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Enmedio de la tempestad

¿Creen que Sánchez va a dar un paso atrás para que sea otro el candidato a la presidencia, Borrell, por ejemplo? ¿Cuántos gin tonic se han tomado quienes han llegado a creer o proponer eso?

¿Dónde os ha pillado la gota fría? ¿Estáis a resguardo o la andáis pasando como un servidor entre el Mad Pilot, los autobuses de Vectalia, los centros comerciales y el trenet? Así, con el carnet gratis de vejestorio que me ha dado el ayuntamiento, me hago a la idea de que estoy metido en un viaje del Inserso y en lugar de hacer el trayecto Cementerio- Bola de Oro, o La Florida – Juan XXIII, sueño que ando por las rías gallegas o haciendo la ruta del románico en el Pirineo de Huesca. Me caigo del guindo y pongo los pies en la tierra. Almuerzo un bocadillo de chistorra y un quinto de cerveza en lugar de una docena de ostras gallegas con una botella de Albariño. Los sueños, sueños son. Es imposible acomodarlos con la realidad porque el sentido del gusto es muy difícil de engañar.

Mi mujer sigue en Estocolmo o no sé dónde, ya le he perdido la pista. No sé si está siguiendo a Madonna o a Joey Tempest, el líder de Europe, sus grandes iconos musicales. La verdad sea dicha, le alabo el gusto. Ella es una mujer guapa, inteligente, con clase y con personalidad. Si yo fuera ella y estuviese casada con un experto en el vagabundeo, en los cubos de quintos de Estrella Galicia y que duerme –caridad del dueño- en un colchón hinchable en un bar de  24 horas, yo también lo dejaría plantado como una cebolleta y tal día haría un año porque los matrimonios son para mejorar y no para compartir la miseria de las pensiones – antes de Montoro y ahora de Montero- esas que andan en precario sin que los jubilados idiotas – me cuento entre ellos- sean capaces de montar un partido que…¡Ríete tú de la capacidad de influencia de –los partidos en descomposición- Podemos y Ciudadanos juntos!

A mi derecha un “kit” de supervivencia: un cartón de leche, otro de tinto Don Simón, una bolsa de pan tostado y un remo, por si llega hasta aquí la riada, que las gotas frías son muy traidoras

Creo que me he pasado con el párrafo. Intentaré corregir mi ser abuelo prolijo y pelmazo y escribir con brevedad. Esperanzas y jorobas no hay médico que las cure, que ya parezco Juan Carlos de Manuel y sus empalmes. Me instalo en mi colchón hinchable. Háganse una idea: el cubo de quintos – 3 euros- a la izquierda. Llevo un chaleco salvavidas, hurtado sin violencia a un vigilante, de esos morenos playeros y cachas de gimnasio, que se había despistado en el Postiguet. A mi derecha un “kit” de supervivencia: un cartón de leche, otro de tinto Don Simón, una bolsa de pan tostado y un remo, por si llega hasta aquí la riada, que las gotas frías son muy traidoras y ya estuve a punto de perecer en la del 82 yendo a Fontcalent y atravesando antes, a puro huevo, el barranco de las ovejas.

Me olvidaba. Entre mi equipaje – los contenedores son una mina y la fuente principal de mi vestuario- tengo un chaquetón. Lo encontré esta misma mañana,  dejado limpiamente por un alma caritativa que quiere ayudarme a pasar calentito el invierno. A ver si el editor de 12 digital se atreve a poner la foto. Empiezo a trasegar mi cubo de quintos, a ver las noticias en 24 horas y a ponerme de los nervios.

