. Mi amigo ha montado en cólera. ¿Cómo cojones te vas a hacer novia de un negro sin papeles, ilegal, sin oficio ni beneficio, qué futuro te espera? –brama dando hostias al mobiliario hasta que los vecinos llaman a la policía por si se tratara de un caso de locura doméstica-.

¡Amigo! Si el chaval negro se llamara Ansu Fati – es solo un ejemplo-, o Aschraf – solo es otro ejemplo- o… pongan el futbolista que les dé la gana. No solo sería un honor meterlo en la familia, sino que se lo enseñaríamos sacando pecho a todo el vecindario, nos subiríamos orgullosos en su Porche Cayenne y las autoridades le darían la nacionalidad española en menos de lo que tarda en persignarse un cura loco. No tendrían ni que hacerle ese test cultural preceptivo, que a un futbolista famoso no le hace falta saber quién era Cervantes, ni por donde pasa el Pisuerga, ni las comarcas de Burgos. Todos somos iguales ante la ley, a todos nos dan la nacionalidad con la misma urgencia que si hiciéramos falta para la selección española sub veinte.

El señor Sánchez no pacta un gobierno de izquierdas. y el Sr. Iglesias tampoco. Ya tienen aquí a uno que no va a votar en noviembre

Poco antes de dormirme – solo queda ya un quinto en el cubo- oigo, con la poca capacidad de raciocino que me queda: “Twiter y Facebock eliminan trescientas cincuenta y nueve cuentas falsas atribuidas al PP para las últimas generales”(*). ¡La madre que me parió! ¿Para qué querían esas cuentas falsas? ¿Para reforzar la financiación? ¿Para hacer publicidad de los martillos que arreglan ordenadores? Si eso lo hago yo, duermo en el departamento de ingresos de Fontcalent sin posibilidad de remisión condicional de la pena. Me empalma – como a Juan Carlos de Manuel este principio igualitario-.

Y el señor Sánchez, digno y serio y hombre de estado, no pacta un gobierno de izquierdas. Y El Sr. Iglesias, contagiado del espíritu de los chalets de la sierra norte madrileña con piscina y parcela, tampoco. Ya tienen aquí a uno que no va a votar en noviembre.

¡Señor, llévame pronto!

(* Ver El Pais de 21-9-2019. Artículo firmado por Borja Andrino, Daniele Grasso y Jordi Pérez)

(* Gravísima metedura de pata en mi último articulo. Jamás de los jamases Pepe Múgica fue Presidente de Paraguay. Si lo fue, y fue un ejemplo mundial, de Uruguay).

 

 

 

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