Barro

Es indudable, a la desolación me remito, que la calma va a ser mucho más dura y trágica que la propia tormenta. El diluvio de las DANA encadenadas, venganza de una naturaleza que reclama para sí el curso natural y orográfico de los ríos durante cientos de miles de años, y que el hombre en su soberbia de rentabilidades quiere domeñar de unos siglos a esta parte con cuatro obras hidráulicas y una maquinaria que resulta irrisoria ante el poder destructivo de una de estas riadas que hacen época. Los agricultores, que lo han perdido todo, mientras los hosteleros y otros bienes y servicios públicos no le van a la zaga, clamaban desesperados sobre un puente o una cuota más alta viendo pasar al Segura colmado de cañizales, toneladas de detritus plásticos, y enseres, incluso vehículos, transmutándose de riachuelo fangoso e hirsuto charco paseante en brutal correntera amazónica que primero arrasaba y después anegaba cuanto se oponía a sus antiguos dominios, mucho antes de que el hombre viniera a ocuparlos por la fuerza y la irracionalidad de creerse el sapiens del universo.

Como siempre los políticos se echarán las culpas apriorísticas antes de pensar en las soluciones consensuadas. Dicen los ecologistas y naturalistas que debemos respetar la naturaleza crecida en los márgenes fluviales; algo que me parece totalmente admirable en las zonas protegidas donde la presencia humana no puede o no debe irrumpir, y, mucho menos edificar. Pero la cosa cambia de estrategia cuando se atraviesan hábitats humanos. ¿Les alojamos a todos aquellos que viven en las riberas? ¿Y dónde los acomodamos? ¿Cómo compaginar esta enorme, aunque muy accidental marisma que pasa del cigarral al diluvio y donde viven 400.000 almas, con las idílicas y utópicas propuestas de los verdes profetas anunciando la inmediatez de un planeta inhabitable?

Desde Alfonso XII a Pedro Sánchez han venido prometiendo la solución final, pero después de un par de chapucillas el río ha vuelto a imponer su ley natural

Quizás haya que replantearse tanta promesa incumplida desde 1879 (riada de Santa Teresa), pasando por la de 1946, 1982, 1987 y tantas otras entremedio que se quedaron en menos notorias, aunque también destruyeran lo suyo. Desde Alfonso XII a Pedro Sánchez han venido prometiendo la solución final, pero después de un par de chapucillas (tente mientras cobro) el río ha vuelto a imponer su ley natural, que nada tiene que ver con el presumido intento de regularizar sus aguas con canales, reguerones, desviación de cursos fluviales, embalses y pantanos contenedores. Y ahora todo se ha ido al carajo una vez más. Un mueble quizás pueda limpiarse y barnizarse; un colchón es inútil; las casas podrán remozarse y pintarse; pero todo aquello relacionado con la electrónica, televisores, electrodomésticos, aparatos informáticos y tantos dispositivos de hardware y software, como por ejemplo automóviles y maquinaria agrícola, son hoy puro desguace. De los campos mejor no hablar pues solo pueden cosechar pudrideros.

Mucho me temo que todo acabe como en la película «Bienvenido Míster Marshall» que otro genial cineasta valenciano, Berlanga, tradujo en una comedia hilarante

Ayer estuve en la Vega Baja. El agua empantanada se fue o, al menos, ya va remitiendo hacia las vetas subterráneas y las desembocaduras marinas. Pero tierra adentro deja el barro amontonándose donde únicamente se pueden sembrar hoy desechos, desgracias y lamentos, empaquetado légamo tras muchos esfuerzos sobrehumanos, inútil lodazal, hasta devolvérselo (en el dolor de lo irrecuperable) a la naturaleza de la que vino. Nuestro President Ximo Puig habla de un plan Marshall. La salvación. Mucho me temo que todo acabe como en la película «Bienvenido Míster Marshall» que otro genial cineasta valenciano, Berlanga, tradujo en una comedia hilarante, cuyo final es que los acaudalados americanos tan esperados porque iban a dar muchísimo dinero para salvar al pueblo, pasan de largo, y todo lo que la gente de Villar del Río había gastado preparando la impresionante recepción y los agasajos folclóricos, tienen que asumirlo de sus pobres bolsillos y escasas pertenencias.

Lo malo es que este remake en vivo y en directo no va de broma. Hay agricultores que ya no quieren volver al bancal. Bares y restaurantes que piensan cerrar definitivamente. Paro exponencial obligado al desaparecer la faena. Infraestructuras que tardan en mucho tiempo y necesitarán mucho presupuesto para reponerse. Podría llenar esta página con obligadas por necesarias reparaciones, pero prefiero pensar en la posibilidad de un auténtico Marshal europeo, como ya ha ayudado con desgracias parejas, y tenía sin ir más lejos.

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