Ya les han metido mano a Esperanza Aguirre y a Cristina Cifuentes relacionándolas con la Púnica. Aquí cada vez que hay elecciones vamos a tener que fijarnos – antes que en las listas que cada uno presenta- en cómo paga los fastos, las fiestas, las banderitas, los globos, los autobuses y los bocadillos, que parece que todos esos jubilados desocupados, especialistas en aplaudir, van gratis y luego pasa lo que pasa con la financiación. Nadie sabe nada. Esos actos los organiza algún ente celestial que no tiene ni idea de dónde saca la pasta. Véase a la señora Ayuso – que tampoco sabe nada de Avalmadrid- y véase a Pedro Sánchez, empeñado en perpetuar la mediocracia, o sea, el gobierno de los mediocres. Los veo desfilar, uno detrás de otro, con sonrisa Profiden, como mirando al mundo por encima del hombro y me entran ganas de salir de Mad Pilot y lanzarme al agua para que la riada me arrastre hasta Tabarca. Me empalma –como a De Manuel y a Nuño- imaginarme en mitad del Mediterráneo, sumergido junto a las praderas de Posidonia y viendo a las bacoretas que disfrutan porque, mientras hay gota fría, los aficionados no salen a pescar.

A Pedro Sánchez creo que le ha dado un aire. ¿Alguien, en pleno uso de sus facultades, piensa que un grupo – con poco nivel, es cierto- que tiene más de cuarenta votos y que es imprescindible para hacerlo presidente, va a votarlo gratis? Necesitan sillones del mismo modo que los necesitan ellos porque hay que colocar a mucha gente. Pongo solo un ejemplo: ¿Dónde estaría el director general de emergencias de la comunidad – es crítica política, entiéndanme- si no estuviera colocado por Chimo Puig?  Si yo tuviera una empresa no lo colocaba ni de coña. Conozco pocos partidos – o ninguno- que no sean agencias de colocación de sus fieles, pegacarteles, adláteres, merodeadores de pasillos, chupalapidas, etc…, que son legión inacabable.

¿Creen que Sánchez va a dar un paso atrás para que sea otro el candidato a la presidencia, Borrell, por ejemplo? ¿Cuántos gin tonic se han tomado quienes han llegado a creer o proponer eso?

¿Cree Sánchez que la derecha –pura y dura como son los tres del trifachito- se va a abstener para hacerlo presidente? ¿Creen –he leído alguna propuesta de socialistas pensantes- que Sánchez va a dar un paso atrás para que sea otro el candidato a la presidencia, Borrell, por ejemplo? ¿Cuántos gin tonic se han tomado quienes han llegado a creer o proponer eso? En medio de la tormenta perfecta, jarreando de cojones, veo que estamos de tristes aniversarios. No es el de mi boda, no, que hasta el álbum de fotos anda por los países bálticos.

Hace dieciocho años –yo era entonces un joven guapo, cachas y triunfante y no un desahuciado como ahora—Mohamed Atta y otros cuantos descerebrados, pensando que Dios les mandaba hacer algo así y esperando un premio extraordinario por ello, estrellaron unos aviones contra edificios emblemáticos de Estados Unidos y causaron miles de víctimas. Mientras esto pasaba, hace dieciocho años, en aquel mismo momento, en la plaza de los Luceros, donde las mascletás, una novia me dejaba tirado para no perder la costumbre: Esto no puede seguir. Tenemos que dejarlo – dijo con tono serio y terminante-. Me voy a tener que cambiar de acera. Ya hablaremos otro día, que hoy con la mitad del cubo de quintos consumido no tengo ganas, del terrorismo y de la guerra asimétrica.

Hace cuarenta y seis años – yo empezaba COU en el instituto de Loja, la patria chica de un golpista de pro, el general Narváez, al que estudiaremos en el taller literario este curso en la Sede de la UA de Canalejas- el General Pinochet asesinó vilmente, traicionando la confianza, lo mismo que hizo Franco con Azaña, al Presidente de Chile Salvador Allende. Bombardeó sin piedad el Palacio de la Moneda e instauró una dictadura sangrienta que duró años y años. Nos cuesta trabajo aprender de la historia. El poder – tomen nota, por ejemplo, de Pepe Múgica, ese presidente paraguayo que se jubiló pobre y sin haber acumulado ni robado un solo dólar- se tiene que ejercer para servir al pueblo y no para acumular prebendas y capitales, puestos y puertas giratorias. Claro que es difícil, como difícil es predicar que se está al servicio de los ciudadanos, que uno está quintándole horas al sueño para hacer mejor la vida de sus congéneres… y cumplirlo.

 

 

 

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